Desde la caída y la expulsión del paraíso terrenal, el hombre está encadenado por una doble serie de ataduras. Unas proceden de la vida misma, de los asuntos que comportan, del amor a las cosas visibles. En su interior, el alma está envuelta, embaucada, encarcelada por los espíritus maléficos que la mantienen en las tinieblas
Debemos acordarnos de Dios más a menudo de lo que respiramos, y podríamos decir que no debemos hacer otra cosa
Eso de alojar a Dios: tener a Dios, mediante el recuerdo, instalado dentro de nosotros mismos. De esta manera, cuando las preocupaciones terrenas no interrumpen la continuidad de este recuerdo, nos convertimos en el templo de Dios
La oración hace que la inteligencia ejerza la actividad que le es propia
Los Ancianos decían: Las potencias de Satán, que preceden a todos los pecados, son triples: el olvido, la negligencia y el deseo. En efecto, cada vez que llega el olvido, engendra la negligencia; y de la negligencia procede el deseo; y el deseo hace caer al hombre
[En el recuerdo de Dios el hombre] fija su atención en un único objetivo hacia el que hace converger activamente todos los pensamientos que surgen... en su espíritu
Este debe ser el punto de partida de una conducta provechosa según Dios: debes repasar siempre en tu memoria y conservar en una meditación incesante el recuerdo de la bondad de Dios, que ha trazado el curso de tu vida según su designio, orientando sus favores a la salud de tu alma. No permitas que tu memoria se oscurezca por el vicio, que es fuente de indiferencia, ni pierdas el recuerdo de la multitud y la importancia de sus gracias y pases como consecuencia el resto del tiempo sin provecho, en la ingratitud. Pues este recuerdo incesante estimula el corazón a la manera de un aguijón, lo empuja en todo tiempo a la confesión, a la humildad, a la acción de gracias con un alma destrozada, a un gran celo por el bien, para ofrecer a cambio un modo de vida, unas costumbres provechosas y todas las virtudes según Dios
[El espíritu] exige de nosotros una obra que satisfaga su necesidad de actividad
[En el Paraíso Adán] vivía en oración
Conserva ante tus ojos los favores recibidos desde tu nacimiento hasta ahora, sean corporales o espirituales, medita sobre ellos y repásalos, como está escrito: ‘No olvides ninguno de sus beneficios’ (Sal 102, 2), para que ellos te lleven a amar a Dios pronta y fácilmente... a fin de que, de manera espontánea, al recordar estos beneficios y aún más bajo un impulso venido de arriba, tu corazón quede herido de amor y de deseo
Hay tres vías por las que recibes los pensamientos apasionados: los sentidos, la memoria y la constitución del cuerpo. Los más nefastos son los que proceden de la memoria
Quien no somete a Dios su propia voluntad, se somete a su adversario
Del olvido caemos en la negligencia; y de la negligencia, en... los deseos fuera de lugar
El principio y la causa de los pensamientos es, como secuencia de la transgresión, el estallido de la memoria simple y homogénea. Al dejar de ser simple y homogénea y hacerse compuesta, pierde el recuerdo de Dios y corrompe sus potencias
Hemos recibido la memoria para llevar a Cristo en nosotros
[El recuerdo de Dios] hace que lo reflejen en el espíritu purificado los rayos divinos
El cristiano tiene que acordarse siempre de Dios
La oración es la actividad que conviene a la inteligencia, es decir, el empleo mejor y más adecuado de ésta
[Aquel que] no deja caer en el olvido tales favores... se orienta hacia toda la buena ascesis de la virtud y hacia todas las obras justas con un ardor siempre mantenido y siempre dispuesto a ejecutar la voluntad de Dios
[La oración continua es para el espíritu] la única ocupación que responde plenamente a su objetivo
[Cuando la memoria está ocupada por entero por el recuerdo de Dios,] el corazón permanece puro
