Quotes on castidad — 72 quotes

On castidad

Que cada uno de vosotros sepa poseer su propio cuerpo con santidad y honestidad, sin entregarse a una codicia apasionada, como hacen los paganos que no conocen a Dios

Pablo Apóstol 1 Tes 4, 4-5

La codicia que se realiza con el cuerpo no procede del cuerpo

Clemente de Alejandría Clemente de Alejandría, Stromata, III, 4

Cuando la práctica es buena y casta, el objeto finalmente es bueno; es malo cuando ella es mala y desordenada

Metodio de Olimpo Metodio de Olimpo, El banquete, II, 5

Cuando en el alma la razón es la primera que tiene bajo su mando a las almas, y anuda entre ellas unos lazos para lo que es manifiestamente esencial, es natural que su unión previa vaya también acompañada de la unión legítima de los cuerpos en los que ellas residen. Pero, cuando las almas se proponen otra cosa en primer lugar, y los cuerpos, en busca de placer, van a lo suyo y unen a las almas que están en ellos para ponerlas al servicio de la pasión que las agita, el hecho de que las almas vayan así a remolque de los vicios de la carne vuelve ilegítima la unión sexual

Basilio de Ancira Basilio de Ancira, Tratado de la virginidad, 38

[La abstinencia periódica en el matrimonio debe] provenir de un consentimiento mutuo para dedicarse juntos a la oración, la más preciosa de las actividades

Gregorio Nacianceno Gregorio Nacianceno, Discursos, XL, 18

Quien practica [la continencia] en exceso tiene ‘la conciencia enferma’ como dice el apóstol

Gregorio de Nisa Gregorio de Nisa, Vida de Moisés, II, 289. Cf. Tratado de la virginidad, VII, 2

La caridad [cura] la parte irascible del alma, y la castidad la parte desiderativa

Evagrio Póntico

[La virginidad posee] la palma de la prioridad en el tiempo

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Tratado de la virginidad, 11-12

No se puede poseer la castidad si primero no se pone en el corazón, como sólido fundamento, la humildad

Padres del desierto Los ancianos, Apotegmas de los Padres del desierto

Que [Cristo] ocupe en vuestra alma todo el sitio que no habéis querido dejar que adquiera el matrimonio

Agustín de Hipona Agustín de Hipona, De la santa virginidad, 56

[La terapéutica de la lujuria] requiere especialmente, además de los remedios espirituales, la práctica de la templanza [corporal]

Juan Casiano Juan Casiano, Conferencias, V, 4. Cf. Juan de Gaza, Cartas, 248

En el uso legítimo del matrimonio y en la fornicación, el acto es el mismo; lo que hace la diferencia es la intención

Doroteo de Gaza Doroteo de Gaza, Instrucciones espirituales, XV, 162

No esperes rechazar al demonio de la lujuria mediante la discusión y la contradicción, pues, como tiene por arma a la naturaleza, hallará buenas razones

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XV, 22

La virginidad era original e innata en la naturaleza de los hombres. En el paraíso la virginidad era el estado normal

Juan Damasceno Juan Damasceno, Exposición exacta de la fe ortodoxa, IV, 24

El que no está casado se preocupa por las cosas del Señor, por complacer a su Señor

Pablo Apóstol 1 Cor 7, 32

[Los esposos pueden unirse] sin traicionar en su unión las reglas de la castidad

Clemente de Alejandría Clemente de Alejandría, Stromata, III, 6

[Quien practica la continencia en exceso] desprecia el matrimonio

Gregorio de Nisa Gregorio de Nisa, Vida de Moisés, II, 289. Cf. Tratado de la virginidad, VII, 2

[El matrimonio es bueno, pero] la virginidad es mejor

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Tratado de la virginidad, 13 (cf. 11)

La ciencia de los médicos espirituales se aplica primero a considerar la causa primera de semejantes enfermedades, que consiste en el exceso de alimentación

Juan Casiano Juan Casiano, Conferencias, XXII, 6. Cf. Juan Casiano, Instituciones cenobíticas, V, 11; 20; Conferencias, V, 10; XXII, 3

Quienes aún no han logrado la verdadera oración del corazón encontrarán ayuda en el esfuerzo doloroso de la oración corporal; quiero decir: extender las manos, golpearse el pecho, levantar al cielo una mirada límpida, gemir profundamente, hacer metanías sin descanso

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XV, 81

[Adán y Eva en el paraíso] vivían como ángeles

Juan Damasceno Juan Damasceno, Exposición exacta de la fe ortodoxa, IV, 24; Juan Crisóstomo, Homilías sobre el Génesis, XVIII, 4. Cf. Simeón el Nuevo Teólogo, Catequesis, XXV, 92-108

La que no está casada se preocupa por las cosas del Señor

Pablo Apóstol 1 Cor 7, 34

Puesto que encuentran impuras las relaciones carnales, a las que deben su existencia, ¿cómo podrían escapar ellos mismos de la impureza?

