Citas sobre combate — 110 citas

Sobre combate

Trato con dureza mi cuerpo y lo tengo dominado

Pablo Apóstol 1 Cor 9, 27

Yo vi todas las redes del enemigo desplegadas en la tierra, y dije gimiendo: ‘¿Quién podrá atravesar indemne estas trampas?’. Y oí una voz que me contestaba: ‘La humildad’

Antonio el Grande Apotegmas, serie alfabética, Antonio, 7. Cf. Isaías de Escete, Asceticón, III, 3

[El hombre debe] rumiar las palabras de los mandamientos de Dios y ejercitar en ello su mente. Todo esto con el fin de que el pensamiento antagonista y piadoso que permanece en nosotros triunfe sobre el mal

Macario de Egipto Macario de Egipto, Homilías, colección II, LIII, 14

No recibas el grano... Arranca el mal de raíz antes de que florezca, no vaya a ser que tu indolencia primera te procure más tarde tener que pensar mucho en hachas (Mt 3, 10) y fuego. Empieza por curar tus ojos enfermos en el tiempo oportuno, para no tener que buscar al médico cuando te hayas quedado ciego

Cirilo de Jerusalén Cirilo de Jerusalén, Catequesis bautismales, II, 3

Soportad las tentaciones hasta que las superéis... Ahora bien, el remedio para soportar las tentaciones es que no os desaniméis y que recéis a Dios dándole gracias de corazón y afrontándolo todo con paciencia; así ellas terminarán alejándose de vosotros

Ammonas Ammonas, Cartas, IX, 2

Si quieres evitar una vida en común con el reptil, guárdate de la cabeza, es decir, del primer ataque del mal. A este se refiere el mandamiento figurado del Señor: ‘Él acechará tu talón y tú le acecharás la cabeza’ (Gn 3, 15)

Gregorio de Nisa Gregorio de Nisa, Homilías sobre el Padrenuestro, IV, 6

Si estamos activos y muy vigilantes, no hallaremos mancha en nosotros

Poemén Apotegmas, serie alfabética, Poemen, 173

En nuestra alma se ocultan numerosas pasiones que, cuando escapan a nuestro control, nos revelan unas vivas tentaciones

Evagrio Póntico Evagrio Póntico, Capítulos gnósticos, VI, 52; Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, IV, 52

¿Cómo combatir [la ira]?... Mediante la mansedumbre; combatir es estar del lado contrario

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Comentario a san Mateo, XVI, 10

Los pensamientos tienen solo una cabeza... Si no reconoces desde el principio la cabeza misma para expulsarla de ti, serás apresado y engañado por los demás pensamientos subsiguientes... Por tanto, si quieres vencer las pasiones, observa siempre la cabeza de los pensamientos y, cuando hayas descubierto cuál es, lucha contra ella sola

Padres del desierto Apotegmas, PA 12, 3b

[A los pensamientos,] déjalos entrar y lucha con ellos

José de Panefo Apotegmas, serie alfabética, José de Panefo, 3

Debemos recordar sin cesar este principio: ‘Vigila cuidadosamente tu corazón’ y, según el mandamiento principal de Dios, observa con atención la cabeza de la serpiente, es decir, el comienzo de los malos pensamientos por los que el diablo intenta deslizarse en nuestra alma. No dejemos por nuestra negligencia que todo el cuerpo de esta serpiente invada nuestro corazón -lo cual es asentir a la tentación—, pues es muy evidente que, una vez introducido, hará perecer con su virulenta mordedura nuestro espíritu prisionero

Juan Casiano Juan Casiano, Instituciones cenobíticas, VI, 13

Del mismo modo que los ojos de nuestro cuerpo, cuando están en buen estado, pueden verlo todo, hasta las moscas y los mosquitos que revolotean por el aire; pero, cuando se hallan velados y ven borroso..., si se presenta ante ellos objetos grandes, los ven confusamente, mientras que los pequeños ni siquiera los perciben; lo mismo ocurre con el alma: si disminuye mediante la atención la ceguera que le viene del amor al mundo, mira como muy grandes sus caídas más ligeras

