[El apóstol invita a rezar] en todo lugar con manos santas, sin ira ni malos pensamientos
Está escrito: a quien tiene, se le añadirá más...; al conocimiento, la caridad
El alma iluminada por el Espíritu... y que ve así por el espíritu la belleza deseada, única e inexpresable, está herida por el amor divino... Entonces adquiere un amor ilimitado e inagotable por el Señor a quien desea
El que se esfuerza en la oración pura oirá ruidos y estrépitos, voces e insultos, pero no se desmoronará ni perderá su sangre fría, y le dirá a Dios: ‘No temo ningún mal, porque Tú estás conmigo’ y otras palabras semejantes
[La perfección de la oración es] el arrobamiento en el Señor
Cuando durante la oración no viene nunca a perturbar tu mente ningún recuerdo del mundo, entonces ya no estás fuera del ámbito de la impasibilidad
De la oración pura nace el amor a Dios
[La vigilancia] libera por entero al hombre de los pensamientos apasionados y de las malas acciones, si se persigue larga y ardientemente..., proporciona, en la medida de lo posible, un conocimiento seguro de lo Incomprensible, y... abre los misterios divinos y ocultos
Hemos recibido la ley de la purificación del corazón solo por esta razón: cuando las nubes de la malicia hayan abandonado el espacio del corazón y hayan sido disipadas por una atención continuada, podremos con toda pureza, como en un cielo sereno, ver a Jesús, el Sol de Justicia
No se puede adquirir y conservar el perfecto amor a Dios más que en la medida del conocimiento espiritual
Los impasibles conocen en la oración un gran silencio y un vacío extremo de representaciones y de pensamientos
Con el concurso de la oración, desprecia cualquier representación sensible o intelectual que surja de tu corazón
La participación de las virtudes, por la semejanza [con Dios] que instaura, tiene el efecto de disponer al hombre virtuoso para recibir a Dios. Corresponde al poder de la oración operar esta recepción
[Hay que aplicar la atención a la oración] permaneciendo sin imágenes ni figuras, sin imaginar ni pensar en nada, ni sensible ni intelectual, ni exterior ni interior, ni aun cuando se trate de algo bueno. Pues Dios está fuera de todo lo sensible y lo inteligible, por encima de todo ello; por lo tanto, el espíritu que quiere unirse a Dios por medio de la oración debe salir a la vez de lo sensible y de lo inteligible, superar todo esto para obtener la unión divina
El conocimiento termina en la caridad
Si eres teólogo, rezarás verdaderamente; y si rezas verdaderamente, eres teólogo
Cuando en el momento de la oración tengas siempre el espíritu sin materia y sin forma, entonces has logrado la plena medida de la impasibilidad
El amor es hijo del conocimiento
Procura no tener en tu corazón ningún pensamiento, ni irracional ni racional
Si van juntas a lo largo de los días, la atención y la oración son semejantes al carro de fuego de Elías: elevan a lo alto del cielo a aquel a quien llevan... Si con un corazón dichoso él lleva a cabo o se esfuerza por llevar a cabo la vigilancia..., en el orden de la contemplación y de la elevación místicas, se convierte en el espacio de Dios que nada puede contener
[Mientras el Señor no se ha manifestado,] nosotros no podemos amarlo como es debido
Aunque se presenten ante ti unos conceptos buenos de las cosas, no les prestes atención
La oración es la que procura esta bienaventurada contemplación
No por haber alcanzado la impasibilidad rezaremos verdaderamente, pues podemos quedarnos en los pensamientos simples y distraernos en meditarlos y, por lo tanto, estar lejos de Dios
Todas las virtudes ayudan al espíritu al amor por Dios, pero más que las demás, la oración pura
[En la oración pura] alcanzan su cumplimiento y tienen su fin todos los modos y todas las formas con las que los hombres oran a Dios
Preserva tu corazón de todo pensamiento, incluso aunque parezca bueno
Si queremos descubrir y conocer la verdad sin temor a equivocarnos, procuremos no tener más que la operación del corazón absolutamente sin forma ni figura, no reflejar en nuestra imaginación ni forma ni impresión de las llamadas cosas santas, no contemplar ninguna luz, pues el error, sobre todo al principio, acostumbra a confundir la mente de los menos experimentados con estas fantasías engañosas
La iluminación se presenta al espíritu puro en la medida en que se ha liberado de todas las representaciones y de toda forma
Esfuérzate por volver tu espíritu sordo y mudo en el momento de la oración, y podrás rezar
El conocimiento engendra el amor de Dios
[La gracia de este conocimiento] se concede a aquellos que son dignos de él, en el momento de la oración; tiene su fuente en la oración; no tiene más lugar que este tiempo para habitar en nosotros con toda su gloria, según el testimonio de los Padres. Por eso se le llama oración, debido a que el espíritu es llevado a esta beatitud por la oración, a que la oración es su fuente, y a que tal gracia no tiene lugar en otros momentos, como muestran los escritos de los Padres
