Obispo de Jerusalén desde c. 350, tres veces desterrado por sus conflictos con los arrianos, y doctor de la Iglesia desde 1883. Sus veinticuatro «Catequesis», entre ellas las cinco «Catequesis mistagógicas», son el mejor testimonio de la iniciación cristiana y de la liturgia del siglo IV.
El nacimiento se data entre 313 y 315 y la muerte el 18 de marzo de 386; el lugar de nacimiento no está documentado con certeza (se propone Jerusalén o sus cercanías, y algunas fuentes la región de Cesarea Marítima).
Los profetas fueron enviados con Moisés para curar a Israel; pero cuidaban llorando, sin conseguir dominar el mal... Grande era la herida de la humanidad; de los pies a la cabeza no había en ella un lugar sano; no había donde colocar una cataplasma, ni aceite, ni vendas
Después de eso los profetas, agotados por el llanto, decían: ‘¿Quién dará a Sion el remedio salvador?’ (Sal 13, 7)... Y otro profeta suplica en estos términos: ‘Señor, inclina los cielos y baja’ (Sal 143, 5). Las heridas de la humanidad superan nuestros tratamientos... Nosotros no somos capaces de remediar nuestra miseria; te necesitamos a ti para enderezarnos
El Señor escuchó la oración de los profetas. El Padre no despreció a nuestra raza herida y nos envió a su Hijo como médico
Reconozcamos la presencia del rey y médico
El rey Jesús, cuando iba a prestar cuidados, se ciñó el paño de la humanidad y curó lo que estaba enfermo
Sin dejar de ser [Dios], conservando en verdad la gloria inmutable de la filiación, se amolda a nuestras debilidades como un médico muy hábil
Se le llama ‘Jesús’ con mucho motivo: este apelativo le corresponde, pues Él salva curando
[Si Cristo es solamente Dios, sin ser a la vez hombre,] no ha asumido la humanidad y nosotros permanecemos ajenos a la salvación
Tus heridas no superan la habilidad del médico. Limítate a entregarte a ti mismo con fe, dile tu mal al médico
El cuerpo es crismado con este crisma visible, pero el alma es santificada
Este don sagrado es la salvaguardia espiritual del cuerpo y la salud del alma
[Al recibir el cuerpo y la sangre de Cristo] nos volvemos cristóforos
[Por la comunión], según el bienaventurado Pedro (2 Pe 1, 4), nos asociamos a la naturaleza divina
Tus heridas no superan la habilidad del médico. Limítate a darte a ti mismo con fe, cuéntale tu mal al médico
El malhechor que no espera gracia se sume en la locura, mientras que el que ha podido esperar su perdón llega con frecuencia hasta la conversión
Quien no espera la salvación, acumula males sin cuento, mientras que quien ha concebido la esperanza de curarse se trata a sí mismo en consecuencia
No recibas el grano... Arranca el mal de raíz antes de que florezca, no vaya a ser que tu indolencia primera te procure más tarde tener que pensar mucho en hachas (Mt 3, 10) y fuego. Empieza por curar tus ojos enfermos en el tiempo oportuno, para no tener que buscar al médico cuando te hayas quedado ciego