Diádoco de Fótice Diádoco de Fótice, Cien Capítulos gnósticos, 27

El duelo es vigilancia perfecta; allí donde no hay duelo, no puede haber vigilancia

Isaías de Escete Abba Isaías, Asceticón, 30,4 B

En cuanto a acoger el pensamiento que se presenta, les corresponde solo a los perfectos el dejarlo entrar y luego expulsarlo. Tú, por tanto, no metas el fuego en tu bosque, para que no sea consumido por entero... No te metas tú mismo en la discordia, pues no resistirás una tentación semejante

Barsanufio de Gaza Barsanufio, Cartas, 138

Replicar no es cosa de todos los hombres, sino de los fuertes según Dios, a quienes les están sometidos los demonios. Pues si replica uno de aquellos que no poseen esta potencia, los demonios se burlan de él, por el hecho de que está en sus manos y les replica

Juan de Gaza Juan de Gaza, Cartas, 304

[En lo que concierne al cuerpo,] si vivimos de forma desordenada, sin preocuparnos por nuestra salud, se produce o bien plétora o bien carencia (de humores) y de ahí se deriva un desequilibrio

Doroteo de Gaza Doroteo de Gaza, Instrucciones espirituales, X, 106

Nadie puede progresar en la lucha espiritual si antes no domina al enemigo que se camufla bajo los apetitos golosos. Es un error entrar en combate contra unas potencias lejanas cuando se está sometido por las cercanas... Algunos, ignorantes de la táctica que hay que seguir en esta guerra, se lanzan a combates espirituales sin haber controlado su gula. A veces llegan a realizar cosas importantes que requieren mucho arrojo; pero, dominados por la gula, los atractivos de la carne les hacen perder todo el provecho obtenido

Gregorio Magno Gregorio Magno, Morales sobre Job, XXX, 18. Se encuentra la misma enseñanza en Juan Casiano, Instituciones cenobíticas, V, 13-16

[De la actitud de refutar los pensamientos] da testimonio... quien declara: ‘Opondré una palabra a los que me injurian’ (Sal 118, 42) para refutarlos; y también: ‘Nos has concedido refutar a nuestros vecinos’ (Sal 79,7)

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XXVI, 62

[Para todos los casos,] la misma regla: no dejar que duren los pensamientos

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, III, 88

No siempre tenemos el poder de oponernos a los pensamientos que nos combaten para detenerlos, sino que a menudo recibimos de ellos unas heridas que no se curan hasta mucho tiempo después... [Al disputar con los demonios] les permitirás que se armen contra ti; podrán herirte mucho más allá de lo que tu sabiduría y tu sentimiento les opongan. Pero, incluso si les vences, la mancha de los pensamientos contaminará tu reflexión y durante mucho tiempo seguirás sintiendo su mal olor

Isaac de Nínive Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 33

[El olvido, la negligencia y la ignorancia son] los tres gigantes extranjeros

Juan Damasceno Juan Damasceno, Discurso útil al alma

Cuando la mente... ha adquirido la costumbre incesante del combate que le permite reconocer verdaderamente los pensamientos..., entonces debe dejarlos entrar con conocimiento de causa y denunciarlos

Hesiquio de Batos Hesiquio de Batos, Capítulos sobre la vigilancia, 44

El que resiste desde el principio, es decir, desde la sugerencia... ha cortado por lo sano todas las infamias

Filoteo el Sinaíta Filoteo el Sinaíta, Cuarenta capítulos népticos, 36

El que teme a Dios no teme los ataques de los demonios, ni sus asaltos impotentes, ni aun las amenazas de los malvados

Simeón el Nuevo Teólogo Simeón el Nuevo Teólogo, Capítulos teológicos, gnósticos y prácticos, I, 68 (cf. 69)

La atención es el signo de la penitencia realizada..., es el desprendimiento de las pasiones..., es la certeza indudable del perdón de los propios pecados

Nicéforo el Solitario Nicéforo el Solitario, Tratado sobre la vigilancia y la custodia del corazón

Apuesta, pues, esta guardia en tu alma y en tu cuerpo; ella te librará fácilmente de las malas pasiones del cuerpo y del alma

