Quotes on paciencia — 51 quotes

On paciencia

Nos recomendamos a nosotros mismos en todos los aspectos como sirvientes de Dios, con mucha paciencia en tribulaciones, calamidades, angustias, bajo golpes, en prisiones, en sediciones, en trabajos, en vigilias, en ayunos

Pablo Apóstol 2 Cor 6,4-5

[La paciencia] no solo conserva lo que es bueno para nosotros; nos defiende de lo que nos es contrario

Cipriano de Cartago Cipriano de Cartago, Del beneficio de la paciencia, 14 (cf. 20)

La presencia en el hombre de la energía de la gracia de Dios y el don del Espíritu Santo, que un alma fiel es juzgada digna de recibir, se adquieren mediante muchos combates, mucha paciencia, aguante, tentaciones y pruebas, pues el uso de la voluntad libre debe ser puesto a prueba mediante muchas tribulaciones. Cuando ella no entristece ya en nada al Espíritu, sino que concuerda con la gracia por la práctica de todos los mandamientos, entonces es liberada de las pasiones, recibe la plenitud de la adopción filial del Espíritu, de la sabiduría que se expresa de una forma misteriosa (cf. 1 Cor 2, 15), de la riqueza espiritual y de la inteligencia que no es de este mundo, de la que se hacen partícipes los verdaderos creyentes

Macario de Egipto Macario de Egipto, Homilías, colección II, IX, 7

Soportad las tentaciones hasta que las superéis... Ahora bien, el remedio para soportar las tentaciones es que no os desaniméis y que recéis a Dios dándole gracias de corazón y afrontándolo todo con paciencia; así ellas terminarán alejándose de vosotros

Ammonas Ammonas, Cartas, IX, 2

Uno no debe abandonar la celda a la hora de las tentaciones, por muy plausibles que sean los pretextos que se haya forjado para ello, sino que debe resistir sentado en su interior, ser paciente y recibir con valentía a todos los asaltantes, principalmente al demonio de la acedia

Evagrio Póntico Evagrio Póntico, Tratado práctico, 28

La ira es un fuego, es una llama que agarra, muerde y abrasa. Apaguémosla con la mansedumbre y la paciencia

Juan Crisóstomo

Si alguno conserva el recuerdo del hermano que lo ha afligido, herido o insultado, debe acordarse de él como de un bienhechor. Pues si en estas circunstancias te entristeces, es que tu alma está enferma. En efecto, si no estuvieras enfermo, no sufrirías. Debes, pues, dar gracias a este hermano, puesto que gracias a él conoces tu enfermedad, rezar por él y recibir lo que procede de él como remedios que el Señor te envía. Si, por el contrario, te enfadas con él, es como si dijeras a Jesús: ‘No quiero recibir tus remedios; prefiero que la gangrena se introduzca en mis heridas’

Padres del desierto Apotegmas, XVI, 17-19

Cuanto más se crece en mansedumbre y paciencia, más se aumenta en pureza del cuerpo

Juan Casiano Cf. Juan Casiano, Instituciones cenobíticas, V, 10-11; VI, 1; 23. Cf. Juan Casiano, Conferencias, XII, 4

Escapa de la tentación gracias a la paciencia y la súplica

Marcos el Monje Marcos el Monje, De quienes piensan que están justificados por sus obras, 98

Cree que desprecio y ultrajes son remedios contra el orgullo de tu alma, y ruega por aquellos que te maltratan, como si se tratara de verdaderos médicos

Doroteo de Gaza Doroteo de Gaza, Cartas, 2

Que el tirano de la ira sea atado con las cadenas de la mansedumbre y golpeado por la paciencia

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XXIV, 1; 5; XXV, 12

Luchar en los padecimientos es el combate de la virtud, el precio de la victoria que, para los que dan pruebas de paciencia, acarrea la impasibilidad del alma

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Diez capítulos, 2-4; cf. Nicetas Stéthatos, Centurias, I, 25; 29

Dichoso aquel que soporta tales tentaciones quedándose en su celda. Pues, como dicen los Padres, serán grandes la morada y la fuerza que alcanzará tras ello

