¿Qué te distingue? ¿Qué tienes tú que no hayas recibido? Y si lo has recibido, ¿por qué te glorías como si no lo hubieras recibido?
Despreciad toda gloria procedente de los hombres, para no buscar más que aquella que merece verdaderamente ese nombre, gloria que solo Dios dispensa a quienes son dignos de ella
Se cura por la fe en Aquel que ha dicho: ‘El Señor se opone a los orgullosos y da su gracia a los humildes’ (Sant 4, 6), es decir, por el temor de la sentencia a la que se exponen por el orgullo
La humildad es la madre de la mansedumbre del corazón. Si cierras la puerta al orgullo, la ira no encuentra entrada. La brutalidad y la ignominia provocan esta enfermedad en los violentos. Pero la ignominia no alcanza al que practica la humildad
Eres una criatura de Dios; no repudies a tu Creador
[El hombre, sin Dios, no es sino] polvo y ceniza, sombra y humo
Aplicad al miembro o a la parte del alma que... está especialmente herida el remedio de la verdadera humildad
Nuestro gran y celestial médico nos ha dado remedios y cataplasmas... Ante todo, nos ha dado la humildad, que destierra todo orgullo
El médico de nuestras almas es Cristo, que lo sabe todo y da a cada pasión el remedio apropiado, quiero decir, sus mandamientos: contra la cenodoxia, la humildad
Esforcémonos por no gozar sino de la gloria de arriba. En efecto, quien ha gustado de ella despreciará cualquier gloria terrena
La humildad libera al espíritu... de la cenodoxia
Considera, oh hombre, en cuán grande excelencia te ha puesto el Señor Dios, porque te creó y formó a imagen de su amado Hijo según el cuerpo, y a su semejanza según el espíritu.
Dios es quien produce en vosotros el querer y el hacer, según su benevolencia
No podemos liberarnos de esta pasión más que absteniéndonos de cualquier ejercicio de superioridad, igual que no se olvida una lengua o un arte más que cesando por completo, no solo de practicarlo o de hablar uno mismo, sino también de oír hablarlo y de ver practicarlo a otros
La humildad arruinará la soberbia, la modestia curará el orgullo malsano
No tienes nada que no hayas recibido de Dios... Reconoce a quien te ha dado y deja de ensalzarte... Dios te ha ayudado; no reniegues de tu bienhechor
A esta humildad le otorga Cristo el primer puesto en sus bienaventuranzas, porque el diluvio de males que inunda la tierra no tiene otra fuente que el orgullo... Como el orgullo era, por así decir, el mal culminante del hombre y la raíz y fuente de todos los pecados del mundo, Jesucristo, para curarlo mediante un remedio contrario, estableció primero esta ley de la humildad como fundamento inamovible del edificio que quería construir. Cuando se ponga este fundamento, el que construya podrá elevar sin temor el resto del edificio; pero si falta, cuando el edificio se eleve hasta el cielo, necesariamente se tambaleará y se irá cayendo a pedazos
Aprenderemos cómo evitar el veneno tan peligroso de esta enfermedad buscando su causa y su origen. En efecto, las enfermedades no podrán curarse nunca, ni se podrán encontrar los remedios para los problemas de salud, si antes no se buscan mediante una investigación minuciosa sus orígenes y sus causas
Mantenerse por debajo de todos [se opone] a la primera forma de orgullo. En efecto, el que se pone por debajo de todos, ¿cómo podría creerse más grande que su hermano, elevarse en algo, censurar o despreciar a alguien?
