[Para disipar la tristeza,] juntad a los razonamientos una oración asidua. Mediante el empleo frecuente de este doble remedio David... calmaba sus dolores y consolaba sus penas. Tan pronto oraba y decía: ‘Las aflicciones se han multiplicado en el fondo de mi corazón; líbrame de los males que me agobian’, como se dirigía a sí mismo este piadoso y religioso discurso: ‘¿Por qué estás triste, alma mía, por qué me perturbas? Espera en el Señor, yo volveré a alabarlo’
[Tenemos que rechazar toda tristeza,] excepto la que suscita una penitencia saludable, la búsqueda de la perfección o el deseo de los bienes futuros
La lamentación por los pecados comporta una tristeza muy suave y una amargura parecida a la miel, porque está sazonada con una esperanza buena y excelente. Por eso nutre el cuerpo y hace brillar de alegría el fondo del alma