Gregorio Palamas Gregorio Palamas, Triadas, I, 2, 9

Si no es en el momento de la oración, sino en el transcurso de las indispensables ocupaciones de la vida cuando entran y permanecen en el alma [este tipo de] pensamientos, entonces semejante situación no tiene pecado; hasta los santos cumplieron dignamente y sin falta las obligaciones de la vida del cuerpo. Los Padres dicen que en todo pensamiento de este género nuestro espíritu, si se conserva en actitud piadosa, permanece unido a Dios

Nil Sorsky Nil Sorsky, Regla, 1

Nos recomendamos a nosotros mismos en todos los aspectos como sirvientes de Dios, con mucha paciencia en tribulaciones, calamidades, angustias, bajo golpes, en prisiones, en sediciones, en trabajos, en vigilias, en ayunos

Pablo Apóstol 2 Cor 6,4-5

Cuanto más resistimos a sus ataques, tanto más se arma el Maligno contra nosotros

Macario de Egipto Macario de Egipto, Capítulos parafraseados, 132

Cuando te asalte el demonio de la acedia, no abandones la casa ni esquives la lucha

Evagrio Póntico Evagrio Póntico, Tratado práctico, 28; A los monjes, 55 (ed. Gressmann, 157); Juan Casiano, Instituciones cenobíticas, X, 5. Cf. Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 57; Nil Sorsky, Regla, V

Bienaventurado aquel que tiene siempre ante los ojos sus pecados, pues tal hombre siempre permanece vigilante

Padres del desierto Apotegmas, PE III, 35, 24-25

Si [los pensamientos] entran, y tú luchas con ellos dando y recibiendo golpes, ellos te volverán más experimentado

José de Panefo Apotegmas, serie alfabética, José de Panefo, 3

El centurión del Evangelio es para nosotros una feliz figura del alma elevada a esta perfección... Lejos de dejarse llevar por todos los pensamientos que se le ocurrían, acogía los buenos y expulsaba sin ninguna dificultad los malos, según juzgaba su prudencia... Yo, que estoy sometido a mis superiores, tengo soldados a mis órdenes; y le digo a uno: ‘Ve', y va; al otro: ‘Ven, y viene; y a mi siervo: ‘Haz esto', y lo hace (Mt 8, 9). Si nosotros, a nuestra vez, luchamos virilmente contra las mociones desordenadas de nuestra alma y contra los vicios, y logramos someterlos a nuestra autoridad y nuestro discernimiento; si, militando en nuestra carne, podemos extinguir las pasiones, reducir el ejército inconstante de nuestros pensamientos bajo el mando de la razón..., como pago de estos triunfos tan deslumbrantes seremos elevados al rango de este centurión espiritual... Encumbrados, como él, a esta alta dignidad, tendremos el poder y la fuerza de mandar, y los pensamientos que no queremos seguir dejarán de arrastrarnos; pero nos estará permitido apegamos a aquellos que nos hacen gustar las delicias del espíritu. A las sugerencias malas les ordenaremos: ‘Id’, y se irán; a las buenas les diremos: ‘Venid’, y vendrán

Juan Casiano Juan Casiano, Conferencias, VII, 5

[El alma,] cuando ha empezado a purificarse por la intensidad de su atención, siente entonces, como un verdadero remedio de vida, el temor divino que la quema, como por la acción de sus reproches, en un fuego de impasibilidad

Diádoco de Fótice Diádoco de Fótice, Cien Capítulos gnósticos, 17

El que es capaz de resistir y de luchar sin ser vencido, que los deje entrar; mientras que el débil, que no es capaz de ello y más bien daría su asentimiento no debe hacerlo

Barsanufio de Gaza Barsanufio, Cartas, 432

No les contradigas, pues eso es lo que desean y no cesarán

Juan de Gaza Juan de Gaza, Cartas, 166. Cf. Doroteo de Gaza, Cartas, VIII, 193

El amigo de la hesijía es aquel cuyo pensamiento [está] siempre alerta

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XXVII, 3; 39. Cf. Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 73

Luchar en los padecimientos es el combate de la virtud, el precio de la victoria que, para los que dan pruebas de paciencia, acarrea la impasibilidad del alma

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Diez capítulos, 2-4; cf. Nicetas Stéthatos, Centurias, I, 25; 29

