Cirilo de Jerusalén — 17 citas

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Cirilode Jerusalén

Patrísticac. 315 – 386
Nacimiento Jerusalén o sus alrededores (Israel/Palestina) (aproximado)
Muerte Jerusalén (Israel/Palestina)
Tradición Padre griego
Mapa Jerusalén, donde murió

Obispo de Jerusalén desde c. 350, tres veces desterrado por sus conflictos con los arrianos, y doctor de la Iglesia desde 1883. Sus veinticuatro «Catequesis», entre ellas las cinco «Catequesis mistagógicas», son el mejor testimonio de la iniciación cristiana y de la liturgia del siglo IV.

El nacimiento se data entre 313 y 315 y la muerte el 18 de marzo de 386; el lugar de nacimiento no está documentado con certeza (se propone Jerusalén o sus cercanías, y algunas fuentes la región de Cesarea Marítima).

Las 17 citas

Los profetas fueron enviados con Moisés para curar a Israel; pero cuidaban llorando, sin conseguir dominar el mal... Grande era la herida de la humanidad; de los pies a la cabeza no había en ella un lugar sano; no había donde colocar una cataplasma, ni aceite, ni vendas

Cirilo de Jerusalén Cirilo de Jerusalén, Catequesis bautismales, XII, 6-7

Después de eso los profetas, agotados por el llanto, decían: ‘¿Quién dará a Sion el remedio salvador?’ (Sal 13, 7)... Y otro profeta suplica en estos términos: ‘Señor, inclina los cielos y baja’ (Sal 143, 5). Las heridas de la humanidad superan nuestros tratamientos... Nosotros no somos capaces de remediar nuestra miseria; te necesitamos a ti para enderezarnos

Cirilo de Jerusalén Cirilo de Jerusalén, Catequesis bautismales, XII, 1; 7-8; X, 5

El Señor escuchó la oración de los profetas. El Padre no despreció a nuestra raza herida y nos envió a su Hijo como médico

Cirilo de Jerusalén Cirilo de Jerusalén, Catequesis bautismales, XII, 1; 7-8; X, 5

Reconozcamos la presencia del rey y médico

Cirilo de Jerusalén Cirilo de Jerusalén, Catequesis bautismales, XII, 1; 7-8; X, 5

El rey Jesús, cuando iba a prestar cuidados, se ciñó el paño de la humanidad y curó lo que estaba enfermo

Cirilo de Jerusalén Cirilo de Jerusalén, Catequesis bautismales, XII, 1; 7-8; X, 5

Sin dejar de ser [Dios], conservando en verdad la gloria inmutable de la filiación, se amolda a nuestras debilidades como un médico muy hábil

Cirilo de Jerusalén Cirilo de Jerusalén, Catequesis bautismales, XII, 1; 7-8; X, 5

Se le llama ‘Jesús’ con mucho motivo: este apelativo le corresponde, pues Él salva curando

Cirilo de Jerusalén Cirilo de Jerusalén, Catequesis bautismales, X, 4; 13

[Si Cristo es solamente Dios, sin ser a la vez hombre,] no ha asumido la humanidad y nosotros permanecemos ajenos a la salvación

Cirilo de Jerusalén Cirilo de Jerusalén, Catequesis bautismales, XII, 1

Tus heridas no superan la habilidad del médico. Limítate a entregarte a ti mismo con fe, dile tu mal al médico

Cirilo de Jerusalén Cirilo de Jerusalén, Catequesis bautismales, II, 6

El cuerpo es crismado con este crisma visible, pero el alma es santificada

Cirilo de Jerusalén Cirilo de Jerusalén, Catequesis mistagógicas, III, 3; 7

Este don sagrado es la salvaguardia espiritual del cuerpo y la salud del alma

Cirilo de Jerusalén Cirilo de Jerusalén, Catequesis mistagógicas, III, 3; 7

[Al recibir el cuerpo y la sangre de Cristo] nos volvemos cristóforos

Cirilo de Jerusalén Cirilo de Jerusalén, Catequesis mistagógicas, IV, 3

[Por la comunión], según el bienaventurado Pedro (2 Pe 1, 4), nos asociamos a la naturaleza divina

Cirilo de Jerusalén Cirilo de Jerusalén, Catequesis mistagógicas, IV, 3

Tus heridas no superan la habilidad del médico. Limítate a darte a ti mismo con fe, cuéntale tu mal al médico

Cirilo de Jerusalén Cirilo de Jerusalén, Catequesis bautismales, II, 16

El malhechor que no espera gracia se sume en la locura, mientras que el que ha podido esperar su perdón llega con frecuencia hasta la conversión

Cirilo de Jerusalén Cirilo de Jerusalén, Catequesis bautismales, II, 5

Quien no espera la salvación, acumula males sin cuento, mientras que quien ha concebido la esperanza de curarse se trata a sí mismo en consecuencia

Cirilo de Jerusalén Cirilo de Jerusalén, Catequesis bautismales, II, 5

No recibas el grano... Arranca el mal de raíz antes de que florezca, no vaya a ser que tu indolencia primera te procure más tarde tener que pensar mucho en hachas (Mt 3, 10) y fuego. Empieza por curar tus ojos enfermos en el tiempo oportuno, para no tener que buscar al médico cuando te hayas quedado ciego

Cirilo de Jerusalén Cirilo de Jerusalén, Catequesis bautismales, II, 3