Son perfectos quienes poseen el Espíritu de Dios que permanece siempre con ellos y, al mismo tiempo, se mantienen irreprochables en lo referente a sus almas y a sus cuerpos, es decir, conservan la fe en Dios y observan la justicia para con el prójimo
Cada uno de nosotros posee la fuerza manifiesta del Espíritu en proporción con la fe que hay en él. De este modo, cada uno es el intendente de su propia gracia
Los que temen a Dios, los que creen en el advenimiento de su Hijo y, por la fe, permiten que more en su corazón el Espíritu de Dios, ésos serán llamados con justicia hombres ‘puros’, ‘espirituales’ y ‘que viven para Dios’, porque poseen el Espíritu del Padre, que purifica al hombre y lo eleva a la vida de Dios