Quotes on salud — 119 quotes

On salud

la construcción del cuerpo de Cristo, al término de la cual debemos llegar, todos juntos, a no ser sino uno en la fe y en el conocimiento del Hijo de Dios, y a constituir ese Hombre perfecto, fuerte y maduro, que realiza la plenitud de Cristo. De modo que no seamos niños..., sino que, viviendo según la verdad y en fa caridad, crezcamos en todos los aspectos hacia Aquel que es la cabeza, Cristo

Pablo Apóstol

Sabemos que cuando [Dios] se manifieste, seremos semejantes a Él, porque lo veremos tal cual es

Juan el Evangelista 1 Jn 3, 2

(En el paraíso) el hombre era muy pequeño, pues era niño, y debía desarrollarse para llegar a la edad adulta

Ireneo de Lyon Cf. Ireneo de Lyon. Demostración de la fe apostólica, 12; Contra las herejías, IV 28, 1-2: Teófilo de Antioquia, A Autolycus, 11, 25; Macario de Egipto, Capítulos pa- 50; Máximo el Confesor. Cuestiones a Talasio. prólogo, en PG 90, 257D

Cristo es para nosotros la imagen sin tacha. Hemos de intentar con todas nuestras fuerzas que nuestra imagen se vuelva semejante a Él

Clemente de Alejandría Clemente de Alejandría, El pedagogo, I, II, 4, 2

El alma... cuando vuelve en sí, como al salir de la borrachera, o del sueño, o de una enfermedad, y se halla en su estado normal de salud, nombra a Dios solo con este Nombre, porque es el nombre propio del verdadero Dios

Tertuliano Tertuliano, Apologética, XVII, 5

Buscar a Dios y servirlo sigue siendo para el hombre una búsqueda natural

Antonio el Grande Antonio el Grande, Cartas, V, 4

Al no haber nada que le impidiera (a Adán) conocer lo divino, su pureza le permitía contemplar sin cesar la imagen del Padre, el Verbo de Dios

Atanasio de Alejandría Atanasio de Alejandría, Discurso Contra los paganos, 2

[El hombre ha sido creado] a imagen del Espíritu

Macario de Egipto Macario de Egipto, Homilías, colección III, XXVI, 7, 2; cf. Hornillas, colección II, XLVI, 5-6. Ireneo de Lyon, Contra las herejías, V, 6, 1: Dios «ha depositado en el hombre las exigencias de la virtud, el juicio, la ciencia, la razón, la fe, el amor y todos los demás dones que son imágenes del Espíritu»

Cuando el Hijo inmortal... fue creado hombre, le concedió por fin ser dios él mismo

Gregorio Nacianceno Gregorio Nacianceno, Poemas, I, I, VIII

La caridad torna al alma sana

Ammonas Ammonas, Instrucciones espirituales, IV, 60

El hombre es una criatura que ha recibido el mandato de llegar a ser dios

Basilio de Cesarea Citado por Gregorio Nacianceno, Discursos, XLIII, 48

Decir que el hombre ha sido hecho a imagen de Dios equivale a afirmar que [Dios] ha hecho que la naturaleza humana participe de todo bien... Por tanto, en nosotros reside toda clase de bien, toda virtud, toda sabiduría y todo lo mejor que se puede pensar

Gregorio de Nisa Gregorio de Nisa, La creación del hombre, IV, en PG 44, 136CD; también en PG 44, 184B

Las numerosas virtudes que ponemos en práctica las ejercitamos en conformidad con la naturaleza

Evagrio Póntico Evagrio Póntico, Gran carta a Melania la Anciana, 11

Gracias a la humildad [el alma] se mantiene sana

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Homilías sobre la Epistola a los filipenses, VII, 5

(Adán) no tenía que temer ninguna enfermedad interior: en su carne, una perfecta salud; en su alma, una perfecta serenidad

