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Predicador de Antioquía y arzobispo de Constantinopla entre los siglos IV y V, apodado 'Boca de Oro' por su elocuencia; murió desterrado. Sus centenares de homilías, el tratado 'Sobre el sacerdocio' y su enseñanza sobre las pasiones, la limosna y la penitencia hacen de él una de las autoridades más citadas de la tradición ascética oriental.
Algunas fuentes antiguas adelantan su nacimiento a c. 344-349.
Que nadie tema a la muerte, porque la muerte del Salvador nos ha hecho libres.
No compartir con los pobres los propios bienes es robarles y quitarles la vida. Los bienes que retenemos no son nuestros, sino suyos.
Cuando Dios se retira, todo se pone patas arriba
Igual que aquellos que están en las tinieblas ignoran la naturaleza de las cosas, del mismo modo aquellos que viven en el pecado no distinguen las cosas y corren hacia las sombras como si fueran la realidad
(La acción del diablo) perturba de un modo tan desgraciado nuestro Espíritu y hace que nuestro juicio yerre sobre la acertada apreciación de las cosas
(Los hombres pecadores) Son realmente insensatos..., pues no han aprendido nunca a conocer la verdadera naturaleza de las cosas
Un mismo corazón no puede albergar varias pasiones. Una pasión expulsa a la otra, y si es compartido, se debilita: la pasión dominante lo atrae todo hacia ella
¿De dónde se deriva que nuestro amor a Jesucristo sea tan débil, sino de que agotamos las fuerzas de nuestra alma en las vanas pasiones?
El placer no es más que un gozo efímero. Sí, el placer se esfuma rápidamente, y no podríamos retenerlo ni siquiera unos instantes. Pues tal es el destino de las cosas humanas y sensibles. Apenas las poseemos, se nos escapan... No nos ofrecen nada sólido ni seguro, nada fijo ni permanente. Corren más deprisa que el agua de los ríos y dejan vacíos e indigentes a cuantos las buscan con vivo empeño. Por el contrario, los bienes espirituales presentan un carácter absolutamente distinto. Son firmes, seguros, constantes y eternos. Así pues, ¿no es una extraña locura el cambiar unos bienes inmutables por un disfrute pasajero, una dicha inmortal por unos placeres momentáneos, y una felicidad verdadera y eterna por unas voluptuosidades frívolas y fugaces?
Nuestros juicios no se forman según la naturaleza de las cosas que nos impresionan, sino según el sentimiento del alma que las ve con los ojos
Se os han dado los ojos para que, a la vista de la creación, deis gloria al Señor
El ojo está hecho para celebrar al Creador al ver las criaturas de Dios
Contemplemos nuestros miembros: encontraremos que ellos también son causa de nuestra ruina si no tenemos cuidado; no lo serán por su naturaleza, sino debido a nuestra negligencia
Los vicios no son más que locura
Cada una de las funestas pasiones engendradas en nuestra alma produce en nosotros una especie de borrachera... y oscurece nuestra razón. Puesto que la borrachera no es otra cosa que el extravío del espíritu fuera de sus vías naturales, la desviación de los razonamientos y la pérdida de la consciencia
Sufre más el alma por los pecados que el cuerpo por las enfermedades
Es costumbre de la Escritura el no limitarse a hacernos conocer la falta [de alguien], sino instruirnos al mismo tiempo acerca del motivo que le condujo a pecar: se comporta así para garantizar la salud a aquellos que están sanos contra el riesgo de caídas semejantes. Así hacen los médicos que visitan a los enfermos: antes incluso de examinar el mal, buscan su fuente para reprimir el mal en su origen
El que desgarra sus propios miembros es un enemigo y un loco
Solo tras su desobediencia y su exilio empezaron Adán y Eva a tener comercio juntos. Antes vivían como ángeles... Así pues, en el orden de los tiempos, la virginidad posee la palma de la prioridad
La lujuria es una oftalmía muy grave; una afección no de los ojos del cuerpo, sino del alma
Igual que las nubes y la niebla envuelven los ojos del cuerpo, así también, cuando la pasión impura se apodera del alma, le quita la facultad de prever, no le permite ver nada más allá del objeto presente...; pero el alma, tiranizada por estas tentaciones, es subyugada fácilmente por el pecado;...ya no tiene más que un objeto ante los ojos, en la mente, en el pensamiento... E igual que los ciegos, aunque se hallen de pie, al aire libre y a mediodía, no reciben en absoluto la luz del sol, puesto que sus ojos están cerrados, así también los desgraciados que son presa de esta enfermedad cierran sus oídos a las numerosas y saludables enseñanzas que resuenan a su alrededor
