Quotes on memoria — 53 quotes

On memoria

Para no ser negligentes, nos conviene meditar estas palabras del apóstol: ‘Muero cada día’ (1 Cor 15, 31). En efecto, si vivimos como si tuviéramos que morir cada día, no pecaríamos. Lo que hay que entender por esto es que cada día, al despertarnos, pensemos que no subsistiremos hasta la tarde y, asimismo, cuando estemos a punto de acostarnos, pensemos que no nos despertaremos

Antonio el Grande Vida de Antonio, 19

Desde la caída y la expulsión del paraíso terrenal, el hombre está encadenado por una doble serie de ataduras. Unas proceden de la vida misma, de los asuntos que comportan, del amor a las cosas visibles. En su interior, el alma está envuelta, embaucada, encarcelada por los espíritus maléficos que la mantienen en las tinieblas

Macario de Egipto Macario de Egipto, Homilías, colección II, XXI, 2

Debemos acordarnos de Dios más a menudo de lo que respiramos, y podríamos decir que no debemos hacer otra cosa

Gregorio Nacianceno Gregorio Nacianceno, Discursos, XXVII, 4

Eso de alojar a Dios: tener a Dios, mediante el recuerdo, instalado dentro de nosotros mismos. De esta manera, cuando las preocupaciones terrenas no interrumpen la continuidad de este recuerdo, nos convertimos en el templo de Dios

Basilio de Cesarea Basilio de Cesarea, Cartas, II, 4

La oración hace que la inteligencia ejerza la actividad que le es propia

Evagrio Póntico Evagrio Póntico, Tratado de la oración, 83-84

Si no perdemos de vista nuestros pecados, los bienes externos no podrán nunca hinchar nuestras almas. Las riquezas, el poder, el rango supremo, las dignidades y los honores no tendrán ninguna influencia sobre nosotros

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Homilías sobre la Epístola a los hebreos, IX, 5; Juan Climaco, Escala, XXI, 42 (cf. 41)

Los Ancianos decían: Las potencias de Satán, que preceden a todos los pecados, son triples: el olvido, la negligencia y el deseo. En efecto, cada vez que llega el olvido, engendra la negligencia; y de la negligencia procede el deseo; y el deseo hace caer al hombre

Padres del desierto Apotegmas, N 273

[En el recuerdo de Dios el hombre] fija su atención en un único objetivo hacia el que hace converger activamente todos los pensamientos que surgen... en su espíritu

Juan Casiano Juan Casiano, Conferencias, XXIV, 6

Este debe ser el punto de partida de una conducta provechosa según Dios: debes repasar siempre en tu memoria y conservar en una meditación incesante el recuerdo de la bondad de Dios, que ha trazado el curso de tu vida según su designio, orientando sus favores a la salud de tu alma. No permitas que tu memoria se oscurezca por el vicio, que es fuente de indiferencia, ni pierdas el recuerdo de la multitud y la importancia de sus gracias y pases como consecuencia el resto del tiempo sin provecho, en la ingratitud. Pues este recuerdo incesante estimula el corazón a la manera de un aguijón, lo empuja en todo tiempo a la confesión, a la humildad, a la acción de gracias con un alma destrozada, a un gran celo por el bien, para ofrecer a cambio un modo de vida, unas costumbres provechosas y todas las virtudes según Dios

Marcos el Monje Marcos el Monje, A Nicolás

[El espíritu] exige de nosotros una obra que satisfaga su necesidad de actividad

Diádoco de Fótice Diádoco de Fótice, Cien Capítulos gnósticos, 59; 61

La compunción viene al hombre por el recuerdo continuo

Barsanufio de Gaza Barsanufio, Cartas, 428 (cf. 242). Cf. Juan Crisóstomo, Tratado de la compunción, II, 4

[En el Paraíso Adán] vivía en oración

Doroteo de Gaza Doroteo de Gaza, Instrucciones espirituales, I, 1. Cf. Juan Damasceno, Exposición exacta de la fe ortodoxa, II, 11

Que ese tirano sea encadenado por el recuerdo de nuestros pecados

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XIII, 15-16 (cf. XXVII, 84)

Conserva ante tus ojos los favores recibidos desde tu nacimiento hasta ahora, sean corporales o espirituales, medita sobre ellos y repásalos, como está escrito: ‘No olvides ninguno de sus beneficios’ (Sal 102, 2), para que ellos te lleven a amar a Dios pronta y fácilmente... a fin de que, de manera espontánea, al recordar estos beneficios y aún más bajo un impulso venido de arriba, tu corazón quede herido de amor y de deseo

Máximo el Confesor Cf. Macario de Egipto, Discursos, colección 1, XXXII, 3; Isaac de Nínive, ascéticos, 85; Diádoco de Fótice, Cien capítulos gnósticos, 32; Gregorio Papi*: Triadas. II, 2, 19; Simeón el Nuevo Teólogo, Capítulos teológicos, gnósticos y firn, 1, 93

Hay tres vías por las que recibes los pensamientos apasionados: los sentidos, la memoria y la constitución del cuerpo. Los más nefastos son los que proceden de la memoria

