Monje de los siglos IV-V, formado en Belén y en el desierto egipcio, fundador de monasterios en Marsella. Sus 'Instituciones cenobíticas' y sus 'Colaciones' transmiten a Occidente la doctrina de los Padres del desierto, en particular el análisis de los ocho pensamientos o vicios capitales heredado de Evagrio.
Su origen escita (Dobrudja) es el más aceptado, pero algunos investigadores defienden un nacimiento en la Galia.
Mientras la ira ocupa nuestro corazón y oscurece nuestro ojo interior, no podemos juzgar con discernimiento... Tampoco somos capaces de adquirir la verdadera luz espiritual, ya que, como dice la Escritura, ‘La ira turbó mis ojos’ (Sal 30, 10); ni siquiera seremos capaces de adquirir la madurez del juicio..., porque ‘el hombre airado obra sin reflexión’ (Prov 14, 17)
Sea cual sea su causa, el movimiento de la ira, en su efervescencia, ciega los ojos del corazón e introduce en ellos la ‘viga’ mortal de una enfermedad más grave, impidiéndole contemplar el sol de justicia
¿Acaso no vemos los primeros movimientos de la carne, no solo en los niños que todavía se hallan en la edad de la inocencia y no tienen discernimiento del bien y el mal, sino incluso en los más pequeños y en los que todavía son niños de pecho? Sin que haya en ellos el menor comienzo de concupiscencia, testimonian sin embargo que estos movimientos están impresos por naturaleza en su carne. Asimismo, ¿no constatamos violentos accesos de ira incluso en los más pequeños, los cuales, antes de conocer la virtud de la paciencia, se perturban por las injurias que reciben y se resienten por las palabras burlonas que les dicen aunque sea de broma? Y en ocasiones, aunque les falta la fuerza para llevarla a cabo, no les falta el deseo de venganza que la ira les inspira
[La compunción aparta] cualquier agitación y cualquier perturbación de la ira
[La ira, como todas las demás pasiones,] se cura con la meditación del corazón
El remedio perfecto contra esta enfermedad es en primer lugar creer que no nos está permitido encolerizarnos jamás, ya sea por una causa justa o injusta
No hagamos depender nuestro progreso en la paz interior de la voluntad de los otros, que no está en nuestras manos. Más bien tiene que depender de nosotros mismos. De modo que el no enfadarnos no tiene que venir de la perfección del prójimo, sino de nuestra propia virtud, y esta virtud no se adquiere mediante la paciencia de los demás sino mediante nuestra propia longanimidad
No basta con que no haya nadie que nos irrite, ya que... podemos encolerizarnos incluso contra unos objetos insensibles
[La ira no puede] curarse más que mediante una vigilancia prolongada
No basta con que suprimamos la ira de nuestros actos, sino que también tenemos que arrancarla por completo del fondo de nuestra alma... En efecto, la palabra evangélica nos manda arrancar las raíces de los vicios más que los frutos. Y el espíritu podrá permanecer sin cesar en una total paciencia y santidad cuando la ira haya sido expulsada no de la superficie de los comportamientos, sino del interior de los pensamientos
El médico de las almas, que conoce los secretos de los corazones, queriendo arrancar incluso las ocasiones de la ira, no nos obliga solo, cuando hemos sido ofendidos, a perdonar a nuestros hermanos, a reconciliarnos con ellos y a no conservar ningún recuerdo de la injuria recibida; sino que del mismo modo nos manda que, si sabemos que ellos tienen una queja, justificada o no, contra nosotros, abandonemos nuestra ofrenda, es decir, nuestras oraciones, y les demos primero satisfacción; y, una vez aplacado así nuestro hermano, ofrezcamos a Dios el sacrificio sin tacha de nuestras oraciones
[La mansedumbre] no solo extirpa la ira, la tristeza, la acedia, la cenodoxia o el orgullo, sino también el placer y todos los vicios a la vez
El que es siempre manso no se inflama de ira, ni se consume en las angustias de la acedia y de la tristeza, ni se disipa en las fútiles búsquedas de la cenodoxia, ni se eleva con la hinchazón del orgullo
(La mansedumbre es) el sostén de la paciencia
Parece evidente que el remedio más eficaz para el corazón humano es la paciencia, tal como dice Salomón: ‘El hombre manso es el médico del corazón’ (Prov 14, 30)
El que siempre está manso y tranquilo no se inflama de ira... Verdaderamente el sabio tiene razón cuando dice: ‘El hombre paciente vale más que el soldado valeroso; el que domina su ira, más que quien conquista una ciudad’ (Prov 16, 32)
Que los vicios cedan la victoria al pueblo de Israel, es decir, a las virtudes que les son contrarias..., la paciencia reivindica el lugar de la ira
Nadie ignora que ‘paciencia’ viene de ‘padecer’ y ‘soportar’. Pero está claro que solo merece ser llamado paciente aquel que soporta sin protestar los malos tratos que se le infligen
[La paciencia] no viene de ninguna otra fuente [que la humildad]
Parece evidente que el remedio más eficaz para el corazón humano es la paciencia