La fuerza y el principio de todo pecado son los malos pensamientos
He conocido monjes que, después de muchos trabajos, han caído y llegado a la locura por haber contado con sus propias obras y por haber eludido mediante razonamientos falsos el mandamiento de quien dijo: ‘Pregunta a tu padre y él te informará’
[Por no haber revelado su estado interior a un padre espiritual,] muchos han llegado al suicidio, uno arrojándose desde lo alto de una roca en un ataque de locura, otro abriéndose el vientre con un cuchillo, otros de distintas maneras. Pues es una gran falta no descubrir inmediatamente el propio mal a aquel que posee el conocimiento
El que no teme revelar sus pensamientos ante los Padres, los expulsa lejos de él
El que quiera realizar avances apreciables y vivir según los preceptos de nuestro Señor Jesucristo, no debe mantener oculto en su fuero interno ningún movimiento. Por el contrario, deberá descubrir los secretos de su corazón a aquellos que han recibido la misión de ocuparse de los enfermos con simpatía y comprensión
Nada causa más alegría al enemigo que aquellos que no manifiestan sus pensamientos
Yo tenía en el alma una pasión que me dominaba. Al oír que Abba Zenón había curado a muchos de ella, quise ir a verle y abrirme a él... A menudo... acudía al Anciano para decírselo todo, pero el enemigo no me dejaba hablar, introduciéndome la vergüenza en el corazón y diciendo: ‘Puesto que sabes cómo curarte, ¿para qué hablar de ello? En efecto, no te descuidas, sabes lo que los Padres han dicho’. Esto es lo que me sugería el adversario para que no manifestara mi enfermedad al médico y no me curara... Finalmente, afligido y llorando, dije a mi alma: ‘¿Hasta cuándo, alma desgraciada, vas a persistir en no querer curarte? Los que viven lejos acuden al Anciano y son curados y a ti, que vives tan cerca del médico, ¿no te da vergüenza no hacerte cuidar?’
Encomendemos sin escrúpulos a los Ancianos los pensamientos que nacen en nuestro corazón, a pesar del velo con el que desearía cubrirlos la falsa vergüenza
Si preguntas a un Anciano por un pensamiento, descúbrele el pensamiento con libertad
Si un pensamiento persiste y te declara la guerra, díselo a tu padre
No es necesario preguntar por todos los pensamientos que germinan en el corazón, pues los hay pasajeros. Se debe interrogar a propósito de los pensamientos que permanecen y luchan contra el hombre
No hay que callar ciertas cosas y contar otras, sino revelarlo todo y pedir consejo en todo
Aquel que oculta [sus malos pensamientos a su padre espiritual] se extravía al momento por desiertos sin camino
Los [demonios] que acosan sin cesar nuestra alma para hacerla caer en el pecado de pensamiento o de acción, se sirven de los pensamientos apasionados
No existe otra vía segura de salvación, si no es que cada uno confiese sus propios pensamientos a aquellos Padres que están dotados de discernimiento
¿Hay algo más luminoso que un alma entregada constantemente a este ejercicio? Quienes lo han experimentado saben qué esperanza, qué despreocupación y qué libertad adquieren. Y también qué ausencia de miedo..., qué alivio de las luchas, qué apaciguamiento de los pensamientos y, en fin, qué pureza de alma
Como a Dios, dile [a tu padre espiritual] tus pensamientos... sin ocultar nada
Todos los pecados alcanzan primero al espíritu bajo la forma de los pensamientos
Es una grave falta no declarar inmediatamente el mal a aquel que posee la ciencia sobre él, antes de que la enfermedad se vuelva crónica
[Hay que descubrir los secretos del corazón] a aquellos que han recibido la misión de curar a los enfermos
No confíes tu conciencia a aquel en quien tu corazón no tiene una confianza plena
Quien oculta sus pensamientos enferma de orgullo
Esta disciplina no solo enseñará... a marchar recto por el sendero del verdadero discernimiento...; se ganará también una verdadera inmunidad respecto a todas las artimañas y trampas del enemigo. Es imposible caer en la ilusión si uno no convierte en regla de su vida su propio juicio, sino los ejemplos de los Ancianos; y toda la destreza del demonio no prevalecerá contra la ignorancia de un hombre que es incapaz, por otra parte, de esconder por falsa vergüenza ninguno de los pensamientos que nacen en su corazón, sino que se encomienda a la madura apreciación de los Ancianos, para saber si debe admitirlos o rechazarlos
El pensamiento que se demora en ti y te hace la guerra, cuéntaselo a tu padre y él te curará
La libertad, en lo referido a los pensamientos, es, para el que pregunta, descubrir completamente el pensamiento a aquel a quien se dirige, no ocultarle nada ni disfrazarlo de ningún modo por vergüenza, ni echar la culpa a otro, como suele ocurrir, sino hacerse cargo de él. En cambio, disimular el pensamiento perjudica
Si un hombre no confiesa todo lo que hay en él..., el diablo descubrirá en él una voluntad propia que le permitirá derribarlo
Al mostrar nuestras heridas..., [estas] no se agravan, sino que, por el contrario, se curan