[Con la refutación rápida] se gana el camino más corto, y se evita uno errar por la vía larga

Isaac de Nínive Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 83

[El olvido, la negligencia y la ignorancia son] los tres poderosos gigantes del diablo

Juan Damasceno Juan Damasceno, Discurso útil al alma

Nada más notar [las sugerencias demoníacas], hay que suprimirlas inmediatamente, desde el momento en que brotan y atacan

Hesiquio de Batos Hesiquio de Batos, Capítulos sobre la vigilancia, 44

Jesús, al que se ha invocado, [es quien] expulsa a los demonios y sus fantasías

Filoteo el Sinaíta Filoteo el Sinaíta, Cuarenta capítulos népticos, 25 (cf. 26)

[La impasibilidad vuelve a quienes la poseen] inaccesibles para los enemigos

Simeón el Nuevo Teólogo Simeón el Nuevo Teólogo, Tratados éticos, IV, 787-788

La atención es despojarse de las pasiones para revestirse de las virtudes

Nicéforo el Solitario Nicéforo el Solitario, Tratado de la vigilancia y de la custodia del corazón

He soportado trabajos y fatigas, muchas noches sin dormir, hambre y sed, ayunos múltiples, frío y desnudez

Pablo Apóstol 2 Cor 11, 27

Sin duda, el enemigo combate [a los cristianos], pero ellos permanecen junto a la divinidad, se han revestido de la fuerza y el sosiego de lo alto, y no se preocupan de la guerra

Macario de Egipto Macario de Egipto, Homilías, colección II, XVI, 14 (cf. 15)

Cuando te asalte el espíritu de la acedia, no abandones tu casa, y no esquives en el momento oportuno la lucha provechosa, pues, igual que se blanquea la plata, así se volverá de brillante tu corazón

Evagrio Póntico Evagrio Póntico, A los monjes, 5 (ed. Gressmann, 157); Tratado práctico, 28

Los malos pensamientos, si tú les hablas y les das gusto, no dejarán de poner su raíz en tu corazón, crecerán y no se irán de él. Si, por el contrario, no hablas con ellos y, lejos de complacerlos, los odias, perecerán y saldrán de tu corazón

Padres del desierto Apotegmas, Eth. Coll. Et., 14,47. Cf. Ibid., serie alfabética, Poemen, 15; 20

El segundo combate, según la enseñanza recibida de nuestros Padres, es contra el espíritu de lujuria. Dura más tiempo y es más tenaz que todas las demás, y raros son aquellos que logran una victoria completa. Es un combate terrible

Juan Casiano Juan Casiano, Instituciones cenobíticas, VI, 1

La impasibilidad no consiste en no ser atacado por los demonios, pues para ello, como dice el apóstol, deberíamos irnos de este mundo (1 Cor 5, 10), sino en permanecer inexpugnables cuando nos atacan

Diádoco de Fótice Diádoco de Fótice, Centurias, 98

Recurre a Dios contra [tus enemigos], poniendo tu impotencia en su presencia, pues Él puede, no solo cerrarles la boca, sino también reducirlos a la impotencia

Barsanufio de Gaza Barsanufio, Cartas, 166

No esperes rechazar al demonio de la lujuria mediante la discusión y la contradicción, pues, como tiene por arma a la naturaleza, hallará buenas razones

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XV, 22

Es un duro combate el de la cenodoxia. Se libra uno de ella mediante la práctica oculta de las virtudes...

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, III, 62; IV, 43

La riqueza y la salud del alma están hechas de vigilancia y atención

Isaac de Nínive Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 38

[Gracias a los tres gigantes,] el resto de las pasiones crece y se fortifica

Juan Damasceno Juan Damasceno, Discurso útil al alma

Si nuestro espíritu ha sido probado, si ha sido enseñado, si está en condiciones de vigilarse a sí mismo y de ver con toda pureza, como en un cielo sereno, las imágenes seductoras y las ilusiones de los malos espíritus, apaga inmediata y fácilmente... las flechas inflamadas del diablo. Se niega a dejarse llevar por la imaginación apasionada. No acepta que nuestros pensamientos, entregándose a la pasión, se vuelvan conforme a la imagen que se les ha aparecido, o que conversen amigablemente con ella, o que se entretengan con ella, o que consientan en ella

