Citas sobre cuerpo — 63 citas

Sobre cuerpo

Os exhorto, por la misericordia de Dios, a ofrecer vuestro cuerpo como un sacrificio vivo, santo y agradable a Dios

Pablo Apóstol Rom 12, 1

Tres cosas constituyen al hombre perfecto: la carne, el alma y el Espíritu

Ireneo de Lyon Ireneo de Lyon, Contra las herejías, V, 6, 1

La codicia que se realiza con el cuerpo no procede del cuerpo

Clemente de Alejandría Clemente de Alejandría, Stromata, III, 4

El cuerpo tiene ojos para ver la creación y conocer a su Creador por el orden armonioso de ésta

Atanasio de Alejandría Atanasio de Alejandría, Discurso Contra los paganos, 4

Lo mismo que Dios creó el cielo y la tierra para que el hombre habitara allí, también creó el cuerpo y el alma del hombre para que sean su morada, para que él habite y descanse en el cuerpo como en su casa, teniendo por esposa llena de belleza al alma amada

Macario de Egipto Macario de Egipto, Homilías, colección II, XLIX, 4

Se debe cuidar el cuerpo no porque sea el cuerpo, sino a fin de tener una ayuda para la filosofía, bien para estar en condiciones de leer a los filósofos, bien para poder concentrar en la oración el espíritu que languidece en el cuerpo, o bien, en general, para hacer cualquier cosa que afecte a la filosofía

Basilio de Ancira Basilio de Ancira, Tratado de la virginidad, 11

[El objetivo supremo de la ascesis] no es proponerse agobiar al cuerpo, sino facilitar las funciones del alma

Gregorio de Nisa Gregorio de Nisa, Tratado de la virginidad, XXII, 1-2. Cf. Basilio de Cesarea, Sermón ascético, III, en PG 31, 876D

No hemos aprendido a matar nuestro cuerpo, sino a matar nuestras pasiones

Poemén Apotegmas, serie alfabética, Poemen, 184

Nuestros juicios no se forman según la naturaleza de las cosas que nos impresionan, sino según el sentimiento del alma que las ve con los ojos

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Catequesis, II, 4

La gastrimargía y la lujuria... necesitan para consumarse un objeto externo, y no se llevan a efecto sino mediante un acto del cuerpo

Juan Casiano Juan Casiano, Conferencias, IV, 4

Mandamos dominar al cuerpo para que no se recargue de alimentos y haga que el alma se hunda en los pecados y, por otra parte, que no se encoja e impida al alma dedicarse a las cosas espirituales. Pero el alma debe forzar al cuerpo de tal modo que, si él se debilita, ella ceda un poco, y cuando él recupere la energía, ella vuelva a estrechar las riendas

Hipacio de Rufinianas Calínico, Vida de Hipacio, XXIV, 70-71

[El sufrimiento acogido de buen grado, en el espíritu o en el cuerpo,] trabaja para el compañero: el del pensamiento, para el cuerpo; el del cuerpo, para el pensamiento

Marcos el Monje Marcos el Monje, De quienes piensan que están justificados por sus obras, 44

[La templanza produce el efecto de] domar las pasiones del cuerpo

Calínico Calínico, Vida de Hipacio, XXIV, 63. Cf. Evagrio Póntico, Tratado práctico, 35; Basilio de Cesarea, Grandes reglas, 16

Es como si el alma hubiera formado una sola cosa con el cuerpo y se hubiera convertido toda ella en carne

Doroteo de Gaza Doroteo de Gaza, Instrucciones espirituales, II, 39

Con la ascesis buscamos extinguir los vicios de la carne, no la carne misma. Cada uno debe hacerse dueño de su cuerpo, pero con moderación, para que la carne no reaccione empujándonos a algún pecado, y para que conserve la suficiente vitalidad como para realizar eficazmente lo que debe hacer

