Si un jinete en el estadio desdeñara la meta hacia la que debe correr, y se desviara de ella para impulsar sencillamente a su caballo lo más que pudiera -pudiendo hacerlo todo lo que quisiera-, y si tan pronto lo lanzara contra los que pasan a su lado como se arrojara por un precipicio, dejándose llevar por el vigor desbocado de su caballo y pensando que corriendo así no se está errando su objetivo, obraría igual que el alma que se aparta del camino que conduce a Dios e impulsa los miembros del cuerpo fuera de la vía conveniente, o más bien ella misma se deja impulsar por ellos
Traducido del griego