Simeón el Nuevo Teólogo — 7 quotes

Back

Simeónel Nuevo Teólogo

Medievalc. 949 – 1022
Born Basileion, en Galacia/Paflagonia (actual región de Nallıhan, provincia de Ankara, Turquía)
Died Monasterio de Santa Marina, cerca de Crisópolis, en la orilla asiática del Bósforo (actual Üsküdar, Estambul, Turquía)
Tradition Monje bizantino
Map Monasterio de Santa Marina, where they died

Not yet translated; shown in Spanish.

Monje bizantino de los siglos X-XI, higúmeno de San Mamas en Constantinopla y desterrado por su enseñanza. Autor de las 'Catequesis', los 'Discursos éticos' y los 'Himnos del amor divino', proclamó la experiencia consciente de la luz increada y la necesidad del padre espiritual, anticipando la síntesis hesicasta.

Algunas fuentes sitúan su nacimiento en Galatê de Paflagonia y su muerte el 12 de marzo de 1022.

On padre espiritual · 7 quotes

No te entregues en manos de un maestro sin experiencia..., pues te iniciaría más a la vida diabólica que a la evangélica

Simeón el Nuevo Teólogo Simeón el Nuevo Teólogo, Capítulos teológicos, gnósticos y prácticos, I, 48

El pensamiento de los santos, aunque se incline sobre el cenagal de las pasiones y las vergüenzas humanas, no se mancha con ellas, pues su inteligencia está desnuda y es ajena a toda codicia de las pasiones. Si llega el caso que decide emprender el examen de tales estados, lo hace con el único objetivo de observar y comprender los movimientos desordenados de las pasiones y sus efectos; para saber de dónde proceden y cuáles son, a su vez, los remedios que los neutralizan, como oímos que hacen los médicos y como hemos oído decir a los ancianos: disecan los cadáveres para entender el funcionamiento del cuerpo, para darse cuenta así de la organización interior de los seres vivos e intentar en otros el tratamiento de las afecciones ocultas. Tal es, en suma, el método que practica igualmente el médico espiritual, que quiere curar con ayuda de la experiencia las pasiones del alma

Simeón el Nuevo Teólogo Simeón el Nuevo Teólogo, Tratados éticos, VI, 258s

[El padre espiritual que no ha recibido la luz del Espíritu es] un ciego guiando a otro ciego

Simeón el Nuevo Teólogo Simeón el Nuevo Teólogo, Capítulos teológicos, gnósticos y prácticos, 1, 50

[El que no tiene en él la luz del Espíritu Santo] no puede ver como es debido sus propias acciones, ni estar seguro de que se corresponden con lo que Dios quiere. En cuanto a guiar a los demás, o a enseñarles la voluntad de Dios, tampoco es capaz, ni tampoco es digno de recibir los pensamientos del prójimo... mientras no posea, brillando en él, la luz... ‘El que camina en la oscuridad no sabe adonde va’ (Jn 12, 35). Por tanto, si este hombre no sabe adónde va, cómo va a mostrar el camino a los demás?

Simeón el Nuevo Teólogo Simeón el Nuevo Teólogo, Catequesis, XXXIII, 31s

Quien ve de manera espiritual y oye así, cuando ve a alguien, se encuentra y habla con él frecuentemente, ve su alma, si no en cuanto a su esencia, por lo menos en cuanto a su estado, y cuáles son su cualidades y disposiciones. Por tanto, si ha sido considerado digno de participar en el Espíritu Santo, halla este conocimiento en la visión misma de éste

Simeón el Nuevo Teólogo Simeón el Nuevo Teólogo, Catequesis, XXVIII, 348s

Un enfermo va a ver al médico espiritual... El médico humano y compasivo examina a este enfermo; comprende la debilidad de su hermano, la inflamación del mal, la hinchazón; ve al enfermo en poder de la muerte... Cuando el médico espiritual ve a su hermano en el estado descrito, no empieza a gritarle, ni se desentiende de él diciéndole: ‘Lo que pides es malo y mortal, y me niego a darte ese auxilio’, no vaya a ser que, al oír eso, el enfermo salga corriendo y vaya a otro médico sin experiencia en esas afecciones, pues moriría al instante. Por el contrario, lo retiene, lo reconforta y se muestra a la vez lleno de caridad y sencillez

Simeón el Nuevo Teólogo Simeón el Nuevo Teólogo, Tratados éticos, VI, 279s

Un enfermo acude a ver al médico espiritual. Embotado por el sufrimiento, con la mente del todo confundida, va buscando, más que una medicina, aquello que lo perjudica, es decir, que va a agravar su mal y a abocarlo a la muerte en breve... Cuando el médico espiritual ve a su hermano en el estado descrito, no se pone a reprenderle con severidad, ni tampoco escurre el bulto y le dice: ‘Lo que me pides es malo y mortal, así que me niego a dártelo’... Por el contrario, lo retiene, lo reconforta, se muestra a la vez lleno de caridad y sencillez, le asegura que le va a aplicar los remedios que le solicita y que está dispuesto a cumplir su deseo. Hay enfermos que tienen el alma gravemente afectada y, aun así, buscan lo que empeora su enfermedad. Y su mal puede ser que, cuando serían necesarias la dieta y la abstinencia de lo que les apetece, desean más bien satisfacerse con alimentos nocivos y atiborrarse de ellos. Por eso, como acabo de decir, el médico experimentado no accede sin más a los requerimientos del paciente, pero le promete satisfacer sus exigencias. El enfermo persigue el objeto de sus deseos, convencido de que es bueno, mientras que el médico le va suministrando disimuladamente las medicinas; uno espera pacientemente tan contento, mientras el otro, hábil, le da lo que en apariencia es igual a lo que busca pero, en realidad, es totalmente diferente y de una eficacia insospechada. Desde el momento en que el enfermo toca los remedios, su mero contacto, en contra de lo que esperaba, le hace ya efecto; así, al mismo tiempo que baja de inmediato la hinchazón, desaparece por completo la herida, y ya ni siquiera soporta pensar en lo que antes inflamaba su codicia. Es preciso ver y admirar el milagro absolutamente inexplicable que se produce: sin más ayuda que el contacto y la vista de las preparaciones medicinales, el médico consigue que la salud vuelva a los enfermos, que las heridas y la hinchazón se reduzcan, y que se aplaque el ardor de la sed. Los pacientes, antes devorados por el deseo de los alimentos malsanos y nocivos, desean ahora, por el contrario, los provechosos, y cuentan por todas partes los milagros que ha operado el médico y los procedimientos maravillosos de su arte

Simeón el Nuevo Teólogo Simeón el Nuevo Teólogo, Tratados éticos, VI, 279s