Clemente de Alejandría Clemente de Alejandría, Stromata, III, 6

[Hay que] usar del matrimonio con moderación y mesura

Gregorio de Nisa Gregorio de Nisa, Tratado de la virginidad, VII, 3; VIII

[No se puede censurar al que se casa,] pero sí reprochar que se restrinja a una esfera más modesta

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Tratado de la virginidad, 11-12

Es necesario sustraer a la concupiscencia los objetos que la inician, no vaya a ser que ella se precipite a saciarse

Juan Casiano Juan Casiano, Conferencias, V, 4; Instituciones cenobíticas, VI, 3

Corre en vano quien ha decidido luchar contra la carne y vencerla por sí mismo

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XV, 5; 23

La virginidad es mejor que lo que es bueno, pues en la virtud hay grados, elevados o inferiores...

Juan Damasceno Juan Damasceno, Exposición exacta de la fe ortodoxa, IV, 24

El casado se preocupa de las cosas del mundo, de complacer a su mujer... y la casada se preocupa de las cosas del mundo, de complacer a su marido

Pablo Apóstol 1 Cor 7, 33-34

Para quienes han sido santificados, santa es la simiente. Y no solo el espíritu debe ser santificado entre nosotros, sino también las costumbres, la vida y el cuerpo

Clemente de Alejandría Clemente de Alejandría, Stromata, III, 6

[No es pequeño el peligro de que el hombre] engañado por la experiencia del placer, no estime ya ningún bien fuera del que se disfruta por medio de la carne con un cierto apego pasional, y no se vuelva totalmente carnal por haber apartado su espíritu del deseo de los bienes incorpóreos, persiguiendo por todos los medios lo que las cosas ofrecen de agradable, hasta el punto de ser ‘más amigo del placer que de Dios’ (2 Tim 3, 4)

Gregorio de Nisa Gregorio de Nisa, Tratado de la virginidad, VII, 3; VIII

[La virginidad es] estéril e infructuosa en los paganos, porque no la practican con vistas a Dios

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Tratado de la virginidad, 1; 4; 8

Esta enfermedad [la lujuria], aparte de la mortificación del cuerpo y la contrición del corazón, exige también la soledad y la calma para poder hacer que decaiga la malvada fiebre de las pasiones y sanar por completo. Igual que a aquellos que padecen una determinada enfermedad les resulta útil que no les dejen ver siquiera los alimentos que les sentarían mal, para evitar que conciban un deseo que sería fatal, lo mismo la calma y la soledad son muy útiles para combatir esta particular enfermedad, a fin de que el espíritu enfermo deje de ser estorbado por múltiples imágenes y logre una mirada interior más pura, y desarraigar más fácilmente la hoguera pestilente de la concupiscencia

Juan Casiano Juan Casiano, Conferencias, V, 4; Instituciones cenobíticas, VI, 3

Que ninguno de los que se han ejercitado con éxito en la castidad piense haberla adquirido por sus propias fuerzas. Pues es imposible vencer a la propia naturaleza. Cuando se vence a la naturaleza, se debe reconocer allí la presencia de Aquel que está por encima de la naturaleza

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XV, 5; 23

El matrimonio es bueno, pues corta la lujuria y la rabia del deseo mediante relaciones lícitas, evitando la locura de actos antinaturales. El matrimonio es bueno para quienes carecen de autocontrol; pero es mejor la virginidad, que aumenta la fertilidad del alma

Juan Damasceno Juan Damasceno, Exposición exacta de la fe ortodoxa, IV, 24

No os privéis uno del otro..., no vaya a ser que Satán os tiente a causa de vuestra falta de control

Pablo Apóstol 1 Cor 7, 5

No hacer nada bajo el dominio del deseo

Clemente de Alejandría Clemente de Alejandría, Stromata, III, 6

[Numerosas personas,] una vez en posesión de semejante experiencia, tras haber dirigido toda su potencia de desear hacia las cosas... y derivado el impulso de su pensamiento desde las realidades divinas hacia... ellas, abren de par en par el campo de su interior a las pasiones, hasta el punto de cesar todo movimiento hacia las realidades de arriba y ver desecarse completamente este deseo, cuyo trayecto invertido se dirige hacia las pasiones