[La voluptuosidad es la] madre de la lujuria
Este amor [al dinero], que vence a cualquier otro amor, expulsa del alma cualquier otro deseo
En efecto, no se puede amar al mismo tiempo a la propia alma y al dinero
[Por la avaricia y la codicia, el hombre se vuelve] enemigo de sí mismo
Los ricos y los avaros son ladrones de un cierto tipo
La filargiria nos atrae el odio universal
[La filargiria] hace que nos detesten todos, los que han sido víctimas de la injusticia e incluso aquellos a los que no han pisoteado nuestras injusticias
En las riquezas no hay más que motivos de aflicción, de divisiones, de querellas, de trampas, de odios y de temores
Si no cortamos la pasión desde el principio, una vez que entre en nosotros nos traerá una enfermedad de la que ya no podremos curarnos
No hay enfermedad más cruel que esa hambre incesante que los médicos llaman bulimia; por más que se come, nada puede calmarla. Transportad semejante enfermedad del cuerpo al alma, ¿hay algo más espantoso? Pues bien, la bulimia del alma es la avaricia; cuanto más se atiborra de alimentos, más desea. No deja de extender siempre sus deseos más allá de lo que posee
Los avaros no son más que los esclavos de sus bienes
[En los avaros y codiciosos] no hay nunca tranquilidad ni seguridad para su alma...; ni la noche ni el día les aportan sosiego..., sino que están atormentados por todas partes
Están siempre agitados y su alma no tiene un momento de reposo. La impaciencia por adquirir lo que aún no tienen hace que estimen en nada lo que ya poseen. Por un lado tiemblan por la aprensión de perder lo que ya han acumulado, y por otro se esfuerzan por hacer nuevas adquisiciones, es decir, nuevos motivos de temor
El rico, incluso cuando no sufre ninguna pérdida, tiene miedo de sufrirla
¿Dónde está el placer y el descanso del espíritu que se encuentra en las riquezas?
Yo os confieso que no veo más que motivos de aflicción y de pena... y una tristeza que no da tregua
[El avaro] se encuentra todos los días abrumado por nuevas preocupaciones y se queja de que la vida para él es una carga
Los avaros no están privados del gozo de lo que tienen solo porque no se atreven a utilizarlo como desean, sino también porque nunca poseen lo bastante y siempre tienen sed de más. ¿Hay algo más penoso?
El apego que tienen a sus riquezas no es una prueba de la satisfacción que encuentran en ellas, sino de la enfermedad y del desequilibrio de su mente
El avaro vive en tinieblas y extiende una espesa noche sobre el mundo
[Para el avaro,] la vista del alma se ha apagado
La avaricia es una plaga terrible: cierra los ojos y tapa los oídos de quien está poseído por ella
La avaricia es una especie de noche que oscurece todas las cosas, o más bien que las hace ver de un modo distinto a como son en ellas mismas
Para el avaro, los hombres no son hombres
[Los avaros] son muy miserables porque dan el cielo a cambio de un poco de tierra y de barro. Se parecen a un rey que, después de cambiar su reino por un estercolero, se vanagloriara de ese trueque, como si ese estercolero valiera más que su corona
Los que viven sumidos en las tinieblas de la sinrazón ya no reconocen la verdadera naturaleza de las cosas, se revuelcan en la basura y el estercolero deja de parecerles un estercolero; poseídos por la avaricia, son insensibles al mal olor que ésta exhala
Gran número de hombres juzgan mal las cosas de aquí abajo y por eso caen en el desaliento. Ocurre que los locos se espantan de lo que no tiene nada de espantoso, temen cosas que a menudo no existen y huyen de las sombras. Los hombres que temen perder el dinero se parecen a ellos. En efecto, este temor no es imputable a la naturaleza, sino a la voluntad. Si hubiera aquí un verdadero motivo de aflicción, todos aquellos que sufren pérdidas deberían ser desgraciados; pero, si la misma desventura no produce en nosotros la misma aflicción, eso quiere decir que el principio de la aflicción no está en la naturaleza, sino en la bajeza de nuestros pensamientos
El querer superar al otro en la posesión de los bienes materiales no tiene otro principio que la disminución de la caridad; la avaricia no tiene otra fuente que el orgullo, el odio a los hombres y el desprecio