Agustín de Hipona Agustín de Hipona, La ciudad de Dios, XIV, 26

Porque hemos sido llamados a ser hijos de Dios, nos es tan necesario llegar a ser a imagen del Hijo, para adecuarnos a la marca de la filiación

Cirilo de Alejandría Cirilo de Alejandría, Explicación de los dogmas, 558

La gracia de Dios, cuando ve que aspiramos con toda nuestra voluntad a la belleza de la semejanza..., entonces, haciendo florecer virtud sobre virtud y elevando la belleza del alma de esplendor en esplendor, le proporciona la marca de la semejanza... Pero la perfección de esta no la conoceremos más que por la iluminación

Diádoco de Fótice Diádoco de Fótice, Cien Capítulos gnósticos, 89

[El hombre en el Paraíso] tenía unas facultades sanas y estables, en su estado natural

Isaías de Escete Isaías de Escete, Asceticón, 11,2

(cuando el hombre vuelve su alma por las virtudes) se mantiene en el orden de su naturaleza integral

Juan el Solitario Juan el Solitario, Diálogo sobre el alma y las pasiones de los hombres, ed. de ppiherr, 64

[Cristo] nos ha dado la gran cataplasma que aprieta todos los miembros, que cura toda enfermedad y toda dolencia (cf. Mt 4, 23), a saber, la caridad

Barsanufio de Gaza Barsanufio, Cartas, 61

Dios ha hecho al hombre a su imagen, es decir..., lo ha adornado con toda virtud

Doroteo de Gaza Doroteo de Gaza, Instrucciones espirituales, I, 1

Cuando nuestro pensamiento deja de elevarse a propósito de los bienes naturales, es señal de que comienza a recobrar la salud

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XXV, 22

Las virtudes son inherentes al alma desde la creación

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Disputa con Pirro, en PG 91,309C; también Centurias sobre la caridad, III, 27. Cf., asimismo, Antonio el Grande, Cartas, I, 1

[El conocimiento espiritual es] la salud del alma

Talasio el Libio Talasio, Centurias sobre la caridad, la templanza y la conducta del espíritu, II, 2

El amor libera al alma de las enfermedades

Filemón Abba Filemón, Discurso muy útil sobre el Abba Filemón

La virtud está por naturaleza en el alma

Isaac de Nínive Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 83

Dios ha creado al hombre... adornado con toda virtud y provisto de todo bien

Juan Damasceno Juan Damasceno, Exposición exacta de la fe ortodoxa, II, 12

[Quien avanza en la vía de la unión con Cristo] aumenta cada día su crecimiento espiritual, eliminando toda huella de infantilismo y progresando hacia la perfección acabada del hombre. Por eso, según la medida de su edad (espiritual), ve cambiar las facultades y operaciones de su alma, y gana en madurez y en vigor

Simeón el Nuevo Teólogo Simeón el Nuevo Teólogo, Catequesis, XIV, 111-116. Esta comparación la utiliza también san Barsanufio, Cartas, 457. Clemente de Alejandría escribe a propósito de los filósofos paganos: «Son también bebés, mientras Cristo no los hace mayores», Stromata, I, 53, 2

El alma se inclina por naturaleza hacia los bienes divinos... su propia tendencia se dirige a las cosas inmortales

Nicetas Stéthatos Nicetas Stéthatos, Del alma, 35

Aléjate de [tu enfermedad] usando medicinas eficaces -las medicinas del amor y de la compasión- si te preocupas de cuidar de la salud de tu alma

Elías el Écdico Elías el Écdico, Antología, 32

Desde el principio el hombre, creado a imagen de Dios, fue formado con vistas a Cristo, a fin de que pudiera, en el tiempo terminado, asumir en él al Arquetipo; igualmente el mandamiento fue dado en el Paraíso para esto

