El hombre posee por naturaleza la actividad voluntaria, y esta es la que Dios exige. La Escritura prescribe, pues, que en primer lugar el hombre reflexione; que, tras reflexionar, ame; y, por último, que actúe voluntariamente. En cuanto a la moción que se ejerce sobre la inteligencia, al apoyo en la labor, a la realización de la obra, la gracia de Dios los concede a aquel que quiere y que cree. La voluntad del hombre es, por tanto, un auxiliar ligado a su propia sustancia. Sin esta voluntad, Dios mismo no hace nada, aunque pudiera, por respeto al libre albedrío del hombre. La eficacia de la operación de Dios depende, pues, de la voluntad del hombre
Tus heridas no superan la habilidad del médico. Limítate a darte a ti mismo con fe, cuéntale tu mal al médico
El gran médico de las almas está dispuesto a curar tu mal... Si te das a ti mismo, no vacilará
La transformación de nuestra vida que la regeneración produce, no puede ser una transformación si no cambia nada en nuestra vida
[La voluntad propia] es un muro de bronce entre el hombre y Dios
Después de la gracia de Dios, todo depende de nosotros y de nuestra aplicación
A quienes buscan sinceramente el remedio no puede dejar de llegarles la curación de parte del verdadero médico de las almas, sobre todo a aquellos que no cierran los ojos a sus enfermedades por desánimo o por negligencia, sino que, lejos de esconder sus heridas o de rechazar insolentemente el tratamiento..., recurren con alma humilde pero vigilante al médico celestial para que cure las enfermedades que la ignorancia, el error y una desdichada necesidad les ha hecho contraer
El santo bautismo es perfecto
El médico de las almas no presiona a aquellos que no quieren aprovechar sus cuidados
Somos regenerados por medio del agua... y luego somos purificados en el alma y en el cuerpo, al menos aquellos que van a Dios con plena voluntad
Si quien está enfermo va a ver al médico, es preciso que observe las prescripciones del médico
Por su corrupción, la voluntad natural de Adán acarreó la corrupción de la naturaleza, que se vio privada de la gracia de la impasibilidad y se convirtió en pecado. El primer pecado, muy culpable, fue el desliz inicial desde su inclinación primera, predispuesta al bien; el segundo, consecuencia del primero, fue la transmutación no culpable de la naturaleza desde su estado de incorruptibilidad al de la corruptibilidad. En efecto, el día en que transgredió el mandamiento divino, nuestro antepasado Adán cometió dos pecados: uno culpable; el otro, no culpable, consecuencia del primero. El primero ocurrió porque la voluntad rechazó, de buen grado, el bien; el otro, porque la naturaleza, sin quererlo, se vio privada de la inmortalidad, como consecuencia del comportamiento de la voluntad
No basta por sí solo para nuestra salvación
La vida en Cristo reside en una cooperación de lo divino, que depende propiamente de Dios, y de lo humano, a saber, de nuestra buena voluntad, nuestro esfuerzo y nuestro celo
[Que el hombre] ponga su propia voluntad de acuerdo con la gracia
[Si la vida que sigue a la iniciación no es diferente de la que la precedía], el agua [del bautismo] no es más que agua
El divino médico no nos cura a pesar nuestro
Tras el bautismo, ni Dios ni Satán obligan a la voluntad
[La semejanza con Dios] espera nuestro concurso para producirse
El que va al médico y no se ajusta exactamente a lo que el médico prescribe, no puede librarse de su enfermedad
Cada uno de nosotros posee la fuerza manifiesta del Espíritu en proporción con la fe que hay en él. De este modo, cada uno es el intendente de su propia gracia
Si amas a Dios de manera auténtica y permaneces en su amor, ninguna pasión te dominará nunca, ni la prisión del cuerpo te someterá a su merced; pues, así como el cuerpo no puede ya moverse hacia nada sin el alma, el alma unida a Dios por el amor no podrá nunca ser arrastrada hacia los placeres y los apetitos de cuerpo, ni tampoco hacia nada visible ni aun invisible, sea objeto o pasión, porque el sublime amor de Dios tiene sujeto el ímpetu de su corazón o, mejor dicho, toda la fuerza de su voluntad