Lo que debe provocar la tristeza no es la adversidad, sino únicamente el pecado. Pero el hombre pervierte este orden y confunde los tiempos; por tanto, multiplica sus pecados y eso no le produce ningún dolor, pero, en cuanto recibe cualquier disgusto, se desanima
[La tristeza se convierte en] una pasión no menos grave y desafortunada que la ira y la voluptuosidad, y acarrea los mismos resultados desde el momento en que no la usamos conforme a las reglas de la razón y de la prudencia
El demonio envuelve tu espíritu con esas negras penas como con una profunda oscuridad, y se esfuerza por arrebatarte los pensamientos que podrían tranquilizarte en contra de ti mismo. Pero, como entonces encuentra a tu alma sola, la llena de golpes y de heridas
Nuestras alegrías y nuestras penas proceden menos de la misma naturaleza de las cosas que de nuestras propias disposiciones. Si estas se encuentran sanamente ordenadas, tendremos siempre en nuestro corazón un gran fondo de contento. Las enfermedades del cuerpo se originan más a causa de algún desorden interno que a causa de las inclemencias del tiempo o de cualquier otra influencia externa; con mucha más razón ocurre lo mismo con las enfermedades del alma. Pues, si las del cuerpo son propias de nuestra naturaleza, las otras no dependen más que de nuestra voluntad
El demonio no causa en ti esta oscura pena, sino que la misma pena acude en ayuda del demonio y te sugiere estos malos pensamientos
Una tristeza demasiado grande es peligrosa -hace notar san Juan Crisóstomo-, tan peligrosa que incluso puede causar la muerte; por eso decía san Pablo: ‘por miedo a que lo abrume una tristeza excesiva’ (2 Cor 2, 7)
El demonio no posee armas más temibles que la desesperación; así que le complacemos menos pecando que desesperándonos
Estos funestos pensamientos no proceden solo del demonio, y tu melancolía influye mucho en ellos. Sí, esta sombría tristeza los provoca mucho más que el espíritu maligno, incluso quizá es su única causa. En efecto, es cierto que muchos, que carecen de esta obsesión diabólica, experimentan esta manía del suicidio como consecuencia de violentos sufrimientos
Una tristeza profunda, incluso sin el concurso del demonio, genera los males más grandes... Bajo la presión de un sombrío abatimiento los desdichados se cuelgan de una cuerda, se atraviesan con un puñal, se arrojan al agua o recurren a cualquier otro tipo de muerte violenta. Incluso esos mismos en quienes se manifiesta la acción del espíritu maligno, no deben acusar de su pérdida tanto a él como a la tiranía y al exceso de sus penas
Grande es el dominio de la tristeza: es una enfermedad del espíritu que requiere mucha fuerza para resistirse a ella valientemente y para rechazar lo que tiene de malo
Una tristeza profunda nos perjudica mucho más que todos los ataques del espíritu maligno
Poco le importa el daño que el alma se hace a sí misma, se conforma, y lo convierte en una especie de placer que tiene que satisfacer a cualquier precio. Sí, esta agitación del corazón no carece de placer, y llega a ejercer sobre el alma una tiranía más imperiosa que cualquier otro placer
[La ira] es una enfermedad que repugna tanto a nuestra naturaleza como una enfermedad del cuerpo
Entre la ira y la locura no hay ninguna diferencia
El hombre airado se parece absolutamente a un loco
La ira corrompe el cuerpo
He conocido a muchos a quienes la ira ha hecho enfermar
[La ira] arruina el alma
[La ira] trastoca de pies a cabeza el estado normal [del alma]
[La ira vuelve al alma deforme] al atacar lo que tiene de más sano y corromper lo que tiene de más puro
[La] razón [del hombre airado] está entonces sepultada en la embriaguez y las tinieblas
Nada turba la claridad de la inteligencia, nada ofusca la penetración de la mente como la ira
En verdad, la ira no es menos loca que el delirio: ved como este demonio arroja a sus víctimas en el delirio, las priva absolutamente de la razón y las persuade de todo lo contrario de lo que les aconsejan sus ojos. Ellos no ven nada, no hacen nada de forma razonable, se diría que ya no tienen sentido ni juicio...; la ira los subyuga
[La embriaguez no es sino] el extravío de la mente fuera de sus caminos naturales, la desviación del razonamiento, la pérdida de la conciencia
