La falta de uno solo acarreó para todos una condenación
El impulso que arrastra... al mal es una enfermedad de nuestra naturaleza
¿Acaso no vemos los primeros movimientos de la carne, no solo en los niños que todavía se hallan en la edad de la inocencia y no tienen discernimiento del bien y el mal, sino incluso en los más pequeños y en los que todavía son niños de pecho? Sin que haya en ellos el menor comienzo de concupiscencia, testimonian sin embargo que estos movimientos están impresos por naturaleza en su carne. Asimismo, ¿no constatamos violentos accesos de ira incluso en los más pequeños, los cuales, antes de conocer la virtud de la paciencia, se perturban por las injurias que reciben y se resienten por las palabras burlonas que les dicen aunque sea de broma? Y en ocasiones, aunque les falta la fuerza para llevarla a cabo, no les falta el deseo de venganza que la ira les inspira
La naturaleza cayó enferma por la desobediencia de uno solo, es decir, de Adán. De este modo la multitud fue constituida pecadora; no porque hubiera compartido la falta de Adán, pues ella aún no existía, sino porque compartía su naturaleza, que había caído bajo la ley del pecado
Nosotros no hemos heredado la transgresión -puesto que Adán mismo la cometió no por necesidad, sino voluntariamente-, sino que hemos heredado la muerte, necesariamente, puesto que ella dominó sobre él por necesidad, y también ha reinado sobre todos aquellos que no habían pecado a semejanza de Adán
Si el único sentido del bautismo fuera perdonar los pecados, ¿por qué bautizaríamos a los recién nacidos, que todavía no han probado el pecado?
El hombre era arrastrado por el enemigo con una violencia tiránica, e incluso los que querían evitar el pecado se veían casi obligados a cometerlo
Por su corrupción, la voluntad natural de Adán acarreó la corrupción de la naturaleza, que se vio privada de la gracia de la impasibilidad y se convirtió en pecado. El primer pecado, muy culpable, fue el desliz inicial desde su inclinación primera, predispuesta al bien; el segundo, consecuencia del primero, fue la transmutación no culpable de la naturaleza desde su estado de incorruptibilidad al de la corruptibilidad. En efecto, el día en que transgredió el mandamiento divino, nuestro antepasado Adán cometió dos pecados: uno culpable; el otro, no culpable, consecuencia del primero. El primero ocurrió porque la voluntad rechazó, de buen grado, el bien; el otro, porque la naturaleza, sin quererlo, se vio privada de la inmortalidad, como consecuencia del comportamiento de la voluntad
Por la falta de uno solo murió la multitud
[Como consecuencia de la transgresión de Adán, hemos sufrido en nuestra naturaleza] una transformación que nos ha vuelto hacia el mal
[La humanidad ha caído] enferma de pecado
Nosotros, por lo tanto, hemos heredado solo la muerte de Adán
El pecado, consecuencia directa de la desobediencia, introduce en la naturaleza humana la pasibilidad, que marca a partir de entonces la ley de la procreación. Esta primera desobediencia se acrecienta con la pasibilidad, y la naturaleza humana se ata voluntariamente al mal con unos lazos tan imposibles de desatar que ya no existe para el hombre ninguna esperanza de liberarse de ellos
La muerte reinó... incluso sobre aquellos que no habían pecado con una transgresión semejante a la de Adán
[La humanidad ha compartido con Adán] su naturaleza caída bajo la ley del pecado
Todos nacen bajo el pecado
Por la desobediencia de uno solo la multitud fue constituida pecadora
Como el primer hombre estaba muerto, es decir, separado de Dios, nosotros no podíamos vivir en Dios
Igual que por un solo hombre entró el pecado en el mundo, y por el pecado la muerte, y así la muerte pasó a todos los hombres, porque todos pecaron