Máximo el Confesor — 16 citas

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Máximoel Confesor

Patrísticac. 580 – 662
Nacimiento Constantinopla (actual Estambul, Turquía) (aproximado)
Muerte Fortaleza de Schemarum, identificada con Muris-Tsikhe, cerca de Tsageri, en la antigua Lázica (actual Georgia)
Tradición Padre bizantino

Monje y teólogo bizantino del siglo VII, antiguo secretario imperial de Heraclio, fue el gran adversario del monotelismo, por lo que sufrió mutilación y destierro. Autor de las 'Centurias sobre la caridad', las 'Ambigua', las 'Cuestiones a Talasio' y la 'Mistagogia', es una de las cumbres de la síntesis entre dogma y ascesis, y una de las fuentes principales de Larchet.

Las fuentes griegas lo hacen nacer en Constantinopla; una Vida maronita siríaca lo sitúa en Hesfin (Hisfiyya), en Palestina/Golán, hipótesis discutida por la crítica.

Sobre enfermedades espirituales · 16 citas

Las pasiones no fueron creadas al principio con la naturaleza; de haberlo sido, formarían parte de su definición

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Cuestiones a Talasio, 1

Yo afirmo, por haberlo aprendido del gran Gregorio de Nisa, que [las pasiones] se introdujeron y se injertaron en la parte irracional del alma a causa de la caída fuera de la perfección. Debido a ella, desde el momento de la transgresión, en lugar de llevar la imagen bienaventurada y divina, el hombre empezó a parecerse clara y visiblemente a los animales irracionales

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Cuestiones a Talasio, 1

Nada de lo que existe es malo, sino solo el mal uso, consecuencia de la negligencia de nuestro espíritu para cultivarse según la naturaleza

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, III, 4; III, 86; III, 3

El pecado, en todos los casos, es el mal uso (...) en la medida en que hacemos un mal uso de las potencias de nuestra alma (desiderativa, irascible y racional), se instalan en ella los vicios

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, III, 4; III, 86; III, 3

[El diablo] ha concentrado el combate contra la virtud y el conocimiento

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Cuestiones a Talasio, 50

[Al diablo le basta con] poner al alma del revés mediante las potencias que hay en ella

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Cuestiones a Talasio, 50

La pasión es un movimiento antinatural del alma, como consecuencia de un amor irracional o de una aversión irreflexiva por un objeto sensible cualquiera

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, II, 16. Cf. Clemente de Alexandria, Stromata, II, XIII, 59, 6; 61, 2

Lo que la salud y la enfermedad son al cuerpo vivo..., la virtud y el vicio... lo son con relación al alma

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, IV, 46

Para obtener el placer y evitar el sufrimiento, el hombre inventa múltiples e innumerables formas de pasiones corruptoras. Por ejemplo, si el amor a uno mismo (φιλαυτία) se cultiva por el placer, se suscita entonces la gula, el orgullo, la vanidad, la presunción, la avaricia, la avidez, la tiranía, la arrogancia, la ostentación, la crueldad, la ira, el sentimiento de superioridad, el empecinamiento, el desprecio de los demás, la injuria, la impiedad, la licencia en las costumbres, la prodigalidad, el desenfreno, la frivolidad, la jactancia, la indolencia, el insulto, el ultraje, la impertinencia, la charlatanería, la obscenidad y cualquier otro vicio de este género. Pero si el amor a uno mismo (φιλαυτία) se ve herido por el sufrimiento, esto hace que nazca la ira, la envidia, el odio, la hostilidad, el rencor, el ultraje, la maledicencia, la calumnia, la tristeza, la desesperación, la tristeza, la falsa acusación a la Providencia divina, la despreocupación, la negligencia, el desaliento, el abatimiento, la pusilanimidad, la lamentación, la melancolía, la amargura, los celos, y todos los otros vicios debidos a la privación del placer. La mezcla de sufrimiento y placer, que engendra la hostilidad y la maldad, hace nacer en nosotros la hipocresía, la ironía, la astucia, el disimulo, el halago, la complacencia y todos los demás vicios que nacen de esta mezcla

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Cuestiones a Talasio, Prefacio

Me es imposible enumerar todos estos vicios y examinar las formas bajo las que aparecen

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Cuestiones a Talasio, Prefacio

La filautía, como he explicado a menudo, está en el origen de todos los pensamientos apasionados. De ella nacen, en efecto, los tres vicios genéricos de la codicia: gastrimargía, filargiria y cenodoxia

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, III, 56. Cf. también Talasio, Centurias, III, 87

De la gastrimargía nace la lujuria; de la filargiria, la pleonexía (codicia); de la cenodoxia, el orgullo

Máximo el Confesor Cf. Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, III, 56

No pecaríamos nunca de acto si primero no pecáramos de pensamiento

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, II, 78; 82

El mal uso de los pensamientos tiene como consecuencia el mal uso de las cosas

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, II, 78; 82

Por su corrupción, la voluntad natural de Adán acarreó la corrupción de la naturaleza, que se vio privada de la gracia de la impasibilidad y se convirtió en pecado. El primer pecado, muy culpable, fue el desliz inicial desde su inclinación primera, predispuesta al bien; el segundo, consecuencia del primero, fue la transmutación no culpable de la naturaleza desde su estado de incorruptibilidad al de la corruptibilidad. En efecto, el día en que transgredió el mandamiento divino, nuestro antepasado Adán cometió dos pecados: uno culpable; el otro, no culpable, consecuencia del primero. El primero ocurrió porque la voluntad rechazó, de buen grado, el bien; el otro, porque la naturaleza, sin quererlo, se vio privada de la inmortalidad, como consecuencia del comportamiento de la voluntad

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Cuestiones a Talasio, 42

El pecado, consecuencia directa de la desobediencia, introduce en la naturaleza humana la pasibilidad, que marca a partir de entonces la ley de la procreación. Esta primera desobediencia se acrecienta con la pasibilidad, y la naturaleza humana se ata voluntariamente al mal con unos lazos tan imposibles de desatar que ya no existe para el hombre ninguna esperanza de liberarse de ellos

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Cuestiones a Talasio, 21