Gregorio Magno Gregorio Magno, Morales sobre Job, LXX, 41 (cf. XXX, 18). Cf. también Gregorio de Nisa, Tratado de la virginidad, XII, 1

Quienes aún no han logrado la verdadera oración del corazón encontrarán ayuda en el esfuerzo doloroso de la oración corporal; quiero decir: extender las manos, golpearse el pecho, levantar al cielo una mirada límpida, gemir profundamente, hacer metanías sin descanso

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XV, 81

Uno guarda su alma sin mancha para el amor según Dios [...] si enseña a los sentidos a percibir con toda piedad el mundo sensible y todas las cosas que contiene, para que transmitan al alma la grandeza de las razones (λόγοι) que están en el corazón de las cosas

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la teología y la economía, I, 14

Lo propio de la naturaleza racional es someterse a la razón y dirigir al cuerpo controlándolo con dureza

Talasio el Libio Talasio, Centurias, II, 5

Cuando el alma se pone a vivir con la vida del cuerpo, este no es su estado natural

Isaac de Nínive Cf. Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 16; 83

La ascesis corporal, quiero decir el ayuno, la templanza, el acostarse en el suelo, el permanecer de pie, la vigilia y todas las demás cosas que afectan por naturaleza al cuerpo, calman la parte apasionada librándola del pecado activo. Tales cosas... educan a nuestro hombre exterior y nos guardan de las pasiones activas

Hesiquio de Batos Hesiquio de Batos, Capítulos sobre la vigilancia, 112

¡Oh maravilla! El hombre está unido a Dios a la vez espiritual y corporalmente, puesto que el alma no se separa del espíritu (νούς) ni el cuerpo del alma, sino que en la unidad de la esencia el hombre se convierte también en triple hipóstasis por gracia, y en un solo dios por posición (θέσις), con su alma, su cuerpo y el Espíritu divino del que participa. Entonces se realiza lo que dijo el profeta David: ‘Yo dije: todos vosotros sois dioses, e hijos del Altísimo’ (Sal 81,6)

Simeón el Nuevo Teólogo Simeón el Nuevo Teólogo, Catequesis, XV, 72-79

Cuando el espíritu alcanza las cosas sobrenaturales, los sentidos permanecen según la naturaleza y se abren a las causas libres de toda pasión. No buscan más que sus razones (λόγοι) y sus naturalezas. Disciernen sin error sus energías y sus cualidades. No se ven afectados ni son arrastrados hacia ellas de forma antinatural

Nicetas Stéthatos Nicetas Stéthatos, Centurias, I, 22

[Algunos carismas del Espíritu] actúan por medio del cuerpo

Gregorio Palamas Gregorio Palamas, Triadas, II, 2, 13; Homilías, 12, en PG 150, 153C

Si el cuerpo es incapaz, conviene fortalecerlo cuanto sea necesario

Nil Sorsky Nil Sorsky, Regla, IV

Trato con dureza mi cuerpo y lo tengo dominado

Pablo Apóstol 1 Cor 9, 27

Para quienes han sido santificados, santa es la simiente. Y no solo el espíritu debe ser santificado entre nosotros, sino también las costumbres, la vida y el cuerpo

Clemente de Alejandría Clemente de Alejandría, Stromata, III, 6

[Los oídos han sido creados para que el hombre pueda] escuchar las palabras divinas y las leyes de Dios

Atanasio de Alejandría Atanasio de Alejandría, Discurso Contra los paganos, 4. Cf. Gregorio Palamas, Triadas, II, 2, 20

[Cuando el apóstol habla del ‘hombre viejo’] entiende por tal un hombre entero que tiene otros ojos además de nuestros ojos, una cabeza además de nuestra cabeza, unos oídos además de nuestros oídos, unas manos además de nuestras manos y unos pies además de nuestros pies. Pues el Maligno ha manchado y trastocado al hombre entero, alma y cuerpo; y ha revestido al hombre con un ‘hombre viejo’... que no se somete a la ley de Dios..., de modo que el hombre ya no ve como quiere, sino que ve y oye de forma perversa, sus pies se apresuran a hacer el mal, sus manos cometen la iniquidad y su corazón alberga malas intenciones