Quienes montan en ira y están ebrios de ira ¿no se hallan en una situación tan grave como la de quienes están ebrios de vino? Dan muestras, en efecto, de tal desmesura que se abalanzan igualmente contra todos, sin controlar sus palabras ni saber distinguir a las personas. Lo mismo que los locos (µαινόµενοι) y los frenéticos se arrojan a los precipicios sin darse cuenta, así ocurre con los que se encolerizan o son presa de la ira
Creéis que os vengáis de vuestro enemigo, pero más bien os atormentáis a vosotros mismos
Vuestro resentimiento es un verdugo que lleváis dentro de vosotros a todas partes, es un buitre que desgarra vuestras entrañas
El que está furioso no puede disfrutar de la paz; quien tiene un enemigo y conserva odio contra él, tampoco gozará de ella
El hombre agitado se hace digno de mil suplicios: perpetuamente agitado por pensamientos tumultuosos, con el alma trastornada y angustiada noche y día, llega a sufrir aquí abajo unos tormentos precursores del infierno
Quien vive en pecado vive en un temor perpetuo; y, lo mismo que aquellos que se hallan en camino en una noche oscura en la que la luna no brilla, tiemblan siempre aunque no haya nadie que cause su alarma, así también los pecadores sienten una desconfianza continua aunque nadie les haga reproches. Pero los remordimientos de su conciencia hacen que todo les asuste, todo les resulte sospechoso, todo esté para ellos lleno de temor y de terror, a pesar de que no vean nada que los preocupe
La cenodoxia es un tipo de locura (µανία τίς έστιν ή κενοδοξία)
[El demonio de la cenodoxia] perturba la razón [del hombre] hasta el delirio
[La gloria que viene de Dios es] la gloria propia de la dignidad del hombre
Tras haber perdido la gloria propia de la dignidad del hombre, busca por doquier una gloria desdeñable y digna del mayor desprecio
¿Por qué corres tras una sombra en lugar de atrapar la verdad? ¿Por qué buscas lo que es perecedero, y no lo que permanece?... Abandona el humo, la pura sombra, la hierba vil, las telarañas. Es imposible encontrar una palabra que exprese como es debido esta miserable inconsistencia
Las cosas humanas no son más que ceniza y polvo; un polvo que el viento disipa; sombra, humo, una hoja que es juguete del viento; una flor, un sueño, un ruido que pasa, un aire ligero que se desvanece por casualidad; la pluma ligera que sale volando, el agua que se escurre, menos que todo esto
La gloria es un nombre y nada más que un nombre... ¿Quién es, entonces, el hombre insensato que se apegara a nombres sin realidad, a fantasmas de los que tendría que huir?... Por eso gime el profeta, al ver tanta sinrazón en nuestra vida. Igual que un hombre, viendo a uno que huye de la luz y busca las tinieblas, le diría: ‘¿Por qué haces esta locura?’, así el profeta nos pregunta: ‘¿Por qué amáis la vanidad y buscáis la mentira?’
Quien está afectado por esta pasión pierde, por decirlo así, la lucidez de las percepciones, y no está menos dañado que los locos
El deseo de honores es fuente de los mayores males
Esta pasión [la cenodoxia] es singularmente peligrosa
Hermanos, tengamos cuidado de no hablar presumiendo de nosotros, pues esta vanidad nos hace odiosos a los hombres y abominables ante Dios
[La cenodoxia es] la última y más miserable de las servidumbres
Imaginando que se convertiría en Dios, perdió el estado que poseía
Este ángel orgulloso los hace caer desde entonces en la misma impiedad, engañándolos con la ilusión de que se volverán semejantes a Dios
Los otros males que hay en nosotros provienen de nuestra negligencia, mientras que este lo contraemos haciendo el bien
Lo que la inflamación es para el cuerpo, lo es el orgullo para el alma
El orgullo no es sino un trastorno de la mente, una enfermedad muy grave y cruel que procede únicamente de la demencia, pues no hay nada más insensato que un orgulloso
El que se halla preso de esta pasión no está menos afectado que los locos (µαίνοµένοι)
No es el conocimiento lo que conduce al vértigo del orgullo, sino la ignorancia
El que es presa de esta pasión pierde, por decirlo así, la lucidez de las percepciones
El que se eleva por unas cosas que no tienen nada de real, el que infla su corazón por una sombra, por la flor de la hierba (cf. 1 Pe 1, 24)..., ¿no es acaso el más ridículo de todos los hombres? Es como un pobre que padeciera hambre continuamente y se jactara de haber tenido una vez durante la noche un sueño agradable