Que se llame a la custodia del espíritu con sus nombres propios, que le dan todo sus sentido: fuente de luz, fuente de los resplandores, efusión luminosa, portadora de fuego... Por estas luces llameantes que nacen de ella, hay que... llamar a esta virtud con nombres preciosos... Quienes la aman pueden... contemplar los misterios y convertirse en teólogos. Al volverse contemplativos, nadan en esta luz totalmente pura e infinita, la tocan con roces inefables, permanecen y viven con ella, pues al fin han gustado qué bueno es el Señor
Si practicas como es debido la hesiquía a la espera de la unión con Dios, no dejes nunca que un objeto sensible o inteligible, exterior o interior, aunque sea la imagen de Cristo, o la forma pretendida de un ángel, o de santos, o una luz, se inscriba o se dibuje en tu mente
[La purificación del corazón es la purificación] de todas las facultades y potencias del alma y del cuerpo
Aun cuando la mente no se entretenga con los pensamientos simples, no por eso ha alcanzado ya el lugar de la oración; ya que puede estar en la contemplación de los objetos y ocuparse con sus razones, las cuales, aunque sean expresiones simples, sin embargo, como son consideraciones de objetos, imprimen una forma al espíritu y lo apartan de Dios
El estado de oración sitúa [al espíritu] en Dios mismo
Algunos Padres llaman camino a esta oración espiritual. Otros lo llaman conocimiento. Otros, visión del espíritu
Cuando el espíritu se ha despojado por completo de todos los pensamientos y de las formas que estos le imponen, entonces lo ilumina la bienaventurada luz de la Divinidad si es que, gracias al vacío de todos los pensamientos, este resplandor se revela de pronto a la inteligencia pura
La actividad (ένέργεια) de la mente se ordena y purifica fácilmente [cuando uno se abstiene de todo pensamiento]
La oración es deposición de las representaciones (άπόθεσις νοηµάτων)
Lo mismo que el cuerpo, cuando muere, se separa totalmente de las cosas de este mundo, así también el alma que se aplica a permanecer en este estado muy elevado de la oración, y que muere, se separa de todos los pensamientos del mundo
Cuando el alma es conducida por la energía del Espíritu hacia las cosas divinas, los sentidos y sus energías propias nos son inútiles, igual que nos son inútiles las potencias del alma espiritual cuando, por la unión incomprensible, se hace igual a la Divinidad y se halla iluminada en sus movimientos por el rayo de la luz más elevada
La virtud de la atención hace que abunde todo bien en [el] corazón
La potencia (δύναµις) que produce esta actividad [de la mente] no está purificada más que cuando las otras potencias también lo están. Pues el alma es una esencia con múltiples potencias; cuando de una de sus potencias se deriva algún mal, se mancha toda entera, pues todas están comunicadas en la misma unidad. Debido a que cada potencia tiene su actividad, es posible, con cierta aplicación, purificar por algún tiempo una actividad cualquiera. Pero la potencia no por ello estará purificada, pues se comunica con las demás y está, por tanto, más impura que pura
La contemplación de Dios no recae en nada que imprima una forma en la mente (νούς)
La gracia de la oración une al espíritu con Dios y, por eso mismo, lo retira de cualquier otro pensamiento. El espíritu, conversando entonces con Dios, en su desnudez, se vuelve deiforme
Las cosas divinas vienen solas, tú ignoras la hora
[La atención permite al hombre ver] claramente en espíritu a Cristo... con su Padre consustancial y el Espíritu Santo adorable
Un espíritu atado a las pasiones no puede pretender la unión divina. Mientras el espíritu reza con esta clase de disposición, no obtiene misericordia
Indicios del primer estado son que el espíritu se recoge, se abstrae de todos los pensamientos del mundo y, en el pensamiento de que Dios está presente, como de hecho lo está, reza sin distracción ni trastorno
La oración es pura o no es pura. Veamos cómo podemos discernirlo. Si, en el momento en el que el espíritu [reza]... se mezcla en él un pensamiento extraño o una distracción, entonces decimos que la oración no es pura
O más bien es nuestro Señor Jesucristo, sin el que nosotros no podemos hacer nada, quien te dará estas cosas
[La vida virtuosa es necesaria para] disponer al hombre para recibir a Dios
Indicios [de este] segundo estado son que el espíritu es arrebatado, en el impulso mismo de la oración, por la infinita luz de Dios; y pierde todo sentimiento de sí mismo y de los demás seres, excepto de Aquel que por amor opera en él esta iluminación
Porque en este tiempo, más que en cualquier otro momento, el hombre está preparado y es conducido a dirigir a Dios toda su atención, deseando y recibiendo su piedad... En el momento de la oración, el espíritu contemplativo no atiende más que a Dios, dirige hacia Él todos sus movimientos, y no deja de dirigirle con fervor y ardor las súplicas de su corazón. Es, pues, en este momento en el que el alma se aplica a lo único necesario cuando debe brotar la benevolencia divina
[Los santos] transcienden todo conocimiento por medio de la oración ininterrumpida e inmaterial; entonces comienzan a ver a Dios
[El alma,] sirviéndose de la oración como de una cerradura, penetra por ella en los misterios que el ojo no ha visto..., manifestados únicamente por el Espíritu a quienes son dignos de ello