Macario de Egipto Macario de Egipto, Homilías (colección II), II, 2

Se sabe por experiencia que el dominio del cuerpo sobre el alma es un obstáculo para la adquisición del bien; pero, por otro lado, su debilidad, cuando el instrumento corporal es incapaz de servir a los deseos del alma, bloquea igualmente el progreso hacia el bien

Basilio de Ancira Basilio de Ancira, Tratado de la virginidad, 10 (cf. 8; 11)

[La regla práctica de la ascesis debe ser] tener cuidado igualmente de las faltas de mesura en uno y otro lado, estando atento a que la prosperidad de la carne no sepulte al espíritu (νούς) y a que, a la inversa, su extenuación gratuita no lo vuelva débil, no lo hunda, absorbido por los sufrimientos corporales. Sería bueno también recordar la sabia prescripción que prohíbe igualmente apartarse hacia la derecha y en la dirección contraria (cf. Prov 4, 27)

Gregorio de Nisa Gregorio de Nisa, Tratado de la virginidad, XXII, 1-2. Cf. Basilio de Cesarea, Sermón ascético, III, en PG 31, 876D

Se os han dado los ojos para que, a la vista de la creación, deis gloria al Señor

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Homilías sobre los demonios, II, 3; Homilías sobre el Génesis, XXII, 3

[Las pasiones corporales] no se curan sino mediante un tratamiento doble

Juan Casiano Juan Casiano, Conferencias, IV, 4

¿Qué influencia puede tener el trabajo del cuerpo sobre una disposición del alma?

Doroteo de Gaza Doroteo de Gaza, Instrucciones espirituales, II, 39; 38

Si, cuando la carne está bien tratada, la fuerza del pecado acostumbra a acrecentarse, está claro que la fuerza de la virtud aumenta de modo natural y con motivo cuando la carne es maltratada

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Diez capítulos, 2-4

[El alma] toma parte por naturaleza en las aflicciones del cuerpo, ya que su propio movimiento ha sido ligado al movimiento corporal por la sabiduría incomprensible

Isaac de Nínive Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 83

Todas las acciones ramificadas en los sentidos, la vista, el oído, el olfato, el gusto y el tacto, se mueven de acuerdo con la naturaleza si predomina lo mejor

Nicetas Stéthatos Nicetas Stéthatos, Del alma, 31

[El cuerpo] participa también en la santificación

Gregorio Palamas Gregorio Palamas, Triadas, II, 2, 13; Homilías, 12, en PG 150, 153C

Que cada uno de vosotros sepa poseer su propio cuerpo con santidad y honestidad, sin entregarse a una codicia apasionada, como hacen los paganos que no conocen a Dios

Pablo Apóstol 1 Tes 4, 4-5

[El olfato del hombre caído se] vuelve hacia la variedad de los perfumes eróticos

Atanasio de Alejandría Atanasio de Alejandría, Discurso contra los paganos, 5

Con esta montura [el cuerpo], a la que nos une un vínculo natural, debemos avanzar por el camino de la virtud, evitando, ya soltar demasiado las riendas, ya tensarlas demasiado. De modo que, por este motivo, conviene examinar cuidadosamente el estado en que se encuentra el cuerpo

Basilio de Ancira Basilio de Ancira, Tratado de la virginidad, 8-11. El gran asceta que es san Arsenio invita al mismo comedimiento en su Carta (71; 72). Cf. también Talasio, Centurias, III, 12,

Pero, eliminando lo que sobrepasa la medida en uno y otro sentido, tendremos cuidado de añadir lo que falta, y nos guardaremos con igual celo de lo que vuelve al cuerpo inutilizable en uno y otro caso, sin empujar a nuestra carne, por un bienestar excesivo, a la disciplina y a la indocilidad, y sin volverla tampoco, por un agobio desmedido, enfermiza, floja y sin fuerzas para el servicio que debe rendir

