Yo vi todas las redes del enemigo desplegadas en la tierra, y dije gimiendo: ‘¿Quién podrá atravesar indemne estas trampas?’. Y oí una voz que me contestaba: ‘La humildad’
[Si el diablo] viene a extraviarte en la cenodoxia, realiza una acción o toma ante los hombres una actitud tal que ellos te desprecien. Pues, sábelo bien, Satán nada siente tanto como que el hombre desee la humillación y el desprecio
Si estamos decididos... a luchar con las reglas del combate espiritual, concentremos todos nuestros esfuerzos en dominar este espíritu impuro poniendo nuestra confianza, no en nuestras fuerzas, pues la actividad humana no sería nunca capaz de ello, sino en la ayuda del Señor. Pues el alma será atacada necesariamente por este vicio mientras no reconozca que lleva a cabo una guerra por encima de sus fuerzas, y que el esfuerzo y la aplicación que pone en ella no pueden obtener la victoria si el Señor no acude en su ayuda y lo protege
[La humildad es] la hoguera de los demonios
La humildad es ‘una torre fortificada frente al enemigo’ (Sal 60, 4). El enemigo no prevalecerá contra el humilde, y el hijo -o, más bien, el pensamiento- de la iniquidad no lo dañará; él apartará a sus enemigos de delante él, y pondrá en fuga a los que le odian’ (Sal 88, 23-24)
Es un duro combate el de la cenodoxia. Se libra uno de ella mediante la práctica oculta de las virtudes...
Si somos humildes, el Señor alejará de nosotros al enemigo y nos ayudará a guardar nuestra alma en todo momento
Mientras ellos exponen las ilusiones de todas las pasiones, las propias de los principiantes y las de los fervorosos, los jóvenes aprenden los secretos de sus combates, que ven como en un espejo, enterándose de las causas y los remedios de los vicios que los sacuden, y saben también, antes de que se produzcan, cómo tienen que precaverse contra los combates por venir y cómo hacerles frente luchando contra ellos