Gregorio Palamas Gregorio Palamas, Homilía sobre la Epifanía

Solo el Salvador es el primero que ha realizado el hombre auténtico y perfecto

Nicolás Cabasilas Nicolás Cabasilas, La vida en Cristo, VI, 94

[Cristo] es la imagen del Dios invisible

Pablo Apóstol Col 1, 15

Dios se hace hombre para que el hombre pueda llegar a ser dios

Ireneo de Lyon Ireneo de Lyon, Contra las herejías, V, Prefacio; Atanasio de Alejandría, Sobre la encarnación del Verbo, 54; Gregorio Nacianceno, Poemas dogmáticos, X, 5-9; Gregorio de Nisa, Discurso catequético, 25; 27; Simeón el Nuevo Teólogo, Tratados éticos, V, 56-58; Nicolás Cabasilas, La vida en Cristo, VI, 64

El hombre verdadero que hay en nosotros es el hombre espiritual

Clemente de Alejandría Clemente de Alejandría. Stromata. II. IX. 42. 1

El amor que os tengo me hace suplicar a Dios que os lleve a considerar lo invisible como vuestra herencia. Ciertamente eso no sobrepasa nuestra naturaleza, sino que la corona normalmente

Antonio el Grande Antonio el Grande, Cartas, V, 4

(Adán) al poseer los dones de Dios y el poder propio que le llega del Verbo del Padre... vivía una vida sin preocupación

Atanasio de Alejandría Atanasio de Alejandría, Sobre la encarnación del Verbo, 3; Discurso contra los paganos, 2

el alma poseerá el objeto de su esperanza como precio de su virtud

Gregorio Nacianceno Gregorio Nacianceno, Discursos, II, 17

[Cristo] es la fuente de la santificación

Basilio de Cesarea Basilio de Cesarea, Sobre el Espíritu Santo, IX, 22

Antiguamente, el género humano, tal como puede concebirse, disfrutaba de salud, porque sus elementos, quiero decir los movimientos del alma, estaban equilibrados en nosotros según las leyes de la virtud

Gregorio de Nisa Gregorio de Nisa, Homilías sobra el Padrenuestro, IV, 2

Cuando la naturaleza racional reciba la contemplación que le concierne, toda la potencia del espíritu estará sana también

Evagrio Póntico Evagrio Póntico, Capítulos gnósticos, II, 15; II, 8. '

La justicia será completa cuando sea completa la salud: la salud será completa cuando sea completa la caridad

Agustín de Hipona Agustín de Hipona, Sobre la perfección de la justicia del hombre, III, 8

Si el hombre es creado a imagen del Hijo, lo será también en este caso a imagen de Dios, pues en él brillan las características de toda la Trinidad consustancial, ya que la Divinidad es una por naturaleza en el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo

Cirilo de Alejandría Cirilo de Alejandría, Explicación de los dogmas, 558

Por naturaleza poseemos las virtudes, que nos han sido dadas por Dios. Dios las puso en el hombre al crearlo

Doroteo de Gaza Doroteo de Gaza, Instrucciones espirituales, I, 1

Este es el fin bienaventurado con vistas al cual fue constituido todo. Este el proyecto que Dios concibió antes incluso de la creación de los seres... Con este fin creó Dios las esencias de los seres. De este modo, la recapitulación en Dios de toda criatura resulta ser el término tanto de la acción providente de Dios, como de los seres que se benefician de ella. El Verbo, Dios por esencia, se hizo hombre y se convirtió en el anunciador de esta voluntad divina. Hizo aparecer el fondo más íntimo del amor del Padre e hizo ver en Él el fin para el que todas las criaturas fueron creadas. Además, con vistas a Cristo, o dicho de otra manera, para el misterio crístico el tiempo y lo que éste contiene recibieron, en Cristo, su comienzo y su fin

Máximo el Confesor Máximo el Confesor. Cuestiones a Talasio, 60, en PG 90, 621 AB

de abandonar el bien e ir al mal, separándose de Dios mediante una opción deliberada