Talasio el Libio Talasio, Centurias, 1,46

Quien no somete a Dios su propia voluntad, se somete a su adversario

Isaac de Nínive Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 42

Del olvido caemos en la negligencia; y de la negligencia, en... los deseos fuera de lugar

Hesiquio de Batos Hesiquio de Batos, Capítulos sobre la vigilancia, 32

El recuerdo... de Jesús... disipa de forma natural todos los sortilegios de los pensamientos, las reflexiones, los razonamientos, las imaginaciones, las formas tenebrosas, en una palabra, todo aquello mediante lo que el malhechor se prepara para luchar contra las almas y se enfrenta a ellas... Si lo invocamos, Jesús consume todo fácilmente

Filoteo el Sinaíta Filoteo el Sinaíta, Cuarenta capítulos népticos, 22

El principio y la causa de los pensamientos es, como secuencia de la transgresión, el estallido de la memoria simple y homogénea. Al dejar de ser simple y homogénea y hacerse compuesta, pierde el recuerdo de Dios y corrompe sus potencias

Gregorio el Sinaíta Gregorio el Sinaíta, Capítulos, 60

Hemos recibido la memoria para llevar a Cristo en nosotros

Nicolás Cabasilas Nicolás Cabasilas, La vida en Cristo, VI, 91

[El recuerdo de Dios] hace que lo reflejen en el espíritu purificado los rayos divinos

Calixto e Ignacio Xanthopoulos Calixto II, Capítulos sobre la oración, 3

El cristiano tiene que acordarse siempre de Dios

Macario de Egipto Macario de Egipto, Homilías, colección II, XLIII, 3

[Podemos] permanecer adheridos al recuerdo [de Dios] como los niños al de sus madres

Basilio de Cesarea Basilio de Cesarea, Grandes reglas, 2. La misma imagen es usada también por Juan Clímaco, Escala, XXX, 12

La oración es la actividad que conviene a la inteligencia, es decir, el empleo mejor y más adecuado de ésta

Evagrio Póntico Evagrio Póntico, Tratado de la oración, 83-84

Persistamos en el recuerdo de nuestros pecados y tendremos un gran duelo en nuestro corazón

Padres del desierto Apotegmas, Bu II, 175

[Aquel que] no deja caer en el olvido tales favores... se orienta hacia toda la buena ascesis de la virtud y hacia todas las obras justas con un ardor siempre mantenido y siempre dispuesto a ejecutar la voluntad de Dios

Marcos el Monje Marcos el Monje, A Nicolás

[La oración continua es para el espíritu] la única ocupación que responde plenamente a su objetivo

Diádoco de Fótice Diádoco de Fótice, Cien Capítulos gnósticos, 59; 61

Por memoria de las faltas entiendo no que recordemos cada una en particular, por miedo a que el adversario intervenga y nos aprese de nuevo, sino que nos acordemos solo de que estamos endeudados de pecados

Barsanufio de Gaza Barsanufio, Cartas, 428 (cf. 242)

Cuando nuestros aduladores... comienzan a alabarnos, traigamos brevemente a nuestra memoria la multitud de nuestros pecados, y nos reconoceremos indignos de lo que se dice o se hace en nuestro honor

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XXI, 42 (cf. 41)

[Cuando la memoria está ocupada por entero por el recuerdo de Dios,] el corazón permanece puro

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la teología y la economía, II, 82. Cf. Simeón el Nuevo Teólogo, Capítulos teológicos, gnósticos y prácticos, III, 32

La unión espiritual es la memoria en estado puro

Isaac de Nínive Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 33; cf. 1

[El recuerdo de Dios] hace nacer en el alma una indecible felicidad

Calixto e Ignacio Xanthopoulos Calixto II, Capítulos sobre la oración, 3

El espíritu que rechaza el recuerdo de Dios sucumbe a la ira o a la concupiscencia

Macario de Egipto Macario de Egipto, Homilías, colección II, LIV, 10

Si tenemos recuerdos apasionados de una cosa, es que antes hemos recibido los objetos con pasión; e inversamente, de todos los objetos que recibimos con pasión, tendremos también recuerdos apasionados

Evagrio Póntico Evagrio Póntico, Tratado práctico, 34

[Si el hombre] se acuerda de sus pecados, Dios lo ayuda en todo y él no padece de acedia

Padres del desierto Apotegmas, PA 32, 7c

La Escritura dice: ‘El infierno y la perdición son patentes para el Señor’ (Prov 15, 11). Habla de la ignorancia del corazón y del olvido. La ignorancia es el infierno, y el olvido la perdición

Marcos el Monje Marcos el Monje, La ley espiritual, 61-62

[Los santos que] se aproximan a la perfección, tienen continuamente en el corazón el recuerdo del Señor Jesús

Diádoco de Fótice Diádoco de Fótice, Cien capítulos gnósticos, 88

Tres vías dan acceso en el espíritu a los pensamientos apasionados: la sensación, la complexión física y la memoria... La memoria, cuando renace el recuerdo de los objetos que nos apasionan, lo cual inspira igualmente al espíritu pensamientos apasionados

