Citas sobre placer — 20 citas

Sobre placer

[Si alguno queda lejos del reino] se debe a que no quiere arriesgarse a negarse a sí mismo, que ama algo a la par y al nivel de Dios, conserva cierto aprecio por algunos placeres y concupiscencias de este mundo, y no dirige todo su amor hacia el Señor siempre que se halle al alcance de sus capacidades, de su libre elección y su voluntad

Macario de Egipto Macario de Egipto, Homilías, colección II, V, 6; 9; 12; IX, 10

Cuando en el alma la razón es la primera que tiene bajo su mando a las almas, y anuda entre ellas unos lazos para lo que es manifiestamente esencial, es natural que su unión previa vaya también acompañada de la unión legítima de los cuerpos en los que ellas residen. Pero, cuando las almas se proponen otra cosa en primer lugar, y los cuerpos, en busca de placer, van a lo suyo y unen a las almas que están en ellos para ponerlas al servicio de la pasión que las agita, el hecho de que las almas vayan así a remolque de los vicios de la carne vuelve ilegítima la unión sexual

Basilio de Ancira Basilio de Ancira, Tratado de la virginidad, 38

El objetivo de la templanza lo realizamos de esta manera: por una parte usamos conforme a nuestras necesidades las cosas más simples, necesarias para la vida, evitando toda saciedad; por otra, nos abstenemos de todo lo que no sirve más que para el placer

Basilio de Cesarea Basilio de Cesarea, Grandes reglas, 18 (cf. 17; 19; Cartas, XXII)

El hombre con templanza debe usar esta regla para su propia vida: no aplicar nunca su alma a un objeto en el que se halle mezclado ningún esbozo de placer y, sobre todo, guardarse del placer del gusto... A fin de que nuestro cuerpo permanezca soberanamente tranquilo y no lo turbe ninguno de los movimientos apasionados que nacen de estar saciado, debemos estar atentos a que no sea el placer, sino la utilidad, lo que defina en cada caso la medida de la conducta conforme a la templanza y el límite del disfrute. Y si el mismo agrado se encuentra íntimamente ligado a la utilidad..., no debemos rechazar la utilidad a causa del gozo que la acompaña, ni tampoco, por supuesto, perseguir en primer lugar el placer, sino que conviene, a la vez que se escoge lo que hay de útil en todas las cosas, despreciar lo que encanta a los sentidos

Gregorio de Nisa Gregorio de Nisa, Tratado de la virginidad, XXI, 2 (cf. 3)

Aquel que huye de todos los placeres del mundo es una ciudadela inaccesible para el demonio de la tristeza. La tristeza, en efecto, es la frustración de un placer, presente o esperado, y es imposible rechazar a este enemigo si tenemos un apego apasionado a uno u otro de los bienes terrenos; pues el enemigo extiende sus redes y produce la tristeza precisamente allí donde ve que se dirige nuestra inclinación

Evagrio Póntico Evagrio Póntico, Tratado práctico, 19

El placer que se obtiene de forma natural al comer no es un mal esencial

Juan Casiano Juan Casiano, Conferencias, XXI, 15

[La tristeza] es el final del placer sensible

Máximo el Confesor Cf. Máximo el Confesor, Cuestiones a Talasio, 58, en PG 90, 592D

El largo amor al padecimiento (φιλοπονία) destierra el amor al placer (φιληδονία)

Talasio el Libio Talasio, Centurias, III, 10; I, 33

Las aflicciones matan el placer de las pasiones mientras que el placer lo nutre y lo acrecienta

Isaac de Nínive Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 21

Si amas a Dios de manera auténtica y permaneces en su amor, ninguna pasión te dominará nunca, ni la prisión del cuerpo te someterá a su merced; pues, así como el cuerpo no puede ya moverse hacia nada sin el alma, el alma unida a Dios por el amor no podrá nunca ser arrastrada hacia los placeres y los apetitos de cuerpo, ni tampoco hacia nada visible ni aun invisible, sea objeto o pasión, porque el sublime amor de Dios tiene sujeto el ímpetu de su corazón o, mejor dicho, toda la fuerza de su voluntad

Simeón el Nuevo Teólogo Simeón el Nuevo Teólogo, Catequesis, XXV, 109-121 (cf. I, 80-82)

El que se ha sometido hasta la saciedad a los placeres y a las obras del cuerpo, que se entregue hasta la saciedad a los padecimientos de la ascesis en los sudores de la vida dura. La saciedad entonces le da la vuelta... a la saciedad; el dolor al placer; las fatigas del cuerpo, a la comodidad

Nicetas Stéthatos Nicetas Stéthatos, Centurias, I, 86

[No es pequeño el peligro de que el hombre] engañado por la experiencia del placer, no estime ya ningún bien fuera del que se disfruta por medio de la carne con un cierto apego pasional, y no se vuelva totalmente carnal por haber apartado su espíritu del deseo de los bienes incorpóreos, persiguiendo por todos los medios lo que las cosas ofrecen de agradable, hasta el punto de ser ‘más amigo del placer que de Dios’ (2 Tim 3, 4)

Gregorio de Nisa Gregorio de Nisa, Tratado de la virginidad, VII, 3; VIII

La tristeza sobreviene cuando no se obtiene lo que se desea carnalmente; ahora bien, como a toda pasión va ligado un deseo, quien ha vencido a las pasiones no estará dominado por la tristeza... El que domina las pasiones, domina la tristeza; pero el que ha sido vencido por el placer, no escapará a sus lazos. El que ama el mundo, se entristecerá muchas veces... Pero el que desprecia los placeres del mundo no será perturbado por los pensamientos de la tristeza

Evagrio Póntico Evagrio Póntico, De los ocho espíritus de malicia, 11-12, en PG 79, 1156D, 1157BC

[El placer,] si no va acompañado de intemperancia... o de algún otro vicio, no se puede decir que sea malo

Juan Casiano Juan Casiano, Conferencias, XXI, 15

Engañados al principio por la ilusión del placer hemos preferido la muerte a la verdadera vida. Por eso hemos conocido con gratitud el padecimiento del cuerpo, que destruye el placer, de modo que, cuando la muerte del placer hace que desaparezca con ella misma la muerte que aquel había suscitado, recibimos a cambio la vida, que vuelve a nosotros

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Diez capítulos, 2-4

La vida dura y la aflicción, voluntarias o suscitadas por la Providencia, borran el placer

Talasio el Libio Talasio, Centurias, III, 10; I, 33

En efecto, nunca podremos despreciar el placer de los alimentos terrenos, si nuestro espíritu no se apega a la contemplación divina y no encuentra su felicidad más bien en el amor a la virtud y en la belleza de los alimentos celestiales

Juan Casiano Juan Casiano, Instituciones cenobíticas, V, 14; 16

[La templanza apaga la concupiscencia] incitando a suprimir todo aquello que no responde a una necesidad, sino que procura solamente placer. No permite que uno se conceda más que lo que es necesario para vivir; no busca lo agradable, sino lo útil, y calcula la comida y la bebida conforme a la necesidad

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Discurso ascético, 23

Mientras queda alguna atracción por la voluptuosidad, no se es casto

Juan Casiano Juan Casiano, Conferencias, XII, 10. Cf. Doroteo de Gaza, Instrucciones espirituales, XV, 162

[Si el espíritu se ejercita largamente en abstenerse de los placeres y ocuparse de lo divino,] al final todo su deseo se tornará hacia lo divino

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Cuestiones a Talasio, 55; Centurias sobre la caridad, III, 67-72