Talasio el Libio Talasio, Centurias sobre la caridad, la templanza y la conducta del espíritu, II, 2

Nuestros Padres... para llegar a la perfección y a la semejanza [con Dios], no dejaban de acoger en ellos la vida entera del Señor Jesucristo

Isaac de Nínive Ireneo de Lyon, Contra las herejías, VII Isaac de Nínive. Discursos ascéticos, 81

Las virtudes son connaturales al hombre

Juan Damasceno Juan Damasceno, Exposición exacta de la fe ortodoxa, II, 12

Cuando Él (el Espíritu Santo) viene, expulsa toda enfermedad y toda debilidad de nuestra alma. Por eso se le llama salud, ya que nos concede la salud del alma

Simeón el Nuevo Teólogo Simeón el Nuevo Teólogo, Tratados éticos, VII, 359-351

Quien ha librado a sus miembros de la esclavitud de las pasiones y los ha puesto al servicio de la justicia, ha entrado en la santificación del Espíritu Santo

Nicetas Stéthatos Nicetas Stéthatos, Centurias, III, 75

Sabemos que el cumplimiento de los mandamientos de Dios proporciona conocimiento, y un conocimiento verdadero, pues solo por él adquiere el alma la salud

Gregorio Palamas Gregorio Palamas, Triadas, II, 3, 17

La naturaleza humana ha sido creada desde el origen con vistas al Hombre Nuevo; la inteligencia y el deseo del hombre han sido creados para Cristo: hemos recibido la inteligencia para conocer a Cristo; el deseo, para ser atraídos hacia Él, y la memoria, para llevarlo en nosotros, tanto más cuanto que Él ha servido de modelo para nuestra creación. En efecto, no es el viejo Adán el que ha sido el modelo (jv ieáóec/ua) del nuevo, sino el nuevo del antiguo (cf. Rom 5,1,4). Para nosotros, que lo reconocíamos como nuestro antepasado, el primer Adán pasa por ser el arquetipo de la naturaleza humana; pero para Aquel que tiene ante los ojos todos los seres antes incluso de que existan, el antepasado no es sino la imitación del nuevo Adán. Aquel ha sido creado a imagen y semejanza de este último

Nicolás Cabasilas Nicolás Cabasilas, La vida en Cristo, VI, 91-93 y VI, 97

La verdad de todo esto apareció cuando el Verbo de Dios se hizo hombre, volviéndose semejante al hombre y volviendo al hombre semejante a Él, para que, por la semejanza con el Hijo, el hombre se vuelva precioso a los ojos del Padre. En efecto, en los tiempos anteriores se decía con razón que el hombre había sido hecho a imagen de Dios, pero esto no se manifestaba, pues el Verbo era aún invisible, Él, a cuya imagen ha sido hecho el hombre. Además, este es el motivo por el que la semejanza se perdió fácilmente. Pero cuando el Verbo se hizo carne confirmó una y otra; hizo que reapareciera la imagen en su verdad plena al convertirse Él mismo en aquello que era su imagen, y restableció la semejanza de forma estable al volver al hombre completamente semejante al Padre invisible por medio del Verbo, visible de ahora en adelante

Ireneo de Lyon Ireneo de Lyon, Contra las herejías, V, 16, 2

[El hombre es] auténtica planta celestial

Clemente de Alejandría Clemente de Alejandría, El protréptico, X, 100, 3

El Padre ha creado todo por el Verbo en el Espíritu, pues allí donde está el Verbo, también está el Espíritu, y lo que el Padre produce recibe su existencia por el Verbo en el Espíritu

Atanasio de Alejandría Atanasio de Alejandría, Cartas a Serapión, III, 5

Por medio de Cristo es restaurada la integridad de nuestra naturaleza

Gregorio Nacianceno Cf. Juan Crisóstomo, Homilías sobre I Corintios, IX, 4; Homilía sobre las Calendas, 3

en la bienaventurada contemplación de la imagen, la indecible belleza del Arquetipo

