Engañados al principio por la ilusión del placer hemos preferido la muerte a la verdadera vida. Por eso hemos conocido con gratitud el padecimiento del cuerpo, que destruye el placer, de modo que, cuando la muerte del placer hace que desaparezca con ella misma la muerte que aquel había suscitado, recibimos a cambio la vida, que vuelve a nosotros
Traducido del griego