Dios, que dijo: ‘del seno de las tinieblas brillará la luz’, ha hecho brillar la luz en nuestros corazones para que resplandezca el conocimiento de la gloria de Dios en el rostro de Cristo
Él [san Benito] vio una luz... En esta visión... el mundo entero, como si se hubiera juntado bajo un solo rayo de sol, se presentó ante sus ojos
En este momento, como todos los seres finitos, dejamos de poseer nuestras propias facultades y nos convertimos en algo que nuestras facultades naturales no podrían nunca producir, pues la naturaleza humana no posee la capacidad de comprender lo que está por encima de la naturaleza. En efecto, ninguna criatura puede obtener de ella misma la deificación, porque es incapaz de aprehender a Dios. Solo la gracia divina puede operar la deificación, según los méritos de cada uno, irradiar la naturaleza mediante la luz sobrenatural y elevarla, por la excelencia de su claridad, más allá de sus propios límites
Dios es luz (1 Jn 1, 5) y su visión es una luz
Es evidente que esta iluminación sobrepasa... todo conocimiento, aunque la llamemos ‘conocimiento’ (γνώσις) e ‘intelección’ (νόησις), porque es el Espíritu quien se la proporciona a la inteligencia (νούς)
[La luz increada es] la luz de la santa Trinidad
La luz es evidentemente la que introduce en nosotros el conocimiento; en efecto, no hay otro medio de conocer a Dios, sino mediante la contemplación de la luz que emana de Él
La luz espiritual no es solo el objeto de la visión, sino también la facultad que permite ver
Nosotros damos testimonio de que Dios es luz; de que aquellos que han sido juzgados dignos de verlo lo han contemplado todos como luz; de que quienes lo han recibido lo han recibido como luz, porque delante de Él camina la luz de su gloria y es imposible que Él aparezca sin luz; de que aquellos que no han visto su luz tampoco lo han visto a Él, porque Él es la luz; de que quienes no han recibido la luz tampoco han recibido todavía la gracia, pues quienes han recibido la gracia han recibido la luz de Dios y a Dios mismo
La luz del conocimiento se comunica por medio de la presencia de la luz de la gracia
[En Dios] no existe el menor rastro de noche, ningún velo de oscuridad, absolutamente ninguno
[Esta luz no es] ni una sensación, ni una intelección, sino una potencia espiritual, distinta en su transcendencia de todas las facultades cognitivas creadas
[Dios] es quien establece estas tinieblas que cubren no su ser, sino nuestra persona
[La luz de la gracia hace que el hombre sea] todo entero como una luz
¿Quién, tras haberte visto, tras haber sido iluminado sensiblemente por tu Gloria, por tu divina luz, no se ha transformado en su inteligencia, su alma y su corazón, y no ha obtenido el favor extraordinario, oh Salvador, de ver y oír de una manera diferente? Pues la inteligencia, sumergida en tu luz, se vuelve luminosa, se transforma en luz; semejante a tu gloria, se llama tu inteligencia; aquel a quien se le ha concedido llegar a este estado sí merece poseer tu inteligencia y se vuelve inseparablemente uno contigo
Entonces, oh milagro, es Dios quien mira, no solo con el alma que está en nosotros, sino también con nuestro cuerpo. Por eso nosotros... vemos entonces claramente, con nuestros órganos corporales mismos, la luz divina e inaccesible
El Sin-forma y Sin-figura ya no viene como antes sin forma y sin figura, ni en el silencio que realiza en nosotros la presencia y el advenimiento de su luz. ¿Cómo, entonces? Bajo una cierta forma, una forma que sin embargo es de Dios, aunque no sea en un contorno o una huella; tomando forma en una luz incomprensible, inaccesible y sin forma, Dios, que es simple, se muestra, ya que nosotros no podemos decir ni expresar nada más; pero, en todo caso, Él se muestra al descubierto, se hace reconocer de manera totalmente consciente y se deja ver con toda claridad; Él, el invisible, habla de modo invisible y escucha cara a cara como un amigo a un amigo; Él, que es Dios por naturaleza, conversa con los dioses nacidos de Él por gracia
El que participa de la energía divina se convierte él mismo de algún modo en luz
Luz es el Padre, luz el Hijo, luz el Espíritu Santo... Los tres son una sola Luz, única, no separada sino unificada en tres Personas, sin confusión
Los santos ven y reciben en participación el Reino, la gloria, el esplendor, la luz inefable y la gracia divina, pero no la esencia de Dios
Dios, a la vez que permanece todo entero en Sí mismo, habita todo entero en nosotros por su potencia superesencial y nos comunica no su naturaleza, sino su gloria y su resplandor
[La luz increada es] el resplandor inefable de la naturaleza una en tres hipóstasis
[El hombre,] unido a la luz y con la luz, ve con plena conciencia todo lo que permanece oculto para quienes no tienen esta gracia