Basilio de Cesarea Ibid, IX, 22. San Basilio dice además: «Nuestro espíritu, iluminado por el Espíritu, fija su mirada en el Hijo, y en Él, como en una imagen, contempla al Padre», Cartas, CCXXVI

La asimilación a Cristo, es decir, la salud y la perfección del alma

Gregorio de Nisa Gregorio Palamas. Triadas II, 1,42

La impasibilidad es la salud del alma

Evagrio Póntico Evagrio Póntico, Tratado práctico, 56 (cf. 55)

Dios nos ha dado las virtudes junto con la naturaleza

Doroteo de Gaza Doroteo de Gaza, Instrucciones espirituales, I, 1

El Hijo restituye la naturaleza a sí misma

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Comentario al Padrenuestro, en PG 90, 877D

La salud del alma es la impasibilidad

Talasio el Libio Talasio, Centurias, II, 2

La virtud es por naturaleza la salud del alma

Isaac de Nínive Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 83

(Adán) moraba en Dios, que moraba en él

Juan Damasceno Juan Damasceno, Exposición exacta de la fe ortodoxa, II, II

[El hombre] ha sido creado para contemplar la naturaleza visible y para ser iniciado en el mundo inteligible

Simeón el Nuevo Teólogo Simeón el Nuevo Teólogo, Capítulos teológicos, gnósticos y prácticos, II, 3

[El cuerpo humano debe ser apto para] las actividades del Espíritu, que se realizan por medio del cuerpo

Gregorio Palamas Gregorio Palamas, Tomo hagiorítico, en PG 150, 1233BD; Triadas, II, 2, 22

El hombre tiende hacia Cristo no solo a causa de la divinidad de nuestro Señor, sino también a causa de esta otra naturaleza [la humana] que Él posee

Nicolás Cabasilas Nicolás Cabasilas, La vida en Cristo, VI, 91-93 y VI, 97

Imitando sus acciones y poniendo en práctica sus palabras estamos en comunión con Él, y de este modo somos creados de nuevo; de Aquel que es perfecto desde antes de la creación recibimos el crecimiento; del único que es bueno y excelente, la semejanza con Él

Ireneo de Lyon Ireneo de Lyon, Contra las herejías, VII Isaac de Nínive. Discursos ascéticos, 81

[El hombre] ha nacido para contemplar el cielo

Clemente de Alejandría Clemente de Alejandría, El protréptico, X, 100, 3

Él (Cristo) es nuestra perfección

Gregorio Nacianceno Gregorio Nacianceno, Discursos, XXXI, 29

[Por Cristo] los que progresan llegan a ser perfectos

Basilio de Cesarea Basilio de Cesarea, Sobre el Espíritu Santo, IX, 22

Igual que el enfermo recupera la salud, así el alma recupera su reposo

Evagrio Póntico Evagrio Póntico, Comentario al salmo 114, 7

[Las virtudes] permiten recobrarse y volver al estado de naturaleza por la práctica de los santos mandamientos de Cristo

Doroteo de Gaza Doroteo de Gaza, Instrucciones espirituales, XI, 122: «El mal es la enfermedad del alma, privada de su salud natural, es decir, de la virtud»

Si la esencia de la virtud en cada hombre es indiscutiblemente nuestro Señor Jesucristo mismo -como está escrito: ‘Ha sido hecho para nosotros sabiduría y justicia, santificación y redención’ (1 Cor 1, 30), y evidentemente estas cosas se dijeron de Él de forma absoluta, por cuanto Él es la Sabiduría, la Justicia y la Santidad mismas-, todo hombre que participa de la virtud según una conducta estable, participa sin duda de Dios, Esencia de las virtudes, por cuanto ha cultivado con voluntad sincera la simiente natural del bien, y ha vuelto el fin idéntico al principio y el comienzo idéntico al fin, o más bien ha mostrado la identidad real tanto del comienzo como del fin, en perfecto acuerdo con Dios. Pues el comienzo y el fin de cualquier cosa es la intención de Dios acerca de ella: es el comienzo porque añade al ser el bien natural, por participación; es el fin porque, según esta participación, por una decisión del libre albedrío, termina el loable camino que conduce a él, camino gracias al cual se convierte en dios al recibir de Dios ser dios, porque al bien natural según la imagen él ha añadido por libre voluntad la semejanza constituida por las virtudes, que opera, según el deseo de la naturaleza, el regreso a su principio y la intimidad con Él

