El pensamiento de los santos, aunque se incline sobre el cenagal de las pasiones y las vergüenzas humanas, no se mancha con ellas, pues su inteligencia está desnuda y es ajena a toda codicia de las pasiones. Si llega el caso que decide emprender el examen de tales estados, lo hace con el único objetivo de observar y comprender los movimientos desordenados de las pasiones y sus efectos; para saber de dónde proceden y cuáles son, a su vez, los remedios que los neutralizan, como oímos que hacen los médicos y como hemos oído decir a los ancianos: disecan los cadáveres para entender el funcionamiento del cuerpo, para darse cuenta así de la organización interior de los seres vivos e intentar en otros el tratamiento de las afecciones ocultas. Tal es, en suma, el método que practica igualmente el médico espiritual, que quiere curar con ayuda de la experiencia las pasiones del alma
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