Desde el momento en que... la santa humildad empieza a florecer en nosotros, nos ponemos de inmediato... a odiar toda gloria y toda alabanza humana
La caridad suprime el orgullo
Eso no depende del que quiere, ni del que corre, sino de Dios
Podremos salir totalmente indemnes de esta enfermedad mortal si no esperamos para mantenernos en guardia que sus peligrosos asaltos le hayan dado ya poder sobre nosotros; pero necesitamos que un sabio y prudente discernimiento prevenga lo que podríamos llamar sus avanzadillas
Cree que desprecio y ultrajes son remedios contra el orgullo de tu alma, y ruega por aquellos que te maltratan, como si se tratara de verdaderos médicos
Habrá poca esperanza de salvación para estos enfermos
Podremos escapar de la red que este espíritu nos tiende con su maldad si, a propósito de cada una de las virtudes en las que tenemos la impresión de haber progresado, decimos con el apóstol: ‘No soy yo, sino la gracia de Dios conmigo’, y: ‘Por la gracia de Dios soy lo que soy’ (1 Cor 15, 10)
La oración continua... se opone a la segunda clase de orgullo... El que ruega a Dios sin cesar conoce la fuente de cualquier buena obra que le sea dado realizar, y no puede concebir orgullo por ella ni atribuirla a sus propias fuerzas. Atribuye a Dios toda obra buena, y no deja de darle gracias y de invocarlo, temiendo que la pérdida de semejante auxilio deje aparecer su propia debilidad y su impotencia
El orgullo visible se cura mediante una situación oscura
En cada una de nuestras acciones tenemos, no solo que sentir, sino también que reconocer: ‘Yo no puedo hacer nada por mí mismo. El Padre que está en mí es quien actúa’ (Jn 5, 30; 10, 14)
[Cristo] nos muestra la causa que conduce al desprecio y a la transgresión de los preceptos de Dios; de este modo nos proporciona el remedio para que podamos obedecer y salvarnos. ¿Cuál es, pues, este remedio y cuál es la causa del desprecio? Escuchad lo que dice nuestro Señor mismo: ‘Aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis reposo para vuestras almas’ (Mt 11,29). He aquí que brevemente, en pocas palabras, nos muestra la raíz y la causa de todos los males, así como su remedio, causa de todos los bienes; nos muestra que es el engreimiento lo que nos ha hecho caer, y que es imposible obtener misericordia si no es por medio de la disposición contraria, que es la humildad
Todo lo que te ha sucedido desde que naciste, igual que el mismo nacimiento, te lo ha dado Dios
Aprendamos, sintiendo en cada acción nuestra debilidad y su ayuda, a proclamar cotidianamente: ‘Me empujaron para hacerme caer, pero el Señor me sostuvo; mi fuerza y mi alabanza es el Señor: Él fue mi salvación’ (Sal 117, 13-14)
Cristo nos enseña la causa que lleva hasta el desprecio y la transgresión de los preceptos de Dios [a saber, el orgullo]; nos proporciona así el remedio para que podamos obedecer y salvarnos. ¿Cuál es este remedio y cuál es la causa del desprecio? Escuchad lo que dice nuestro Señor mismo: ‘Aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y hallaréis descanso para vuestras almas’ (Mt 11, 29). He aquí que, brevemente, en muy pocas palabras, nos muestra la raíz y la causa de todos los males, junto con su remedio, fuente de todos los bienes; nos muestra que lo que nos ha hecho caer es el habernos elevado, y que no se puede obtener misericordia sino mediante la disposición contraria, que es la humildad
Cuando nuestro pensamiento deja de elevarse a propósito de los bienes naturales, es señal de que comienza a recobrar la salud
El creador del universo y su médico, Dios, sabiendo que el orgullo es la causa de las enfermedades más graves, se preocupa de curar los contrarios mediante los contrarios, de modo que lo que había caído por el orgullo vuelva a levantarse por la humildad
¿Qué tienes tú que no hayas recibido como un don gratuito, ya sea de Dios mismo, ya por la ayuda y las oraciones de los otros?
Si la peste infecciosa infecta la parte racional, engendra en ella la cenodoxia, el encumbramiento, el orgullo, la presunción... Aplicad, pues, al miembro o a la parte de vuestra alma que hemos dicho que está especialmente herida, el remedio de la verdadera humildad
De todas las virtudes que has adquirido, solo las que has adquirido sin ayuda de tu inteligencia te pertenecen, pues tu inteligencia te la ha dado Dios. De todas las victorias que has logrado, solo las que has logrado sin la cooperación de tu cuerpo son resultado de tu esfuerzo, pues tu cuerpo es obra de Dios, no tuya
El orgullo invisible solo puede curarlo Aquel que es eternamente invisible
Los hombres pueden curar a los voluptuosos; los ángeles, a los malvados; pero a los orgullosos, únicamente Dios
Si esta pasión [del orgullo] por sí sola, sin el concurso de ninguna otra, ha podido hacernos caer del cielo, podemos preguntarnos si no sería posible subir al cielo solo por medio de la humildad, sin ayuda de ninguna otra virtud