Aquel que huye de todos los placeres del mundo es una ciudadela inaccesible para el demonio de la tristeza. La tristeza, en efecto, es la frustración de un placer, presente o esperado, y es imposible rechazar a este enemigo si tenemos un apego apasionado a uno u otro de los bienes terrenos; pues el enemigo extiende sus redes y produce la tristeza precisamente allí donde ve que se dirige nuestra inclinación
Traducido del griego