Luchar en los padecimientos es el combate de la virtud, el precio de la victoria que, para los que dan pruebas de paciencia, acarrea la impasibilidad del alma
El que ha muerto al mundo, pues esto es la cruz..., el que ha hecho morir sus miembros terrenos... hasta el punto de que ya no lo alcanza ninguna pasión ni ningún deseo malo, ¿cómo va a ser alcanzado por ninguna pasión ni ningún mal deseo, cómo va a recibir por nada del mundo una sensación apasionada, o a experimentar un impulso voluptuoso o, en fin, cómo se va a tambalear en su corazón?
El duro esfuerzo de la virtud obtiene como recompensa la impasibilidad