Hijo de un mercader de paños que renunció a todo para vivir el evangelio al pie de la letra entre los pobres. Fundó los Hermanos Menores. Dejó pocos escritos, en su mayoría breves admoniciones y el Cántico de las criaturas.
Donde hay caridad y sabiduría, no hay temor ni ignorancia.
Alabado seas, mi Señor, por nuestra hermana la madre tierra, que nos sustenta y gobierna, y produce diversos frutos con coloridas flores y hierba.
Considera, oh hombre, en cuán grande excelencia te ha puesto el Señor Dios, porque te creó y formó a imagen de su amado Hijo según el cuerpo, y a su semejanza según el espíritu.
Consideremos todos los hermanos al buen pastor, que por salvar a sus ovejas sufrió la pasión de la cruz.
Dice el Apóstol: la letra mata, pero el espíritu vivifica. Están muertos por la letra los que sólo desean saber las palabras, para ser tenidos por más sabios entre los demás y poder adquirir grandes riquezas para dar a sus parientes y amigos.
Bienaventurado aquel religioso que no encuentra placer y alegría sino en las santísimas palabras y obras del Señor.
Bienaventurado el siervo que, cuando habla, no manifiesta todas sus cosas con miras a la recompensa, y no es precipitado en hablar.
El Señor me dio de esta manera a mí, hermano Francisco, el comenzar a hacer penitencia; porque, como estaba en pecados, me parecía extremadamente amargo ver a los leprosos. Y el Señor mismo me condujo entre ellos, y practiqué la misericordia con ellos. Y al apartarme de ellos, lo que me parecía amargo se me convirtió en dulzura del alma y del cuerpo.