Hesiquio de Batos Hesiquio de Batos, Capítulos sobre la vigilancia, 143

El recuerdo... de Jesús... disipa de forma natural todos los sortilegios de los pensamientos, las reflexiones, los razonamientos, las imaginaciones, las formas tenebrosas, en una palabra, todo aquello mediante lo que el malhechor se prepara para luchar contra las almas y se enfrenta a ellas... Si lo invocamos, Jesús consume todo fácilmente

Filoteo el Sinaíta Filoteo el Sinaíta, Cuarenta capítulos népticos, 22

[Solo] por medio de la praxis y los santos combates [de la ascesis se puede] adquirir el conocimiento [espiritual]

Simeón el Nuevo Teólogo Simeón el Nuevo Teólogo, Capítulos teológicos, gnósticos y prácticos, II, 10

No tenemos que luchar contra la carne y la sangre

Pablo Apóstol Ef 6, 12

[El hombre no es capaz de amar de verdad a Dios y al prójimo espontáneamente, sino] gracias a un largo combate

Macario de Egipto Macario de Egipto, Capítulos parafraseados, 13

Las virtudes no hacen que cesen los asaltos de los demonios, pero nos conservan indemnes

Evagrio Póntico Evagrio Póntico, Tratado práctico, 77

[Si el diablo] viene a extraviarte en la cenodoxia, realiza una acción o toma ante los hombres una actitud tal que ellos te desprecien. Pues, sábelo bien, Satán nada siente tanto como que el hombre desee la humillación y el desprecio

Padres del desierto Apotegmas, N 592/54

[El enemigo] nos ataca en dos frentes; debemos, pues, resistir en ambos. Y lo mismo que él extrae su fuerza o su debilidad tanto del cuerpo como del alma, no puede ser repelido más que por aquellos que luchan en los dos planos

Juan Casiano Juan Casiano, Instituciones cenobíticas, VI, 1

Estate vigilante para exterminar con fuerza las ocho naciones extranjeras [las ocho pasiones principales]

Barsanufio de Gaza Barsanufio, Cartas, 44

Corre en vano quien ha decidido luchar contra la carne y vencerla por sí mismo

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XV, 5; 23

La fuerza de los demonios disminuye cuando la práctica de los mandamientos debilita en nosotros las pasiones; es destruida cuando, finalmente, por efecto de la impasibilidad, estas pasiones han desaparecido del alma, pues ya no encuentran en ella unas complicidades que servían de base a sus ataques. Y este es sin duda el sentido del versículo: ‘Perderán su fuerza, y perecerán ante tu faz’ (Sal 9,4)

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, II, 57

La ascesis de la inteligencia, [que] es la obra del corazón... nos protege de las pasiones ocultas, para que no nos encontremos con ninguna de ellas en el país oculto, en el país espiritual

Isaac de Nínive Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 17

[Mediante los tres gigantes,] todo el ejército de los espíritus de malicia se insinúa, se afianza y puede realizar sus designios, pero sin [ellos] no podría mantenerse

Juan Damasceno Juan Damasceno, Discurso útil al alma

[En cuanto reconozcas los pensamientos que entran,] debes al momento, mediante la refutación, romper la cabeza de la serpiente

Hesiquio de Batos Hesiquio de Batos, Capítulos sobre la vigilancia, 22 (cf. 178)

[La atención y la vigilancia son] los remedios que salvan al alma

Filoteo el Sinaíta Filoteo el Sinaíta, Cuarenta capítulos népticos, 14

Por el esfuerzo y la tensión, la vigilancia y el combate, llegamos a ser capaces de adquirir el amor de Dios, ese amor que la gracia y el don de Cristo forman en nosotros

Macario de Egipto Macario de Egipto, Capítulos parafraseados, 11 (cf. 13); Homilías, colección II, V, 12

Si somos humildes, el Señor alejará de nosotros al enemigo y nos ayudará a guardar nuestra alma en todo momento

