El que procure que su espíritu vuelva a sí mismo, para no empujarlo al movimiento en línea recta sino al movimiento circular, no solo se recogerá así exteriormente sobre sí mismo tanto como le sea posible, conforme al movimiento interior que pretende para su espíritu, sino que también, poniendo a su cuerpo en una postura semejante, reenviará hacia el interior del corazón la fuerza del espíritu que se derrama por la vista hacia el exterior
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