Gregorio de Nisa Gregorio de Nisa, Tratado de la virginidad, XXII, 1-2. Cf. Basilio de Cesarea, Sermón ascético, III, en PG 31, 876D

El ojo está hecho para celebrar al Creador al ver las criaturas de Dios

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Homilías sobre los demonios, II, 3; Homilías sobre el Génesis, XXII, 3

Para refrenar sus ataques, no basta con aplicar el espíritu, como ocurre de ordinario con la ira, la tristeza y los demás vicios, en los que la industria del alma puede conseguir la victoria por sí sola, sin castigar la carne; se necesita además la mortificación corporal, las vigilias, los ayunos, el trabajo que quiebra el cuerpo, a las que se unirá el huir de las ocasiones. El alma y el cuerpo concurren en su nacimiento; no serán vencidas sin que una y otro colaboren a ello

Juan Casiano Juan Casiano, Conferencias, IV, 4

¿cómo pueden los esfuerzos corporales ser virtudes del alma?

Doroteo de Gaza Doroteo de Gaza, Instrucciones espirituales, II, 39; 38

Amarlo [al cuerpo], pero sin pasión; mantenerlo, pero como un simple servidor de las cosas divinas

Máximo el Confesor Cf. Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, III, 9

Dotados como estamos de sentidos, tenemos que percibir bien las cosas sensibles, elevarnos por su belleza al Creador y volver a llevar a Él el conocimiento irreprochable de estas cosas

Nicetas Stéthatos Nicetas Stéthatos, Centurias, 111, 72; I, 22

¿Qué alegría y qué movimiento del cuerpo hay que no sean una actividad común al alma y al cuerpo?... Existen, en efecto, pasiones bienaventuradas, actividades comunes que no encadenan el Espíritu a la carne, sino que atraen a la carne hasta una dignidad cercana a la del Espíritu y la obligan a volverse ella también hacia lo alto. ¿Cuáles son? son las actividades espirituales, que no van del cuerpo a la inteligencia...y sino que descienden de la inteligencia al cuerpo, para transformarlo en algo mejor y deificarlo por sus acciones y sus pasiones... En los hombres espirituales, la gracia del Espíritu, transmitida al cuerpo por medio del alma, le proporciona a éste también la experiencia de las cosas divinas, y le permite sentir la misma pasión del alma que tiene la experiencia divina; esta alma, puesto que experimenta la pasión de las cosas divinas, posee sin duda una parte apasionada, digna de elogio y divina... Cuando ella prosigue esta actividad bienaventurada, deifica también al cuerpo; entonces el cuerpo ya no se mueve empujado por las pasiones corporales y materiales, [...] sino que se vuelve sobre sí mismo, rechaza cualquier relación con las cosas malas e inspira él mismo su propia deificación, una deificación inalienable

Gregorio Palamas Gregorio Palamas, Triadas, II, 12

Si hacéis morir las acciones del cuerpo mediante el espíritu, viviréis

Pablo Apóstol Rom 8,13

De forma que [el alma] mueve las manos hacia el objetivo opuesto, haciendo que cometan el asesinato

Atanasio de Alejandría Atanasio de Alejandría, Discurso Contra los paganos, 5. Cf. también Prov 6, 17

La carne es una niebla y un velo

Gregorio de Nisa

Contemplemos nuestros miembros: encontraremos que ellos también son causa de nuestra ruina si no tenemos cuidado; no lo serán por su naturaleza, sino debido a nuestra negligencia

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Homilías sobre el Génesis, XXII, 3

[Las pasiones corporales] no se curan sino con un tratamiento doble

Juan Casiano Juan Casiano, Conferencias, V, 4; Instituciones cenobíticas, V, 14; 20; Juan Clímaco, Escala, XIV, 29

