El pecado, consecuencia directa de la desobediencia, introduce en la naturaleza humana la pasibilidad, que marca a partir de entonces la ley de la procreación. Esta primera desobediencia se acrecienta con la pasibilidad, y la naturaleza humana se ata voluntariamente al mal con unos lazos tan imposibles de desatar que ya no existe para el hombre ninguna esperanza de liberarse de ellos
Traducido del griego