Quotes on penitencia — 14 quotes

On penitencia

Todo lo puedo en Aquel que me fortalece: Cristo

Pablo Apóstol Flp 4, 13

El sacerdote del Señor debe emplear remedios curativos. Es un mal médico el que trata con suavidad los abscesos tumefactos y deja que el veneno se extienda a las partes internas del cuerpo. Hay que abrir y sajar la herida y, tras extirpar las partes gangrenadas, se debe emplear una cura enérgica. Y también aunque el enfermo proteste, grite y se lamente porque no puede soportar el dolor; después, cuando sienta que está sano, dará las gracias al médico

Cipriano de Cartago Cipriano de Cartago, De los que han caído, 14

Entrad en la Iglesia y haced penitencia; allí reside el médico que cura, y no el juez que condena; allí no se exige el castigo del pecado, sino que se otorga la remisión

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Tratado de la penitencia, III, 4

[Tenemos que rechazar toda tristeza,] excepto la que suscita una penitencia saludable, la búsqueda de la perfección o el deseo de los bienes futuros

Juan Casiano Juan Casiano, Conferencias, V, 12

A veces lo que para uno es remedio, para otro es veneno; y a veces lo que se administra a una misma persona le sirve de remedio si se le da en el momento oportuno, pero a destiempo se vuelve veneno

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XXVI, 20-21; XV, 57

[El conocimiento espiritual,] por la penitencia lo recibimos como una gracia

Isaac de Nínive Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 18

[Hay que] encontrar un hombre espiritual experimentado, capaz de curarnos, para confesarnos con él

Anastasio el Sinaíta Anastasio el Sinaíta, en PG 89, 372

El fruto y la tarea propias de la penitencia son lo que expulsa la ignorancia y procura al mismo tiempo el conocimiento. Por conocimiento entiendo en primer lugar el de nosotros mismos y de lo que nos concierne, después el de lo que nos sobrepasa y de los misterios divinos, que son invisibles e incognoscibles para aquellos que no han hecho penitencia

Simeón el Nuevo Teólogo Simeón el Nuevo Teólogo, Tratados teológicos, I, 304-308. Cf. también: Himnos, XV, 257-261; Capítulos teológicos, gnósticos y prácticos, III, 22; Tratados teológicos, I, 250s; 271s; Tratados éticos, IX, 462

La limosna hace que el remedio de la penitencia produzca su pleno y entero efecto. Los remedios que los médicos mandan se componen a menudo de ciertas plantas, entre las cuales hay una más saludable que las otras. Lo mismo ocurre con el remedio de la penitencia. De los ingredientes que la componen, se encuentra una planta más eficaz que todas las demás y que lo es todo. Esta planta se llama limosna

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Homilías sobre la Epístola a los hebreos, IX, 4. Cf. Homilías sobre la penitencia, VII, 6

[La] tristeza que ‘provoca una penitencia que lleva a la salvación’ (2 Cor 7, 10), es obediente, afable, humilde, mansa, llena de dulzura y de paciencia, porque proviene del amor de Dios. Por desear la perfección, se extiende sin cansarse a todos los dolores del cuerpo y a la contrición del espíritu; alegre en cierta manera, y fortalecida por su progreso, conserva siempre su amabilidad y su grandeza de alma, y posee todos los frutos del Espíritu Santo que enumera el apóstol san Pablo: caridad, alegría, paz, longanimidad, bondad, benignidad, fe, mansedumbre, continencia (Gal 5, 22-23)

Juan Casiano Juan Casiano, Instituciones cenobíticas, IX, 11

Vi a un médico torpe que, humillando a un enfermo profundamente abatido, no logró sino sumirle en la desesperación. Y vi cómo un hábil médico operaba un corazón orgulloso con el escalpelo de la humillación y lo vaciaba así de toda infección

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XXVI, 20-21; XV, 57

[Es necesario tener en cuenta] las particularidades individuales, bien de la voluntad de quien comete el pecado, bien del lugar donde lo comete, o de los progresos espirituales de quien lo comete, y otras muchas circunstancias

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XXVI, 20-21; XV, 57

La aflicción es un sufrimiento que se ha vuelto como natural para un alma penitente, que añade cada día dolor tras dolor, como una mujer con dolores de parto

Juan Clímaco Juan Casiano, Instituciones cenobíticas, XII, 67

[La penitencia, la compunción y la humildad,] esta santa cuerda de tres hebras... se reduce a una sola entidad que tiene un mismo poder y una misma actuación, adquiere caracteres y cualidades propios, y en la que lo que designamos como señal de uno de sus elementos resulta ser también la marca de los otros

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XXV, 3; 6 (cf. 7)