Trato con dureza mi cuerpo y lo tengo dominado
Se debe cuidar el cuerpo no porque sea el cuerpo, sino a fin de tener una ayuda para la filosofía, bien para estar en condiciones de leer a los filósofos, bien para poder concentrar en la oración el espíritu que languidece en el cuerpo, o bien, en general, para hacer cualquier cosa que afecte a la filosofía
[El objetivo supremo de la ascesis] no es proponerse agobiar al cuerpo, sino facilitar las funciones del alma
No hemos aprendido a matar nuestro cuerpo, sino a matar nuestras pasiones
La gastrimargía y la lujuria... necesitan para consumarse un objeto externo, y no se llevan a efecto sino mediante un acto del cuerpo
[El sufrimiento acogido de buen grado, en el espíritu o en el cuerpo,] trabaja para el compañero: el del pensamiento, para el cuerpo; el del cuerpo, para el pensamiento
Es como si el alma hubiera formado una sola cosa con el cuerpo y se hubiera convertido toda ella en carne
Con la ascesis buscamos extinguir los vicios de la carne, no la carne misma. Cada uno debe hacerse dueño de su cuerpo, pero con moderación, para que la carne no reaccione empujándonos a algún pecado, y para que conserve la suficiente vitalidad como para realizar eficazmente lo que debe hacer
Si, cuando la carne está bien tratada, la fuerza del pecado acostumbra a acrecentarse, está claro que la fuerza de la virtud aumenta de modo natural y con motivo cuando la carne es maltratada
Lo propio de la naturaleza racional es someterse a la razón y dirigir al cuerpo controlándolo con dureza
Cuando el alma se pone a vivir con la vida del cuerpo, este no es su estado natural
La ascesis corporal, quiero decir el ayuno, la templanza, el acostarse en el suelo, el permanecer de pie, la vigilia y todas las demás cosas que afectan por naturaleza al cuerpo, calman la parte apasionada librándola del pecado activo. Tales cosas... educan a nuestro hombre exterior y nos guardan de las pasiones activas
Si el cuerpo es incapaz, conviene fortalecerlo cuanto sea necesario
Que cada uno de vosotros sepa poseer su propio cuerpo con santidad y honestidad, sin entregarse a una codicia apasionada, como hacen los paganos que no conocen a Dios
Se sabe por experiencia que el dominio del cuerpo sobre el alma es un obstáculo para la adquisición del bien; pero, por otro lado, su debilidad, cuando el instrumento corporal es incapaz de servir a los deseos del alma, bloquea igualmente el progreso hacia el bien
[La regla práctica de la ascesis debe ser] tener cuidado igualmente de las faltas de mesura en uno y otro lado, estando atento a que la prosperidad de la carne no sepulte al espíritu (νούς) y a que, a la inversa, su extenuación gratuita no lo vuelva débil, no lo hunda, absorbido por los sufrimientos corporales. Sería bueno también recordar la sabia prescripción que prohíbe igualmente apartarse hacia la derecha y en la dirección contraria (cf. Prov 4, 27)
[Las pasiones corporales] no se curan sino mediante un tratamiento doble
¿Qué influencia puede tener el trabajo del cuerpo sobre una disposición del alma?
Amarlo [al cuerpo], pero sin pasión; mantenerlo, pero como un simple servidor de las cosas divinas
[El alma] toma parte por naturaleza en las aflicciones del cuerpo, ya que su propio movimiento ha sido ligado al movimiento corporal por la sabiduría incomprensible
Si hacéis morir las acciones del cuerpo mediante el espíritu, viviréis
Con esta montura [el cuerpo], a la que nos une un vínculo natural, debemos avanzar por el camino de la virtud, evitando, ya soltar demasiado las riendas, ya tensarlas demasiado. De modo que, por este motivo, conviene examinar cuidadosamente el estado en que se encuentra el cuerpo
Pero, eliminando lo que sobrepasa la medida en uno y otro sentido, tendremos cuidado de añadir lo que falta, y nos guardaremos con igual celo de lo que vuelve al cuerpo inutilizable en uno y otro caso, sin empujar a nuestra carne, por un bienestar excesivo, a la disciplina y a la indocilidad, y sin volverla tampoco, por un agobio desmedido, enfermiza, floja y sin fuerzas para el servicio que debe rendir
Para refrenar sus ataques, no basta con aplicar el espíritu, como ocurre de ordinario con la ira, la tristeza y los demás vicios, en los que la industria del alma puede conseguir la victoria por sí sola, sin castigar la carne; se necesita además la mortificación corporal, las vigilias, los ayunos, el trabajo que quiebra el cuerpo, a las que se unirá el huir de las ocasiones. El alma y el cuerpo concurren en su nacimiento; no serán vencidas sin que una y otro colaboren a ello
¿cómo pueden los esfuerzos corporales ser virtudes del alma?
Trato mi cuerpo con dureza
Las disposiciones del alma no son las mismas en el que goza de buena salud y en el enfermo, en el que tiene hambre y en el que está saciado. Tampoco son las mismas en un hombre montado a caballo que en un hombre montado sobre un asno, en uno que está sentado en un trono y en otro que está sentado en el suelo, en uno que lleva hermosos vestidos y en otro que va vestido miserablemente
Nunca nadie ha odiado su propia carne, sino que la nutre y cuida de ella, como Cristo hace con la Iglesia
La desgraciada alma sufre con el cuerpo, y se ve afectada por todo lo que él hace... El trabajo humilla al cuerpo y, cuando el cuerpo es humillado, el alma también lo es junto con él, de manera que el anciano tenía razón al decir que el trabajo corporal también lleva a la humildad