La comunicación de esta vida depende en su origen exclusivamente del poder de Cristo; pero, una vez transmitida, conservar esta vida y mantenerse vivo requiere además nuestra colaboración. Se necesita aquí el concurso humano y nuestro esfuerzo personal para guardar intacta la gracia y conservarla
[Si el alma] no colabora con la gracia del Espíritu que habita en ella, entonces es despojada vergonzosa e ignominiosamente de su dignidad y privada de la vida, puesto que ella se ha vuelto... no apta para la comunión con el rey celestial
Lo que vosotros no habéis llegado a ser, no lo sois
Los males del cuerpo no son siempre fáciles de curar, pero siempre podemos remediar fácilmente las enfermedades del alma. Para las enfermedades corporales hay que tener remedios y dinero, pero la curación del alma no exige trámites ni gastos. Cuántas fatigas para cerrar las llagas ardientes de la carne... Para el alma no hay nada de esto; basta con querer, con desear, y todo vuelve al orden... Esta porción de nosotros mismos, la más preciosa, la más necesaria, ha querido el Señor que podamos curarla fácilmente, sin gastos, sin dolor... Cuando se trata del cuerpo, no escatimamos en nada: gastamos, llamamos al médico, soportamos los sufrimientos más crueles, y, sin embargo, sus enfermedades no tienen nada de nefasto. Al alma la despreciamos, y eso que no es cuestión de dinero y no tenemos que perturbar el descanso de nadie, ni que soportar ningún dolor; cuando basta una resolución, un acto de la voluntad para devolverle su plena salud
[Esto explica] que algunos conserven las señales de la enfermedad y las cicatrices de antiguas heridas si no se han ocupado suficientemente de ellas y si su preparación no ha guardado relación con la fuerza del remedio
¿Qué significan estas palabras: ‘No apaguéis el Espíritu’ (1Tes 5, 19)? Este último es inextinguible y luminoso; eres tú quien se ha apagado con respecto al Espíritu cuando tu voluntad es negligente y cuando no estás de acuerdo con Él
[El Señor] no solo considera la acción, sino que discierne la voluntad
Si [el ciego] no hubiera gritado, si la hemorroísa no se hubiera acercado al Señor, no habrían sido curados
[Lo que Dios pide es] la rectitud de la voluntad y la pureza de la intención. Pues Dios quiere curar vuestra alma por medio de la limosna y librarla de sus enfermedades
Si uno padece una enfermedad o tiene fiebre, su cuerpo está tendido en el lecho, sin poder realizar ninguna de las tareas de esta tierra; pero, al mismo tiempo, la lengua habla de estas tareas, y la mente no permanece en reposo, sino que... se pone en busca del médico y envía a sus amigos a buscarlo. De la misma manera, el alma ha caído, después de la transgresión del mandamiento, en la enfermedad de las pasiones y se ha quedado sin ningún vigor. Pero, si se acerca al Señor, cree obtener su auxilio y reniega de su primera y detestable vida, incluso yaciendo en la enfermedad del pecado sin poder realizar las obras de la vida de verdad, el alma sigue conservando el poder de preocuparse por conservar la vida, de suplicar al Señor, de buscar al verdadero médico
[Si alguno queda lejos del reino] se debe a que no quiere arriesgarse a negarse a sí mismo, que ama algo a la par y al nivel de Dios, conserva cierto aprecio por algunos placeres y concupiscencias de este mundo, y no dirige todo su amor hacia el Señor siempre que se halle al alcance de sus capacidades, de su libre elección y su voluntad
Cuando un alma se eleva hacia el Señor, dirige a él todo su amor, se adhiere con todas sus fuerzas solo a él... se niega a sí misma, no sigue más las apetencias de su espíritu...; al contrario, se entrega totalmente a la palabra del Señor, se aparta, en cuanto es posible, de su propia voluntad, de todo lazo visible y se abandona sin reservas al Señor