Padres del desierto Apotegmas, Eth. Pat. 179

Si estamos decididos... a luchar con las reglas del combate espiritual, concentremos todos nuestros esfuerzos en dominar este espíritu impuro poniendo nuestra confianza, no en nuestras fuerzas, pues la actividad humana no sería nunca capaz de ello, sino en la ayuda del Señor. Pues el alma será atacada necesariamente por este vicio mientras no reconozca que lleva a cabo una guerra por encima de sus fuerzas, y que el esfuerzo y la aplicación que pone en ella no pueden obtener la victoria si el Señor no acude en su ayuda y lo protege

Juan Casiano Juan Casiano, Instituciones cenobíticas, VI, 5; Conferencias, XII, 4 (cf. 15-16)

Permanezcamos en la oración para no volver a caer en las mismas pasiones ni en otras. Si uno se ha estropeado el estómago, el hígado o las entrañas al comer un alimento, una vez curado por el arte y los cuidados del médico, tiene cuidado por miedo a caer de nuevo en lo peor, acordándose del peligro pasado, conforme a lo que decía el Señor a quien había sido curado por él: ‘Estás curado; no peques más, no vaya a ser que te ocurra algo peor’ (Jn 5, 14)

Barsanufio de Gaza Barsanufio, Cartas, 347

Flagela a tus enemigos con el nombre de Jesús, pues no existe arma más poderosa ni en el cielo ni en la tierra. Cuando te cures de esta enfermedad [del temor], glorifica a Aquel que te ha liberado. Si le das gracias, Él te protegerá siempre

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XX, 7

Toda la lucha que el monje lleva a cabo contra los demonios tiene por objetivo separar las pasiones de las representaciones; si no, sería imposible permanecer impasible a la vista de las cosas

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, III, 41; 43; cf. I, 91

La pureza de los pensamientos tiene su fuente en los esfuerzos y la vigilancia

Isaac de Nínive Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 30

Tantas veces como se multipliquen en nosotros los malos pensamientos, arrojemos en medio de ellos la invocación de nuestro Señor Jesucristo. Veremos entonces cómo se esfuman inmediatamente como el humo en el aire, tal como nos lo ha enseñado la experiencia

Hesiquio de Batos Hesiquio de Batos, Capítulos sobre la vigilancia, 98; 20 (cf. 112; 174)

[El alma del hombre caído] se halla encadenada en la oscuridad y sus ojos espirituales están ciegos

Filoteo el Sinaíta Filoteo el Sinaíta, Cuarenta capítulos népticos, 19; 24

La presencia en el hombre de la energía de la gracia de Dios y el don del Espíritu Santo, que un alma fiel es juzgada digna de recibir, se adquieren mediante muchos combates, mucha paciencia, aguante, tentaciones y pruebas, pues el uso de la voluntad libre debe ser puesto a prueba mediante muchas tribulaciones. Cuando ella no entristece ya en nada al Espíritu, sino que concuerda con la gracia por la práctica de todos los mandamientos, entonces es liberada de las pasiones, recibe la plenitud de la adopción filial del Espíritu, de la sabiduría que se expresa de una forma misteriosa (cf. 1 Cor 2, 15), de la riqueza espiritual y de la inteligencia que no es de este mundo, de la que se hacen partícipes los verdaderos creyentes

Macario de Egipto Macario de Egipto, Homilías, colección II, IX, 7

Para vencer en los combates que la pasión suscita en nuestra carne, hemos de pertrecharnos con las armas de la mansedumbre

Juan Casiano Cf. Juan Casiano, Instituciones cenobíticas, VI, 18; VI, 23; Conferencias, XII, 6

[La humildad es] la hoguera de los demonios

Barsanufio de Gaza Barsanufio, Cartas, 229

La humildad es ‘una torre fortificada frente al enemigo’ (Sal 60, 4). El enemigo no prevalecerá contra el humilde, y el hijo -o, más bien, el pensamiento- de la iniquidad no lo dañará; él apartará a sus enemigos de delante él, y pondrá en fuga a los que le odian’ (Sal 88, 23-24)

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XXV, 26

[Si el hombre] carece de vigilancia y no tiene cuidado, se aparta fácilmente del camino, bien a la derecha o bien a la izquierda... y provoca esta enfermedad que es el mal