Nadie se conoce más perfectamente que aquel que cree que él no es nada en absoluto
El orgulloso se desconoce a sí mismo
El diluvio de los males, que inunda toda la tierra, no tiene otra fuente que el orgullo
[A causa del orgullo, la vida del hombre] va acompañada de tantos dolores y miserias
Este vicio basta para echar a perder todo lo bueno que hay en un alma
El orgullo es el mal culminante del hombre, y la raíz y la fuente de todos los pecados del mundo
Al que se encuentra poseído por esta pasión le sucede todo lo contrario de lo que desea
Tiene unos elevados sentimientos sobre sí mismo, quiere que todos le honren; por el contrario, todos le desprecian... Todos los hombres se convierten en enemigos suyos, nadie lo apoya
[El orgullo] hace del hombre un demonio
Dios, que es bueno por esencia, no descuida nada para llevarnos al bien y, como conoce los sentimientos más íntimos, los pensamientos más secretos que se agitan en el fondo de nuestros corazones, nos exhorta y nos aconseja. No emplea la coacción, sino que utiliza remedios apropiados a los males de cada uno y luego lo deja todo a la decisión de nuestro libre albedrío
Con frecuencia, en las enfermedades que tratan los médicos, el enfermo se sitúa del lado de la medicina y de sus remedios sin ganar nada con ello, porque su constitución está debilitada, porque el arte se ha vuelto impotente, porque los remedios han perdido su virtud bajo la influencia de alguna funesta coyuntura. No ocurre así cuando el médico es Dios; por poco que estéis con Él, vuestra llaga se cura infaliblemente
El objetivo de un médico no es vengarse, sino atraernos hacia él. Un médico no se ofende ni se altera por las injurias de los enfermos que deliran, y no descuida nada para impedir que se envilezcan, considerando, no su ventaja personal, sino la de ellos; cuando recuperan un poco de su sensatez y de su tranquilidad, su corazón se llena de satisfacción y de alegría y redobla sus cuidados y remedios; lejos de querer vengarse de sus injurias, añade un favor tras otro, hasta que termina por devolverles la salud. Lo mismo Dios, cuando caemos en la última locura, sin pensar en vengarse del pasado, no dice nada ni hace nada que no se dirija a curarnos de nuestra enfermedad
[La Iglesia es] un laboratorio espiritual, donde se preparan los medicamentos a fin de que encontremos con qué curarnos de las heridas que el mundo nos inflige
Quien bautiza no es el sacerdote, sino Dios
La gracia de Dios ha remodelado las almas, les ha dado la vuelta y las ha vuelto distintas de lo que eran
La vida nueva [del bautismo] no conoce la vejez, no está sujeta a la enfermedad, no es presa del desaliento, no se marchita con el tiempo, no cede ante nada y nada triunfa sobre ella
Entrad en la Iglesia y haced penitencia; allí reside el médico que cura, y no el juez que condena; allí no se exige el castigo del pecado, sino que se otorga la remisión
No hay enfermedad que resista a la virtud de este remedio
Que mi alma y mi cuerpo recuperen la salud plena
Después de la gracia de Dios, todo depende de nosotros y de nuestra aplicación
El divino médico no nos cura a pesar nuestro
Los males del cuerpo no son siempre fáciles de curar, pero siempre podemos remediar fácilmente las enfermedades del alma. Para las enfermedades corporales hay que tener remedios y dinero, pero la curación del alma no exige trámites ni gastos. Cuántas fatigas para cerrar las llagas ardientes de la carne... Para el alma no hay nada de esto; basta con querer, con desear, y todo vuelve al orden... Esta porción de nosotros mismos, la más preciosa, la más necesaria, ha querido el Señor que podamos curarla fácilmente, sin gastos, sin dolor... Cuando se trata del cuerpo, no escatimamos en nada: gastamos, llamamos al médico, soportamos los sufrimientos más crueles, y, sin embargo, sus enfermedades no tienen nada de nefasto. Al alma la despreciamos, y eso que no es cuestión de dinero y no tenemos que perturbar el descanso de nadie, ni que soportar ningún dolor; cuando basta una resolución, un acto de la voluntad para devolverle su plena salud
