[Cristo] es la imagen del Dios invisible
La verdad de todo esto apareció cuando el Verbo de Dios se hizo hombre, volviéndose semejante al hombre y volviendo al hombre semejante a Él, para que, por la semejanza con el Hijo, el hombre se vuelva precioso a los ojos del Padre. En efecto, en los tiempos anteriores se decía con razón que el hombre había sido hecho a imagen de Dios, pero esto no se manifestaba, pues el Verbo era aún invisible, Él, a cuya imagen ha sido hecho el hombre. Además, este es el motivo por el que la semejanza se perdió fácilmente. Pero cuando el Verbo se hizo carne confirmó una y otra; hizo que reapareciera la imagen en su verdad plena al convertirse Él mismo en aquello que era su imagen, y restableció la semejanza de forma estable al volver al hombre completamente semejante al Padre invisible por medio del Verbo, visible de ahora en adelante
Cristo es para nosotros la imagen sin tacha. Hemos de intentar con todas nuestras fuerzas que nuestra imagen se vuelva semejante a Él
[El hombre ha sido creado] a imagen del Espíritu
en la bienaventurada contemplación de la imagen, la indecible belleza del Arquetipo
Decir que el hombre ha sido hecho a imagen de Dios equivale a afirmar que [Dios] ha hecho que la naturaleza humana participe de todo bien... Por tanto, en nosotros reside toda clase de bien, toda virtud, toda sabiduría y todo lo mejor que se puede pensar
Porque hemos sido llamados a ser hijos de Dios, nos es tan necesario llegar a ser a imagen del Hijo, para adecuarnos a la marca de la filiación
La gracia de Dios, cuando ve que aspiramos con toda nuestra voluntad a la belleza de la semejanza..., entonces, haciendo florecer virtud sobre virtud y elevando la belleza del alma de esplendor en esplendor, le proporciona la marca de la semejanza... Pero la perfección de esta no la conoceremos más que por la iluminación
Dios ha hecho al hombre a su imagen, es decir..., lo ha adornado con toda virtud
Entonces se realiza lo que dijo el profeta David: ‘Dije: Todos vosotros sois dioses, e hijos del Altísimo’ (Sal 81,6). Hijos del Altísimo, es decir, a imagen y semejanza del Altísimo
Desde el principio el hombre, creado a imagen de Dios, fue formado con vistas a Cristo, a fin de que pudiera, en el tiempo terminado, asumir en él al Arquetipo; igualmente el mandamiento fue dado en el Paraíso para esto
Dice el apóstol: ‘Hablamos de sabiduría entre los perfectos’(1 Cor 2, 6). Con el término ‘perfectos’ designa a aquellos que han recibido el Espíritu de Dios... A esos los llama también el Apóstol ‘espirituales’; son espirituales porque participan del Espíritu... Cuando el Espíritu, al mezclarse con el alma, se une a la obra modelada, gracias a esta efusión del Espíritu se realiza el hombre espiritual y perfecto, y este es el que ha sido hecho a imagen y semejanza de Dios.
Si el hombre es creado a imagen del Hijo, lo será también en este caso a imagen de Dios, pues en él brillan las características de toda la Trinidad consustancial, ya que la Divinidad es una por naturaleza en el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo
Cuando, por el contrario, al alma le falta el Espíritu, ese hombre, al permanecer psíquico y carnal, será imperfecto, y poseerá la imagen de Dios en la obra modelada, pero no habrá recibido la semejanza por medio del Espíritu... Pues la carne modelada por sí sola no es el hombre perfecto; no es más que el cuerpo del hombre y, por tanto, una parte del hombre.