Un enfermo acude a ver al médico espiritual. Embotado por el sufrimiento, con la mente del todo confundida, va buscando, más que una medicina, aquello que lo perjudica, es decir, que va a agravar su mal y a abocarlo a la muerte en breve... Cuando el médico espiritual ve a su hermano en el estado descrito, no se pone a reprenderle con severidad, ni tampoco escurre el bulto y le dice: ‘Lo que me pides es malo y mortal, así que me niego a dártelo’... Por el contrario, lo retiene, lo reconforta, se muestra a la vez lleno de caridad y sencillez, le asegura que le va a aplicar los remedios que le solicita y que está dispuesto a cumplir su deseo. Hay enfermos que tienen el alma gravemente afectada y, aun así, buscan lo que empeora su enfermedad. Y su mal puede ser que, cuando serían necesarias la dieta y la abstinencia de lo que les apetece, desean más bien satisfacerse con alimentos nocivos y atiborrarse de ellos. Por eso, como acabo de decir, el médico experimentado no accede sin más a los requerimientos del paciente, pero le promete satisfacer sus exigencias. El enfermo persigue el objeto de sus deseos, convencido de que es bueno, mientras que el médico le va suministrando disimuladamente las medicinas; uno espera pacientemente tan contento, mientras el otro, hábil, le da lo que en apariencia es igual a lo que busca pero, en realidad, es totalmente diferente y de una eficacia insospechada. Desde el momento en que el enfermo toca los remedios, su mero contacto, en contra de lo que esperaba, le hace ya efecto; así, al mismo tiempo que baja de inmediato la hinchazón, desaparece por completo la herida, y ya ni siquiera soporta pensar en lo que antes inflamaba su codicia. Es preciso ver y admirar el milagro absolutamente inexplicable que se produce: sin más ayuda que el contacto y la vista de las preparaciones medicinales, el médico consigue que la salud vuelva a los enfermos, que las heridas y la hinchazón se reduzcan, y que se aplaque el ardor de la sed. Los pacientes, antes devorados por el deseo de los alimentos malsanos y nocivos, desean ahora, por el contrario, los provechosos, y cuentan por todas partes los milagros que ha operado el médico y los procedimientos maravillosos de su arte
Translated from Greek
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