Cuando se trata de curar el cuerpo distinguimos estas tres cosas, o más bien distinguimos cuatro o cinco: el médico, su arte, el enfermo, la enfermedad y la virtud de los remedios. De la oposición de estas cosas resulta una especie de combate; si el médico, la medicina y los remedios tienen como auxiliar la voluntad del enfermo, triunfan sobre la enfermedad. Si, por el contrario, el enfermo se niega a ayudarlos, se entrega él mismo a la enfermedad; a veces, incluso toma partido por ella en contra del médico, de los remedios y de la medicina, y entonces se mata. Sucede lo mismo en el caso presente; mejor dicho, algo mucho más extraordinario... Cuando el médico es Dios, a poco que estéis con Él, vuestra herida se cura infaliblemente
[La fe] no deja que nuestra alma se agobie por ninguno de los males presentes y alivia sus miserias con la esperanza del porvenir
Con ella [la fe], ni la desgracia más grande podría precipitarnos en la desesperación
Hay un retorno si lo deseamos, y es posible volver a la belleza y al esplendor de antaño; basta con que colaboremos... El alma, una vez manchada y caída en la fealdad y la vergüenza a consecuencia de sus numerosos pecados, puede volver rápidamente a su belleza primera si nosotros mostramos una seria y sincera penitencia
Tenemos que conservar siempre presente el recuerdo de nuestros pecados, incluso después de habernos purificado de ellos... El recuerdo del pasado es la salvaguarda del futuro
La penitencia es la curación del pecado
El pecado es la llaga y la penitencia es el remedio
Lo que la llaga y el remedio son para el cuerpo, el pecado y la penitencia lo son para el alma
Empleemos el remedio salvador, la penitencia, o más bien, recibamos de la mano misma de Dios esta penitencia que debe curarnos
Recibamos, hermanos, la penitencia, el remedio que nos salvará, como el remedio que destruirá nuestros pecados
Todos vosotros sois pecadores, pero no desesperéis, pues yo no dejo de ofreceros este remedio para aliviar vuestros males
Yo presento para apoyar mis discursos, no solo a un hombre, ni a dos, ni a tres, sino a miles de hombres cubiertos de llagas y de úlceras, manchados con miles de crímenes, y que han sido curados por la penitencia, de modo que no ha quedado ni una cicatriz, ni rastro de sus antiguos males
Cuando estemos cubiertos por completo con las llagas del pecado, si hacemos penitencia..., Dios las hará desaparecer de forma que no se vean ni cicatriz, ni rastro, ni indicio alguno
Si Dios ve que los pecadores están dispuestos a hacer penitencia, si están por completo cargados de crímenes, cubiertos de úlceras, los trata y los cura sin que quede ninguna cicatriz, ningún rastro, ninguna marca de sus pecados
Convenzámonos de toda la eficacia del remedio de la penitencia
Las lágrimas devuelven la vida a quien estaba muerto en el alma
El arrepentimiento resucita al que está muerto espiritualmente
Reconozcamos francamente lo que somos y lo que son las heridas de nuestra alma, pues es la manera de darles remedio. El que no conoce el mal no se ocupa de su enfermedad
El diablo huye siempre ante la punta acerada de la penitencia
[El tiempo de la oración es aquel en el que podemos] mostrar nuestras heridas al médico y obtener de él la curación completa
No busquéis refugio junto a los hombres, no pongáis los ojos en un auxilio perecedero; dejad a un lado todo esto y corred con el pensamiento al médico de las almas. El único que puede poner remedio a las heridas de vuestro corazón es Aquel que nos ha hecho a cada uno de nosotros y conoce todas nuestras obras. Basta con gritar desde el fondo de nuestro corazón a Él y ofrecerle nuestras lágrimas
La oración es un remedio
La oración es un medicamento de salvación
En ella [la oración] está nuestra salvación, el medicamento de nuestras almas y el remedio de los males que se desarrollan en ella
El poder de la oración... cura las enfermedades
Grande es el poder de la oración
Nada, os lo aseguro, nada es más poderoso que la oración ardiente y pura, pues sólo ella puede liberarnos de los males presentes
Recurramos constantemente a Dios, pidámosle todo, pues nada vale como la oración; ella hace posible lo imposible, fácil lo difícil, llano lo que está erizado de obstáculos
La oración es un antídoto contra el pecado, un remedio de las faltas cometidas
Todos los días recibimos numerosas heridas; apliquemos a esas heridas el remedio adecuado, es decir, la oración. Pues Dios, si le rogamos con un espíritu vigilante, con un alma inflamada, con un corazón ardiente, puede concedernos el perdón, la remisión de nuestras faltas