Citas sobre gula + placer — 6 citas

Sobre gula + placer

El objetivo de la templanza lo realizamos de esta manera: por una parte usamos conforme a nuestras necesidades las cosas más simples, necesarias para la vida, evitando toda saciedad; por otra, nos abstenemos de todo lo que no sirve más que para el placer

Basilio de Cesarea Basilio de Cesarea, Grandes reglas, 18 (cf. 17; 19; Cartas, XXII)

El hombre con templanza debe usar esta regla para su propia vida: no aplicar nunca su alma a un objeto en el que se halle mezclado ningún esbozo de placer y, sobre todo, guardarse del placer del gusto... A fin de que nuestro cuerpo permanezca soberanamente tranquilo y no lo turbe ninguno de los movimientos apasionados que nacen de estar saciado, debemos estar atentos a que no sea el placer, sino la utilidad, lo que defina en cada caso la medida de la conducta conforme a la templanza y el límite del disfrute. Y si el mismo agrado se encuentra íntimamente ligado a la utilidad..., no debemos rechazar la utilidad a causa del gozo que la acompaña, ni tampoco, por supuesto, perseguir en primer lugar el placer, sino que conviene, a la vez que se escoge lo que hay de útil en todas las cosas, despreciar lo que encanta a los sentidos

Gregorio de Nisa Gregorio de Nisa, Tratado de la virginidad, XXI, 2 (cf. 3)

El placer que se obtiene de forma natural al comer no es un mal esencial

Juan Casiano Juan Casiano, Conferencias, XXI, 15

[La templanza apaga la concupiscencia] incitando a suprimir todo aquello que no responde a una necesidad, sino que procura solamente placer. No permite que uno se conceda más que lo que es necesario para vivir; no busca lo agradable, sino lo útil, y calcula la comida y la bebida conforme a la necesidad

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Discurso ascético, 23

[El placer,] si no va acompañado de intemperancia... o de algún otro vicio, no se puede decir que sea malo

Juan Casiano Juan Casiano, Conferencias, XXI, 15

En efecto, nunca podremos despreciar el placer de los alimentos terrenos, si nuestro espíritu no se apega a la contemplación divina y no encuentra su felicidad más bien en el amor a la virtud y en la belleza de los alimentos celestiales

Juan Casiano Juan Casiano, Instituciones cenobíticas, V, 14; 16