Monje sirio oriental del siglo VII, obispo de Nínive durante pocos meses antes de retirarse a la vida eremítica. Sus 'Discursos ascéticos', traducidos muy pronto al griego, difundieron por todo el Oriente cristiano una doctrina de la misericordia divina, la compunción y la oración del corazón que impregna la espiritualidad hesicasta.
Sus fechas son inseguras: la crítica solo sitúa con certeza su actividad en la segunda mitad del siglo VII (episcopado hacia 676/680).
[Muchos, pretendiendo curar a los demás,] se dieron muerte a ellos mismos... Pues su alma estaba aún sujeta a la enfermedad y ellos no se ocuparon de su salud. Se arrojaron al mar de este mundo para curar las almas de los otros, mientras ellos mismos seguían todavía enfermos. Perdieron sus almas lejos de la esperanza de Dios, pues la enfermedad de sus sentidos no pudo afrontar la llama de las cosas que agravan habitualmente la herida de las pasiones, ni oponerle resistencia
Si... un hombre siente... que pierde su propia salud queriendo curar a los demás..., que ese hombre recuerde las palabras del apóstol, que exhorta y dice ‘El alimento sólido es de los perfectos’ (Heb 5, 14). Que vuelva atrás, para no oír al mismo Cristo decirle tomándolo de ejemplo: ‘Médico, cúrate a ti mismo’ (Lc 4, 23). Que se condene, que conserve sus propias fuerzas... Pues él también está enfermo, y necesita curarse más que ellos
[El que quiere curar a los demás,] cuando vea que su alma está sana, entonces que sirva también a los demás, y que los cure con su propia salud
El alimento sólido [de la paternidad espiritual] es para quienes están sanos, quienes han ejercitado los sentidos y pueden comer de todo. Quiero decir que pueden soportar las agresiones que sufren los sentidos, y que su corazón no se ha degradado a causa de todo lo que se encuentran en el ejercicio de la perfección
Los hombres afectados por la enfermedad necesitan más ser curados que castigados... El comienzo de la sabiduría de Dios es la indulgencia y la dulzura, que es lo propio de un alma grande, que carga con las enfermedades de los otros. En efecto, se ha dicho: ‘Vosotros, que sois fuertes, soportad las enfermedades de los débiles’ (Rom 15, 1), y también: ‘Levantad con espíritu de mansedumbre al que ha fallado’ (Gal 6, 1)