La unión espiritual es la memoria en estado puro
[El recuerdo de Dios] hace nacer en el alma una indecible felicidad
El espíritu que rechaza el recuerdo de Dios sucumbe a la ira o a la concupiscencia
Si tenemos recuerdos apasionados de una cosa, es que antes hemos recibido los objetos con pasión; e inversamente, de todos los objetos que recibimos con pasión, tendremos también recuerdos apasionados
La Escritura dice: ‘El infierno y la perdición son patentes para el Señor’ (Prov 15, 11). Habla de la ignorancia del corazón y del olvido. La ignorancia es el infierno, y el olvido la perdición
[Los santos que] se aproximan a la perfección, tienen continuamente en el corazón el recuerdo del Señor Jesús
Tres vías dan acceso en el espíritu a los pensamientos apasionados: la sensación, la complexión física y la memoria... La memoria, cuando renace el recuerdo de los objetos que nos apasionan, lo cual inspira igualmente al espíritu pensamientos apasionados
[La oración] halla en él [el recuerdo de Dios] la materia sobre la que se le ha concedido basarse
Son tres gigantes extranjeros, poderosos y fuertes que tú tienes que considerar; sobre ellos se apoya toda la fuerza de nuestro temible enemigo espiritual... Aquellos que consideramos como los poderosos gigantes del Mal son la ignorancia, madre de todos los males; el olvido, su hermano, su socio y su auxiliar; y la negligencia, que teje en el alma un vestido y un velo tenebrosos de nubes negras. Esta última consolida y fortalece a las otras dos, les proporciona consistencia introduciendo el mal de modo endémico y arraigándolo en el alma especialmente despreocupada. El resto de las pasiones crece y se fortifica gracias a la negligencia, el olvido y la ignorancia. Ellas se apoyan mutuamente y no pueden mantenerse las unas sin las otras. El poder de las fuerzas enemigas se manifiesta en ellas, así como el vigor de los príncipes del mal; por medio de ellas todo el ejército de los espíritus malvados se insinúa, se consolida y puede realizar sus designios
La primera Eva nos enseña que la vista, el gusto y los demás sentidos, cuando los usamos sobrepasando la medida, disipan la memoria del corazón. En efecto, mientras no miró con placer el árbol de la prohibición, ella se acordaba concienzudamente del precepto divino. Por eso seguía todavía como cobijada bajo las alas del divino amor... Pero cuando empezó a contemplar la madera con delectación, a tocarla con un deseo ardiente y después probó su fruto con un intenso placer..., entregó todo su deseo al gozo del presente, mezclando a Adán con su propio pecado por la dulce apariencia del fruto. Desde entonces, el espíritu humano ya no puede acordarse de Dios y de sus mandamientos más que con esfuerzo
[En su memoria el hombre] es arrebatado por encima de la naturaleza
Todos los que olvidan a Dios se vuelven voluptuosos
A partir del momento en que una mala inclinación lo ha puesto en un estado de doble ciencia, nuestro espíritu no puede por menos, aunque no quiera, que tener al mismo tiempo pensamientos buenos y malos... En efecto, a medida que se apresura a concebir el bien, recuerda inmediatamente el mal, ya que, a consecuencia de la desobediencia de Adán, el recuerdo del hombre se encuentra escindido en un doble pensamiento
[El hombre espiritual] se olvida de sí mismo. Olvida su naturaleza. Ya no se acuerda en absoluto de este siglo. Y no deja de meditar y de concebir todo lo que revela la grandeza de Dios
[El hombre espiritual tiene una] memoria ligada al género de vida que lleva...; no piensa en las cosas de este mundo, no se acuerda de ellas
Desde el momento en que la memoria de Dios se aposenta en el alma, borra cualquier otro recuerdo
Lo que le pasa al pez cuando sale del agua, le pasa al espíritu cuando sale del recuerdo de Dios y se dispersa en el recuerdo del mundo