De las pasiones ocultas en el alma reciben los demonios los medios para suscitar en nosotros los pensamientos apasionados. Luego, mediante estos pensamientos, asaltan el espíritu y lo empujan a la fuerza hacia una actitud de sumisión al pecado. Una vez dominado, lo conducen al pecado de pensamiento; después, realizado este pecado, lo precipitan... al pecado de acción
Sepan todos que, para alcanzar la salvación (comprendida la perfección), no existe un medio más eficaz y rápido que el de manifestar los pensamientos
Lo que podemos observar en las enfermedades del cuerpo sucede también en los males del alma: el médico proporciona sus cuidados y aplica su cura en el lugar que ha diagnosticado y visto bien con sus ojos. Pero el que se abandona a su propio capricho y actúa según sus propias ideas, sin dar a conocer a los padres la enfermedad de su alma mediante la manifestación de los pensamientos, atrae sobre él el lamentable veredicto: ‘¡Ay de los que son sabios a sus propios ojos y se tienen a sí mismos por inteligentes!’ (Is 5,21)
Lo mismo que una serpiente que sale de su madriguera huye corriendo al momento, así el mal pensamiento, en cuanto se manifiesta, se disipa
[Cuando] reprimimos nuestros malos pensamientos y nos avergonzamos de darlos a conocer a los Ancianos... nos volvemos incapaces de obtener remedio para ellos
Di tu pensamiento a tu Padre y él te curará gracias a Dios
Quien se abstiene de revelar sus pensamientos se queda sin cura para sus males
[A aquel que se entrega totalmente a su propio pensamiento,] el enemigo lo abate como se le antoja
Descubre, saca a la luz tu llaga ante el médico y dile sin avergonzarte: ‘He aquí mi herida, padre, he aquí mi herida’
Sabéis qué numerosas son las trampas y las artimañas del diablo. Nadie escapará de ellas si no es por la manifestación de los pensamientos
Por las oraciones del Anciano, Dios me ha curado
Cuanto más a menudo se manifiestan estas turbaciones, más deprisa se consigue sanar de ellas
Que el alma se asegure revelando todo y oyendo decir a alguien competente: ‘Haz esto, no hagas aquello; esto es bueno, aquello es malo; esto es una pretensión justa, aquello es tu propia voluntad y también: ‘No es el momento de hacer esto’; y en otra ocasión: ‘Ahora es el momento’: entonces el diablo ya no encontrará ningún pretexto para perjudicarlo ni cómo hacerle caer, puesto que está constantemente guiada y protegida por todas partes
¿De dónde proceden en vosotros... las acciones irracionales? ¿No es acaso de que no descubrís vuestros malos pensamientos, sino que más bien los escondéis?
Dos hermanos... se encontraron un día y uno le dijo al otro: ‘Me gustaría ir a ver a Abba Zenón y confiarle un pensamiento’. El otro dijo: ‘Yo también quiero decirle un pensamiento’. Se fueron, pues, juntos y cada uno le manifestó sus pensamientos. El primero se prosternó ante el anciano y le suplicó con muchas lágrimas. El anciano le dijo: ‘Ve, no te desanimes, no hables mal de nadie y no descuides tu oración’. El hermano se fue y se curó. El otro le descubrió su pensamiento y le dijo: ‘Reza por mí’, pero no se lo pidió con insistencia. Algún tiempo después, tuvieron ocasión de volver a encontrarse y uno le dijo al otro: ‘Cuando fuimos a ver al anciano, ¿le manifestaste el pensamiento que decías que querías contarle?’. El otro le contestó: ‘Sí’. Él le dijo: ‘¿Te sentó bien revelárselo?’. El otro respondió: ‘Sí. Por las oraciones del anciano, Dios me curó’. Y él dijo: ‘Yo, por más que confié, no experimenté ningún resultado de la cura’. El que había obtenido provecho le dijo: ‘¿Y cómo suplicaste al anciano?’. El otro dijo: ‘Reza por mí, pues tengo este pensamiento’. ‘Pues yo -dijo el otro-, mientras hacia mi confesión, bañaba sus pies con mis lágrimas, suplicándole que rezara por mí; y gracias a sus plegarias, Dios me devolvió la salud’
Manifestemos a los ancianos todos los secretos de nuestra alma, y vayamos con toda confianza a buscar junto a ellos el remedio a nuestras heridas
Yo no tenía ninguna tribulación, ninguna preocupación. Si tenía un pensamiento, cogía mi tableta y escribía al Anciano... y aún no había terminado de escribir, cuando sentía el alivio y el provecho que eso me proporcionaba. Eran mi despreocupación (άµεριµνία) y mi descanso (άνάπαυσις)
El principio y la raíz de las faltas que cometemos es el mal pensamiento
Os lo ruego, hermanos, reprimamos los pensamientos igual que reprimimos los actos
Le confiaba todo al Anciano, el Abba Juan, y nunca admitía hacer nada sin su opinión... Nunca me permitía seguir mi pensamiento sin pedir consejo. Y creedme, hermanos, sentía una gran tranquilidad, una gran despreocupación
Si te ves asediado por pensamientos impuros, no los escondas, sino cuéntaselos enseguida a tu padre espiritual... Pues en la medida en que uno oculta sus pensamientos, se multiplican y toman fuerza... Y, como un gusano en la madera, así el mal pensamiento corrompe el corazón
Os exhorto a que, según la palabra de la Escritura (1 Cor 14, 26), deis a conocer los secretos del corazón. Pues es imposible que una planta que tiene un gusano no perezca, lentamente roída por él; ni que un alma que encierra una serpiente, quiero decir cualquier cosa no manifiesta, no se pudra ni se llene de gusanos, y no termine totalmente corrompida. Por tanto, os lo suplico, echad fuera al roedor escondido en vosotros