Gregorio de Nisa Gregorio de Nisa, Tratado de la virginidad, VII, 1; VII, 3; IX, 1

[Cuando no es sino una forma de escapar del matrimonio,] la virginidad [es] más vergonzosa que el libertinaje

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Tratado de la virginidad, 1; 4; 8

[El enemigo] nos ataca en dos frentes; debemos, pues, resistir en ambos. Y lo mismo que él extrae su fuerza o su debilidad tanto del cuerpo como del alma, no puede ser repelido más que por aquellos que luchan en los dos planos

Juan Casiano Juan Casiano, Instituciones cenobíticas, VI, 1

La castidad es unión íntima con Dios

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XV, 35

A fin de evitar la lujuria, que cada uno tenga su mujer, y que cada mujer tenga su marido

Pablo Apóstol 1 Cor 7, 2

Esto es lo que sabemos a propósito del matrimonio: hay que dar prioridad al cuidado y al deseo de las cosas divinas

Gregorio de Nisa Gregorio de Nisa, Tratado de la virginidad, VII, 1; VII, 3; IX, 1

Al hablar de virginidad, el apóstol hace consistir su excelencia no tanto en la castidad del cuerpo como en la facilidad que nos proporciona para consagrarnos a Dios y dedicarnos a la piedad

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Tratado de la virginidad, 1; 4; 8

Si estamos decididos... a luchar con las reglas del combate espiritual, concentremos todos nuestros esfuerzos en dominar este espíritu impuro poniendo nuestra confianza, no en nuestras fuerzas, pues la actividad humana no sería nunca capaz de ello, sino en la ayuda del Señor. Pues el alma será atacada necesariamente por este vicio mientras no reconozca que lleva a cabo una guerra por encima de sus fuerzas, y que el esfuerzo y la aplicación que pone en ella no pueden obtener la victoria si el Señor no acude en su ayuda y lo protege

Juan Casiano Juan Casiano, Instituciones cenobíticas, VI, 5; Conferencias, XII, 4 (cf. 15-16)

Es casto quien destierra el eros sensual con el eros divino y apaga el fuego de la tierra con el fuego del cielo

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XV, 2; XXVI, 34; XXX, 11; V, 28

No os privéis uno del otro... no vaya a tentaros Satán a causa de vuestra falta de control

Pablo Apóstol 1 Cor 7, 5

[Aquellos] que hacen voto de castidad no se proponen solo mantenerse puros, sino sobre todo no ocuparse más que de las cosas de Dios, consagrarse por entero a su servicio

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Tratado de la virginidad, 44

En medio del trabajo continuo, hay que aprender de la maestra que es la experiencia, que [la castidad] es un don generoso de la gracia divina

Juan Casiano Juan Casiano, Instituciones cenobíticas, VI, 5; Conferencias, XII, 4 (cf. 15-16)

Que el amor carnal nos sirva de modelo para nuestro deseo de Dios

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XV, 2; XXVI, 34; XXX, 11; V, 28

A los que no están casados y a las viudas, les digo que es bueno que permanezcan como yo. Pero, si no pueden contenerse, que se casen, pues más vale casarse que abrasarse

Pablo Apóstol 1 Cor 7, 8-9

La virtud en el matrimonio es tanto menos fácil cuanto que el cuidado de una esposa y la preocupación solícita por los hijos detienen a nuestra alma en sus aspiraciones hacia el cielo y la conducen forzosamente a las preocupaciones de la tierra

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Tratado contra las segundas nupcias, II, 3

Cuanto más se crece en mansedumbre y paciencia, más se aumenta en pureza del cuerpo

Juan Casiano Cf. Juan Casiano, Instituciones cenobíticas, V, 10-11; VI, 1; 23. Cf. Juan Casiano, Conferencias, XII, 4

Dichoso aquel que no siente por Dios una pasión menos violenta que la del enamorado por su amada

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XV, 2; XXVI, 34; XXX, 11; V, 28

Que el matrimonio sea honrado por todos y el lecho conyugal esté exento de mancha

Pablo Apóstol Heb 13, 4

[Jesús] no elimina solo el mal, sino la raíz del mal; pues la raíz del adulterio es la codicia impúdica. El Señor, por tanto, no corrige solo el adulterio, sino también la codicia. Los médicos combaten las causas de las enfermedades... Eso es también lo que hace Jesucristo

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Homilías sobre la penitencia, VI, 2

