Cuando se trata de curar el cuerpo distinguimos estas tres cosas, o más bien distinguimos cuatro o cinco: el médico, su arte, el enfermo, la enfermedad y la virtud de los remedios. De la oposición de estas cosas resulta una especie de combate; si el médico, la medicina y los remedios tienen como auxiliar la voluntad del enfermo, triunfan sobre la enfermedad. Si, por el contrario, el enfermo se niega a ayudarlos, se entrega él mismo a la enfermedad; a veces, incluso toma partido por ella en contra del médico, de los remedios y de la medicina, y entonces se mata. Sucede lo mismo en el caso presente; mejor dicho, algo mucho más extraordinario... Cuando el médico es Dios, a poco que estéis con Él, vuestra herida se cura infaliblemente
Traducido del griego