Máximo el Confesor Máximo el Confesor Ámhioun n íustn 7 Pn Pf.QI 108 1 r*-1 08/1 A

La salud del alma es... el conocimiento

Talasio el Libio Talasio, Centurias, II, 2

La paz es la perfecta salud de la conciencia

Isaac de Nínive Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 58

Allí donde permanecemos en la naturaleza. estamos en la virtud

Juan Damasceno Juan Damasceno, Exposición exacta de la fe ortodoxa, II, 30

Entonces se realiza lo que dijo el profeta David: ‘Dije: Todos vosotros sois dioses, e hijos del Altísimo’ (Sal 81,6). Hijos del Altísimo, es decir, a imagen y semejanza del Altísimo

Simeón el Nuevo Teólogo Simeón el Nuevo Teólogo, Catequesis, XV, 78-80

La unión sobrenatural con la luz más que resplandeciente... tiene por efecto establecer y hacer que las potencias interiores del alma y del cuerpo se muevan conforme a la naturaleza

Gregorio Palamas Gregorio Palamas, Triadas, I, 3, 15

Cristo es el único y el primero que ha realizado el hombre genuino y perfecto en cuanto al comportamiento, en cuanto a la vida y en todos los aspectos

Nicolás Cabasilas Nicolás Cabasilas, La vida en Cristo, VI, 94

[El Hijo y el Espíritu son las] Manos del Padre

Ireneo de Lyon Ireneo de Lyon, Contra las herejías, V, 6, 1

[La caridad es uno de los] lazos indisolubles de la salud y de la salvación

Clemente de Alejandría Clemente de Alejandría, Qué rico puede salvarse, 29

Hemos recibido de Dios la tendencia natural a hacer lo que Él manda... Al usar... de modo conveniente estas fuerzas, vivirnos santamente en la virtud... Tal es, por tanto, la definición de la virtud qué Dios exige de nosotros: el uso concienzudo de estas facultades según la orden del Señor

Basilio de Cesarea Basilio de Cesarea, Grandes reglas,2

Cuando la naturaleza racional reciba la contemplación que la concierne, entonces toda la potencia de la inteligencia estará sana también

Evagrio Póntico Evagrio Póntico, Capítulos gnósticos, III, 35; II, 15

El mal es la enfermedad del alma, privada de su salud natural, es decir, de la virtud

Doroteo de Gaza Doroteo de Gaza, Instrucciones espirituales, XI, 122

Lo que la salud es al cuerpo vivo, lo es la virtud con relación al alma

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, IV, 46

La contemplación mística se revela al espíritu después que el alma ha recobrado la salud

Isaac de Nínive Isaac de Nínive, Cartas, 4

Era necesario que el hombre fuera probado primero. Sin ser probado ni tentado, el hombre no es en absoluto digno

Juan Damasceno Juan Damasceno, Exposición exacta de la fe ortodoxa, II, 12

Dice el apóstol: ‘Hablamos de sabiduría entre los perfectos’(1 Cor 2, 6). Con el término ‘perfectos’ designa a aquellos que han recibido el Espíritu de Dios... A esos los llama también el Apóstol ‘espirituales’; son espirituales porque participan del Espíritu... Cuando el Espíritu, al mezclarse con el alma, se une a la obra modelada, gracias a esta efusión del Espíritu se realiza el hombre espiritual y perfecto, y este es el que ha sido hecho a imagen y semejanza de Dios.