Isaac de Nínive Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 38

[Hay que] gritar a Cristo... justo después de la refutación. Entonces aquel que combate verá al enemigo disiparse con su imagen, como polvo al viento o humo que se desvanece, expulsado por el Nombre adorable de Jesús

Hesiquio de Batos Hesiquio de Batos, Capítulos sobre la vigilancia, 98; 20 (cf. 112; 174)

Cuando [el alma] empiece a rezar a Dios y a velar gracias a la oración, entonces, gracias a la oración, se verá libre de las tinieblas. Es imposible liberarse de otro modo. Pues entonces el alma puede reconocer que dentro del corazón existe otra lucha, otra oposición escondida, otra guerra contra los pensamientos de los espíritus del mal

Filoteo el Sinaíta Filoteo el Sinaíta, Cuarenta capítulos népticos, 19; 24

Si queremos llevar a cabo el combate espiritual según las reglas, tenemos que curar esta enfermedad con tanto cuidado como las anteriores

Juan Casiano Juan Casiano, Instituciones cenobíticas, IX, 1-2

[Al impasible] los artificios de los demonios ya no le resultan más que un juego irrisorio

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XXIX, 1; 9

La riqueza y la salud del alma están hechas de sobriedad vigilante y de atención. Mientras un hombre vive, tiene necesidad de sobriedad vigilante, de atención y de vigilia para guardar su tesoro. Y si descuida estas condiciones, cae enfermo y le roban su tesoro

Isaac de Nínive Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 38

Si nos fiamos solo de nuestra vigilancia o de nuestra atención, pronto seremos derribados y caeremos. Nos enredaremos cada vez más en sus redes: los malos pensamientos

Hesiquio de Batos Hesiquio de Batos, Capítulos sobre la vigilancia, 22; 26

La vigilancia ilumina y purifica primero la conciencia. Después, cuando la conciencia ha sido purificada, como una gran luz escondida que de pronto estalla, expulsa las grandes tinieblas. Y cuando las tinieblas han sido expulsadas por medio de una continua y verdadera vigilancia, la conciencia revela de nuevo lo que estaba oculto

Filoteo el Sinaíta Filoteo el Sinaíta, Cuarenta capítulos népticos, 19; 24

Quien quiera acometer la lucha de la perfección con todas las de la ley, debe... combatir en todos los frentes el pernicioso espíritu de la acedia

Juan Casiano Juan Casiano, Instituciones cenobíticas, X, 5

Considero que la señal de la santa impasibilidad es poder decir: ‘Cuando el maligno se aleja de mi, no lo noto (Sal 100, 4); no sé cómo ha llegado, ni por qué, ni cómo se ha marchado; sino que soy completamente insensible a todo esto, pues estoy unido enteramente a Dios, y siempre lo estaré’

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XXIX, 1; 9

Es imposible expulsar la sugerencia malvada sin invocar a Jesucristo

Hesiquio de Batos Cf. Hesiquio de Batos, Capítulos sobre la vigilancia, 24; 26; 42; 181

La experiencia demuestra que no se escapa a la tentación de la acedia huyendo, sino que hay que superarla haciéndole frente

Juan Casiano Cf. Juan Casiano, Instituciones cenobíticas, X, 25 (cf. 3; 5)

Que no cese jamás... la oración a Cristo Jesús nuestro Dios. Pues, fuera de Jesús, no hallarás en toda tu vida un socorro más poderoso. Solo el mismo Señor, puesto que es Dios, conoce las artimañas, los fraudes y los ardides de los demonios

Hesiquio de Batos Hesiquio de Batos, Capítulos sobre la vigilancia, 152; 142; 39 (cf. 145; 169)

Acosada por... las trampas del enemigo, la desdichada alma, empujada por el espíritu de la acedia... es conducida bien a ceder al sueño, bien a abandonar los límites de su celda y a buscar remedio a su tentación en la visita de un hermano. Pero el remedio que utiliza ahora la volverá más enferma poco después, ya que el adversario atacará con más violencia a quien sabe que le volverá la espalda nada más entablado el combate, y a quien ve que espera la salvación no de la victoria o de la lucha, sino de la huida