Las disposiciones del alma no son las mismas en el que goza de buena salud y en el enfermo, en el que tiene hambre y en el que está saciado. Tampoco son las mismas en un hombre montado a caballo que en un hombre montado sobre un asno, en uno que está sentado en un trono y en otro que está sentado en el suelo, en uno que lleva hermosos vestidos y en otro que va vestido miserablemente

Doroteo de Gaza Doroteo de Gaza, Instrucciones espirituales, II, 19. Cf. Juan Clímaco, Escala, XXV, 57

Entonces, oh milagro, es Dios quien mira, no solo con el alma que está en nosotros, sino también con nuestro cuerpo. Por eso nosotros... vemos entonces claramente, con nuestros órganos corporales mismos, la luz divina e inaccesible

Gregorio Palamas Gregorio Palamas, Triadas, I, 3, 37

Trato mi cuerpo con dureza

Pablo Apóstol 1 Cor 9, 27

[El alma desvía los órganos sexuales] hacia el adulterio, en vez de hacia la procreación legítima; hace que la lengua, en lugar de palabras de bendición, pronuncie maldiciones, injurias y falsos juramentos

Atanasio de Alejandría Atanasio de Alejandría, Discurso Contra los paganos, 5. Cf. también Prov 6, 17

La gastrimargía y la lujuria..., que muchas veces se despiertan sin que la voluntad intervenga, a instigación y por el prurito de la propia carne, necesitan un objeto externo para consumarse, y no se llevan a efecto más que mediante un acto del cuerpo... Precisamente, por el hecho de que no se consuman sino por el ministerio de la carne, estos dos vicios requieren especialmente, además de la terapéutica espiritual del alma, la práctica de la templanza corporal

Juan Casiano Juan Casiano, Conferencias, V, 4; Instituciones cenobíticas, V, 14; 20; Juan Clímaco, Escala, XIV, 29

La desgraciada alma sufre con el cuerpo, y se ve afectada por todo lo que él hace... El trabajo humilla al cuerpo y, cuando el cuerpo es humillado, el alma también lo es junto con él, de manera que el anciano tenía razón al decir que el trabajo corporal también lleva a la humildad

Doroteo de Gaza Doroteo de Gaza, Instrucciones espirituales, II, 38; 39

[El cuerpo humano debe ser apto para] las actividades del Espíritu, que se realizan por medio del cuerpo

Gregorio Palamas Gregorio Palamas, Tomo hagiorítico, en PG 150, 1233BD; Triadas, II, 2, 22

Nunca nadie ha odiado su propia carne, sino que la nutre y cuida de ella, como Cristo hace con la Iglesia

Pablo Apóstol Ef 5, 29

[El alma desvía los pies] hacia la agilidad para derramar sangre (Sal 13, 3); el estómago hacia la embriaguez y hacia una saciedad insatisfecha

Atanasio de Alejandría Atanasio de Alejandría, Discurso Contra los paganos, 5

[El enemigo] nos ataca en dos frentes; debemos, pues, resistir en ambos. Y lo mismo que él extrae su fuerza o su debilidad tanto del cuerpo como del alma, no puede ser repelido más que por aquellos que luchan en los dos planos

Juan Casiano Juan Casiano, Instituciones cenobíticas, VI, 1

Si un jinete en el estadio desdeñara la meta hacia la que debe correr, y se desviara de ella para impulsar sencillamente a su caballo lo más que pudiera -pudiendo hacerlo todo lo que quisiera-, y si tan pronto lo lanzara contra los que pasan a su lado como se arrojara por un precipicio, dejándose llevar por el vigor desbocado de su caballo y pensando que corriendo así no se está errando su objetivo, obraría igual que el alma que se aparta del camino que conduce a Dios e impulsa los miembros del cuerpo fuera de la vía conveniente, o más bien ella misma se deja impulsar por ellos

Atanasio de Alejandría Atanasio de Alejandría, Discurso contra los paganos, 5