Ireneo de Lyon Ireneo de Lyon, Contra las herejías, V, 6, 1

las virtudes tienen mucha más afinidad con el alma que la salud con el cuerpo

Basilio de Cesarea Basilio de Cesarea, Homilías sobre el Hexamerón, IX, 4

¿Quién conoce la eficacia de los mandamientos de Dios y quién comprende las potencias del alma, y cómo aquellos curan a éstas y las conducen a la contemplación verdadera?

Evagrio Póntico Evagrio Póntico, Capítulos gnósticos, II, 9

[La humildad propicia que el hombre] se recupere y regrese a su estado natural

Doroteo de Gaza Doroteo de Gaza, Instrucciones espirituales, I, 10

Lo que la salud [es] al cuerpo vivo... lo es el conocimiento con relación al espíritu

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, IV, 46

El espíritu que ve los misterios ocultos del Espíritu, si ha conservado en él la salud de su naturaleza, contempla perfectamente la gloria de Cristo

Isaac de Nínive Isaac de Nínive, Cartas, 4

Cuando, por el contrario, al alma le falta el Espíritu, ese hombre, al permanecer psíquico y carnal, será imperfecto, y poseerá la imagen de Dios en la obra modelada, pero no habrá recibido la semejanza por medio del Espíritu... Pues la carne modelada por sí sola no es el hombre perfecto; no es más que el cuerpo del hombre y, por tanto, una parte del hombre.

Ireneo de Lyon Ireneo de Lyon, Contra las herejías, V, 6, 1

[La templanza] procura la salud

Basilio de Cesarea Cf. Basilio de Cesarea, Grandes reglas, 18; Calínico, Vida de Hipacio, XXIV, 62; 72; Juan Crisóstomo, Tratado de la virginidad, 71; Gregorio de Nisa, Homilías sobre el Cantar de los cantares, XII

El conocimiento cura al espíritu (νούς)

Evagrio Póntico Evagrio Póntico, Capítulos gnósticos, III, 35; II, 15

[Cuando alcanza la impasibilidad,] el alma toma conciencia de su buena salud

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, I, 89

El conocimiento nace de la salud del alma

Isaac de Nínive Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 38

Son perfectos quienes poseen el Espíritu de Dios que permanece siempre con ellos y, al mismo tiempo, se mantienen irreprochables en lo referente a sus almas y a sus cuerpos, es decir, conservan la fe en Dios y observan la justicia para con el prójimo

Ireneo de Lyon Ireneo de Lyon, Contra las herejías, V, 6, 1

Por su misma naturaleza un alma sana experimenta tal sentimiento [el amor a Dios]

Basilio de Cesarea Basilio de Cesarea, Pequeñas reglas, 212

Cuando la naturaleza racional reciba la contemplación que la concierne, entonces toda la potencia del espíritu estará sana también

Evagrio Póntico Evagrio Póntico, Capítulos gnósticos, III, 35; II, 15

[El conocimiento cura al hombre de] esta enfermedad que es la ignorancia de la causa de los seres

Máximo el Confesor Cf. Máximo el Confesor, Cuestiones a Talasio, 32, en PG 90, 372BC

La salud del alma es una fuerza que proviene de una larga paciencia

Isaac de Nínive Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 38

Tres cosas constituyen al hombre perfecto: la carne, el alma y el Espíritu

Ireneo de Lyon Ireneo de Lyon, Contra las herejías, V, 6, 1

[La caridad constituye para el hombre] una regla de salud

Basilio de Cesarea Basilio de Cesarea, Pequeñas reglas, 172

Del hecho de que seamos capaces de recibir algo, no se sigue de ninguna manera que tengamos la potencia de ello (δύναµις)

Evagrio Póntico Evagrio Póntico, Cartas, 43, ed. Frankenberg, 595

Lo que la salud y la enfermedad son al cuerpo vivo..., el conocimiento y la ignorancia lo son al espíritu