Juan Casiano Juan Casiano, Instituciones cenobíticas, X, 3; Conferencias, XXIV, 5

Lo que extingue y disuelve inmediatamente todos los pensamientos, todas las palabras, todas las fantasías, todas las imágenes, todos los males que los adversarios erigen en nosotros, es la invocación del Señor

Hesiquio de Batos Hesiquio de Batos, Capítulos sobre la vigilancia, 153

Todos los vicios, una vez dominados, se marchitan y cuando han sido vencidos se debilitan de día en día... La cenodoxia, tras ser abatida, vuelve a levantarse para combatir con mayor violencia y, cuando la creemos extinguida, se apoya en su derrota para incrementar su fuerza. Los otros vicios no atacan generalmente más que a aquellos a los que ya han vencido; pero este persigue más sañudamente a sus vencedores y, cuanto más enérgicamente ha sido aplastado, más se aprovecha del orgullo de su vencedor para atacarlo más violentamente

Juan Casiano Juan Casiano, Instituciones cenobíticas, XI, 7; 9

[La oración es lo único que puede] destruir hasta la propia marca y el impulso de la pasión

Hesiquio de Batos Cf. Hesiquio de Batos, Capítulos sobre la vigilancia, 28; 122; 152; 175; Marcos el Monje, A Nicolás, 7 (cita); Filoteo el Sinaíta, Cuarenta capítulos népticos, 47

Mientras ellos exponen las ilusiones de todas las pasiones, las propias de los principiantes y las de los fervorosos, los jóvenes aprenden los secretos de sus combates, que ven como en un espejo, enterándose de las causas y los remedios de los vicios que los sacuden, y saben también, antes de que se produzcan, cómo tienen que precaverse contra los combates por venir y cómo hacerles frente luchando contra ellos

Juan Casiano Juan Casiano, Instituciones cenobíticas, XI, 17, 1-2

[Mediante la oración de Jesús unida a la vigilancia,] curamos... la casa de nuestro corazón

Hesiquio de Batos Hesiquio de Batos, Capítulos sobre la vigilancia, 152

La oración establece en el espíritu la vigilancia

Hesiquio de Batos Hesiquio de Batos, Capítulos sobre la vigilancia, 94; 182 (cf. 183)

Si quieres... conocer fácilmente la vigilancia del corazón, que la oración de Jesús se pegue a tu aliento

Hesiquio de Batos Hesiquio de Batos, Capítulos sobre la vigilancia, 94; 182 (cf. 183)

Igual que los alimentos nocivos trastornan el cuerpo nada más tomarlos, pero el que ha comido poco de ellos puede, gracias a algún remedio, vomitarlos en cuanto le sientan mal y que no le afecten, lo mismo el espíritu, cuando ha recibido y absorbido malos pensamientos y siente su amargura, los vomita fácilmente y los rechaza gracias a la oración de Jesús dicha desde el fondo del corazón. Esto es lo que, gracias a Dios..., la experiencia ha permitido comprender a quienes están vigilantes

Hesiquio de Batos Hesiquio de Batos, Capítulos sobre la vigilancia, 188

Si observamos como es debido la pureza del corazón, es decir, la vigilancia y el cuidado de la mente..., ella extirpa del corazón todas las pasiones y todo el mal hasta la raíz

Hesiquio de Batos Hesiquio de Batos, Capítulos sobre la vigilancia, 113 (cf. 137); 1

[La vigilancia es] un método espiritual que, con la ayuda de Dios, libra por completo al hombre de los pensamientos y las palabras apasionados así como de las malas acciones, si se prosigue largo tiempo y ardientemente

Hesiquio de Batos Hesiquio de Batos, Capítulos sobre la vigilancia, 113 (cf. 137); 1

[La vigilancia] es propiamente la pureza del corazón

Hesiquio de Batos Hesiquio de Batos, Capítulos sobre la vigilancia, 113 (cf. 137); 1

La vigilancia es el camino de todas las virtudes y de todos los mandamientos de Dios

Hesiquio de Batos Hesiquio de Batos, Capítulos sobre la vigilancia, 3. Cf. Doroteo de Gaza, Instrucciones espirituales, X, 105