Para vencer en los combates que la pasión suscita en nuestra carne, hemos de pertrecharnos con las armas de la mansedumbre

Juan Casiano Cf. Juan Casiano, Instituciones cenobíticas, VI, 18; VI, 23; Conferencias, XII, 6

He visto almas impuras que se entregaban con furia al amor carnal; cuando su experiencia de este amor les condujo al arrepentimiento, trasladaron todo su amor al Señor y, superando entonces todo temor, se aguijoneaban insaciablemente para amar a Dios. Por eso el Señor, al hablar de esta casta pecadora, no dice que hubiera tenido miedo, sino que había amado mucho, y que pudo fácilmente expulsar el amor con el amor (Lc 7, 47)

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XV, 2; XXVI, 34; XXX, 11; V, 28

Que el marido dé a su mujer lo que le debe, y que la mujer actúe de la misma manera para con su marido. No es la mujer quien dispone de su cuerpo, sino su marido. Igual que no es el marido quien dispone de su cuerpo, sino su mujer. No os privéis uno del otro, a no ser de común acuerdo y por un tiempo, para daros a la oración; luego volved juntos

Pablo Apóstol 1 Cor 7, 3-5

Os exhorto a cortar este mal desde el principio. Igual que la fiebre, cuando empieza, no procura una sed muy ardiente, pero cuando ha aumentado y encendido el fuego, causa una sed que ya no puede apagarse, de modo que ni la bebida más abundante podría saciarla y no hace sino atizar la hoguera, así ocurre en esta pasión: si no la arrancamos desde el principio, si no le cerramos la puerta de nuestra alma, una vez entrada nos traerá una enfermedad que ya no se podrá curar... Suplico, pues, a quienes aún no conocen esta enfermedad, que se protejan de ella

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Homilías sobre 1 Corintios, XI, 4-5

El remedio más eficaz para el corazón humano es la paciencia

Juan Casiano Cf. Juan Casiano, Instituciones cenobíticas, VI, 18; VI, 23; Conferencias, XII, 6

[Es casto] aquel que posee permanentemente una perfecta insensibilidad a la vista de los seres sensibles y corporales, sea cual sea su diferente belleza o sexo

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XV, 3

Maridos, amad a vuestras mujeres como Cristo amó a la Iglesia

Pablo Apóstol Ef 5, 25

A quienes están afectados [por esta enfermedad], si quieren tomar a la razón como médico, les prometo grandes posibilidades de salvarse por la gracia de Dios

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Homilías sobre 1 Corintios, XI, 4-5

Mientras queda alguna atracción por la voluptuosidad, no se es casto

Juan Casiano Juan Casiano, Conferencias, XII, 10. Cf. Doroteo de Gaza, Instrucciones espirituales, XV, 162

La regla y la característica de una castidad perfecta y muy pura es mantenerse casi en las mismas disposiciones frente a los cuerpos animados o inanimados, las criaturas racionales o las que están desprovistas de razón

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XV, 3

El hombre se unirá a su mujer y serán los dos una sola carne. Este misterio es grande; digo esto en relación con Cristo y la Iglesia

Pablo Apóstol Ef 5, 31-32

Así es la consumación de la verdadera castidad: ya no tiene que combatir contra los movimientos de la concupiscencia carnal, sino que los detesta con un horror total, y se conserva en una constante e inviolable pureza

Juan Casiano Juan Casiano, Conferencias, XII, 11. Cf. Basilio de Cesarea, Cartas, II

Dichoso en verdad aquel que ha logrado una insensibilidad perfecta ante cualquier cuerpo, cualquier tez y cualquier belleza

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XV, 3

[En Cristo] ya no hay hombre o mujer

Pablo Apóstol Gal 3, 28

En la misma medida en que podemos fácilmente mantenernos en guardia contra [esta enfermedad] y rechazarla, así también, si por negligencia, la dejamos entrar en el corazón, se vuelve más peligrosa que todas las demás enfermedades y más difícil de rechazar

Juan Casiano Juan Casiano, Instituciones cenobíticas, VI, 2 (cf. VI, 21)

Me han contado un hecho que denota una pureza soberana y extraordinaria. Me han dicho que un hombre, viendo un cuerpo de una belleza singular, halló en ello ocasión de adorar y glorificar con sus alabanzas la soberana belleza de la que aquella no era sino la obra, y por esta sola visión se sintió transportado por entero del fuego del amor divino, y se volvió un mar de lágrimas. Y era una maravilla asombrosa ver que, lo que podría haber hecho caer a otro en un precipicio, procuraba coronas a este

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XV, 3; 4; 7; 58