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, II, 74

[La oración] halla en él [el recuerdo de Dios] la materia sobre la que se le ha concedido basarse

Isaac de Nínive Marcos el Monje, A Nicolás, 6

[Que] el hombre pida constantemente al Señor engendrarlo [el amor] en su corazón, haciéndole crecer y progresar cada día por la gracia en el continuo e incesante recuerdo de Dios

Macario de Egipto Cf. Macario de Egipto, Homilías, colección II, LVI, 3

Nuestro muy santo y experimentado maestro solía decirnos: ‘El monje tiene que estar siempre preparado, como si fuera a morir al día siguiente... En efecto -decía él-, esto suprime los pensamientos de la acedia y vuelve al monje más celoso’

Evagrio Póntico

Le preguntaron a un anciano ‘¿Por qué no te desanimas nunca?’. Y él contestó: ‘Porque cada día cuento con que voy a morir’

Padres del desierto Apotegmas, XXI, 7

Son tres gigantes extranjeros, poderosos y fuertes que tú tienes que considerar; sobre ellos se apoya toda la fuerza de nuestro temible enemigo espiritual... Aquellos que consideramos como los poderosos gigantes del Mal son la ignorancia, madre de todos los males; el olvido, su hermano, su socio y su auxiliar; y la negligencia, que teje en el alma un vestido y un velo tenebrosos de nubes negras. Esta última consolida y fortalece a las otras dos, les proporciona consistencia introduciendo el mal de modo endémico y arraigándolo en el alma especialmente despreocupada. El resto de las pasiones crece y se fortifica gracias a la negligencia, el olvido y la ignorancia. Ellas se apoyan mutuamente y no pueden mantenerse las unas sin las otras. El poder de las fuerzas enemigas se manifiesta en ellas, así como el vigor de los príncipes del mal; por medio de ellas todo el ejército de los espíritus malvados se insinúa, se consolida y puede realizar sus designios

Marcos el Monje Marcos el Monje, A Nicolás, 12. Cf. 13

La primera Eva nos enseña que la vista, el gusto y los demás sentidos, cuando los usamos sobrepasando la medida, disipan la memoria del corazón. En efecto, mientras no miró con placer el árbol de la prohibición, ella se acordaba concienzudamente del precepto divino. Por eso seguía todavía como cobijada bajo las alas del divino amor... Pero cuando empezó a contemplar la madera con delectación, a tocarla con un deseo ardiente y después probó su fruto con un intenso placer..., entregó todo su deseo al gozo del presente, mezclando a Adán con su propio pecado por la dulce apariencia del fruto. Desde entonces, el espíritu humano ya no puede acordarse de Dios y de sus mandamientos más que con esfuerzo

Diádoco de Fótice Diádoco de Fótice, Cien capítulos gnósticos, 56

[En su memoria el hombre] es arrebatado por encima de la naturaleza

Isaac de Nínive Cf. Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 33; 65

A aquel cuya inteligencia está vuelta siempre hacia Dios, cuya parte irascible está llena del recuerdo de Dios y cuya parte desiderativa está por entero dirigida hacia Él, le resulta completamente natural no temer a quienes merodean alrededor de nuestro cuerpo, a saber, los enemigos rebeldes

Evagrio Póntico Evagrio Póntico, Capítulos gnósticos, IV, 73

Un anciano decía: ‘Estés dormido o despierto, hagas lo que hagas, si Dios está ante tus ojos, el enemigo no puede asustarte. Si tu pensamiento permanece en Dios, la fuerza de Dios permanece también en ti’

Padres del desierto Apotegmas, N 377

Todos los que olvidan a Dios se vuelven voluptuosos

Marcos el Monje Marcos el Monje, De quienes piensan que están justificados por sus obras, 122

A partir del momento en que una mala inclinación lo ha puesto en un estado de doble ciencia, nuestro espíritu no puede por menos, aunque no quiera, que tener al mismo tiempo pensamientos buenos y malos... En efecto, a medida que se apresura a concebir el bien, recuerda inmediatamente el mal, ya que, a consecuencia de la desobediencia de Adán, el recuerdo del hombre se encuentra escindido en un doble pensamiento

Diádoco de Fótice Diádoco de Fótice, Cien Capítulos gnósticos, 88

[El hombre espiritual] se olvida de sí mismo. Olvida su naturaleza. Ya no se acuerda en absoluto de este siglo. Y no deja de meditar y de concebir todo lo que revela la grandeza de Dios

Isaac de Nínive Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 85; 73

[El hombre espiritual tiene una] memoria ligada al género de vida que lleva...; no piensa en las cosas de este mundo, no se acuerda de ellas

Isaac de Nínive Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 85; 73

Desde el momento en que la memoria de Dios se aposenta en el alma, borra cualquier otro recuerdo

Isaac de Nínive Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 85; 73

Lo que le pasa al pez cuando sale del agua, le pasa al espíritu cuando sale del recuerdo de Dios y se dispersa en el recuerdo del mundo

Isaac de Nínive Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 43