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, IV, 46

El espíritu posee en él la potencia natural de tender hacia la contemplación divina

Isaac de Nínive Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 84

Los que temen a Dios, los que creen en el advenimiento de su Hijo y, por la fe, permiten que more en su corazón el Espíritu de Dios, ésos serán llamados con justicia hombres ‘puros’, ‘espirituales’ y ‘que viven para Dios’, porque poseen el Espíritu del Padre, que purifica al hombre y lo eleva a la vida de Dios

Ireneo de Lyon Ireneo de Lyon, Contra las herejías, V, 6, 1

Igual que el poder de ver se halla en el ojo sano, así también la energía del Espíritu se encuentra en el alma purificada

Basilio de Cesarea Basilio de Cesarea, Sobre el Espíritu Santo, XXVI, 61

ni el espíritu humano ni el espíritu angélico son capaces por su naturaleza de llegar a la contemplación de la Divinidad

Evagrio Póntico Evagrio Póntico, Cartas, 43, ed. Frankenberg, 595

La naturaleza humana posee por esencia las facultades de investigación y de búsqueda de las cosas divinas; el Creador le ha dotado de ellas en el momento de su paso a la vida. En cuanto a la revelación de las cosas divinas, la realiza por gracia el poder del Espíritu Santísimo, cuando viene a habitar en nosotros. Pero al principio, por el pecado, el Maligno dejó clavadas estas facultades a la naturaleza de las cosas visibles. De este modo, no había ni un solo hombre para escuchar y buscar a Dios, pues todo lo que participaba de la naturaleza mantenía encerrado el poder de su inteligencia y de su razón en la manifestación de las cosas sensibles, y no poseía ninguna noción de las cosas superiores a los sentidos. Con todo motivo, por tanto, la gracia del Espíritu Santísimo, en aquellos que no se habían sometido deliberadamente al error en su vida interior, restableció el poder que había sido amarrado a las cosas materiales, tras haberlo desatado de ellas. Dotados de esta facultad en su estado original de pureza, estos hombres primero rezaron y buscaron descubrir y conocer con ayuda de la gracia. En consecuencia, pudieron buscar y conocer más profundamente, por la gracia misma del Espíritu

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Cuestiones a Talasio, 59, en PG 90, 604B

[La contemplación de la Divinidad] no se da con la naturaleza, sino por la gracia

Isaac de Nínive Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 84

Sin el Espíritu de Dios la carne está muerta y es incapaz de heredar el Reino de Dios... Pero allí donde está el Espíritu del Padre, está el hombre vivo; la carne, poseída en herencia por el Espíritu, olvida lo que ella es, para adquirir la cualidad del Espíritu y llegar a ser conforme al Verbo de Dios

Ireneo de Lyon Ireneo de Lyon. Contra las herejías, V, 6, 1; V, 8, 2; V, 9, 1; V, 9, 2; V, 9, 3

La luz del sol atrae al ojo sano. Así también el conocimiento de Dios atrae de modo natural hacia él, por la caridad, al espíritu purificado

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, I, 32

Antes de la Encarnación de Cristo no había ni esta contemplación del espíritu ni esta visión

Isaac de Nínive Isaac el Sirio, Cartas, 84; 4

El espíritu es perfecto cuando... posee en la super-ignorancia el super- conocimiento del super-incognoscible

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, III, 99 (cf. I, 33)

La verdadera contemplación de la Santa Trinidad se le da, pues, al corazón por la revelación de Cristo. Él es quien lo ha enseñado y mostrado a los hombres, primero cuando ha renovado en su propia hipóstasis la naturaleza humana, luego cuando nos ha trazado en Él mismo un camino para que, por medio de sus mandamientos vivificadores, podamos llegar a la verdad

Isaac de Nínive Isaac el Sirio, Cartas, 84; 4