Isaac de Nínive Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 57

La impasibilidad no consiste en hacer morir la parte apasionada, sino en traerla del mal al bien, en dirigirla en su misma constitución hacia las cosas divinas tras apartarla completamente del mal y volverla hacia el bien. Para nosotros, el hombre impasible es aquel que ya no posee ningún mal hábito y es rico en buenos hábitos; el que está calificado por sus virtudes, como la gente apasionada lo está por sus malos placeres; el que ha sometido sus apetitos irascible y concupiscible, que constituyen juntos la parte apasionada del alma, a las facultades de conocimiento, de juicio y de raciocinio de esta misma alma, igual que la gente apasionada somete su razón a las pasiones. Pues lo que engendra las pasiones abominables es el mal uso de las potencias del alma... Pero si nos servimos convenientemente de ellas..., practicaremos las virtudes correspondientes con ayuda de la parte apasionada del alma, que actuará en conformidad con la meta que Dios le propuso al crearla; con el elemento concupiscible abrazaremos la caridad; con el elemento irascible asumiremos la paciencia. El hombre impasible, por tanto, no será el que haya hecho morir la parte apasionada de su alma (pues entonces no habría en él impulso ni acción para adquirir un estado divino, ni relaciones con Dios, ni disposiciones divinas del espíritu), sino aquel que la haya sometido, a fin de que, por obediencia al espíritu, que por naturaleza posee la preeminencia, se dirija, como conviene, a Dios y tienda hacia Dios

Gregorio Palamas Gregorio Palamas, Triadas, II, 2, 19; 22; 24

Soportaos unos a otros en el amor, haciendo lo posible para conservar el vínculo de la paz

Pablo Apóstol Ef 4, 2

La acedia es reprimida por la paciencia (ύποµονή)

Evagrio Póntico Evagrio Póntico, A los monjes, en PG 79, 1236A (cf. Tratado práctico, 28)

La ira destruye la paciencia

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Homilías sobre la Epístola a los hebreos, XXII, 3; Juan Clí- maco, Escala, VIII, 36; Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, II, 47; Juan Casiano, Conferencias, XII, 6; Instituciones cenobíticas, XII, 3, 2; Conferencias, V, 23

Si quieres curarte de estas terribles heridas del alma, debes soportar lo que el médico te impone. En efecto, el que tiene el cuerpo enfermo no sufre una amputación o toma una purga por gusto, e incluso conserva un mal recuerdo de ello; y, sin embargo, convencido de que sin estos tratamientos no podría verse libre de su enfermedad, soporta lo que le impone el médico. Sabe que con una pequeña molestia se librará de una larga enfermedad. El cauterio de Jesús es aquel que, insultándote o perjudicándote, te libera de la vanagloria

Padres del desierto Apotegmas, XVI, 17-19

El remedio más eficaz para el corazón humano es la paciencia

Juan Casiano Cf. Juan Casiano, Instituciones cenobíticas, VI, 18; VI, 23; Conferencias, XII, 6

Cuando un alma hundida en el pecado no acepta las tribulaciones que le llegan, entonces los ángeles dicen respecto a ella: ‘Hemos tratado a Babilonia y ella no ha sanado’

Marcos el Monje Marcos el Monje, De quienes piensan que están justificados por sus obras

La acedia, que ataca todas las potencias del alma, afecta a la vez a casi todas las pasiones, y por eso es más temible que ninguna. Es preciosa, pues, la palabra del Maestro que le opone el remedio: ‘Salvaréis vuestras almas por vuestra paciencia’ (Lc 21, 19)

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, I, 67

Cuando la paciencia crece en nuestras almas, es signo de que hemos recibido secretamente la gracia del consuelo. El poder de la paciencia es más fuerte que las formas de alegría que afectan al corazón

Isaac de Nínive Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 73

La caridad es paciente

Pablo Apóstol 1 Cor 13, 4

El hombre verdaderamente paciente soporta sin flaquear el peso de la adversidad

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Homilías sobre los Hechos de los apóstoles, VI, 4; Homilías sobre 1 Corintios, XXXIII, 1

No hagamos depender nuestro progreso en la paz interior de la voluntad de los otros, que no está en nuestras manos. Más bien tiene que depender de nosotros mismos. De modo que el no enfadarnos no tiene que venir de la perfección del prójimo, sino de nuestra propia virtud, y esta virtud no se adquiere mediante la paciencia de los demás sino mediante nuestra propia longanimidad

Juan Casiano Juan Casiano, Instituciones cenobíticas, VIII, 17

Ciertos remedios inmovilizan las pasiones, les impiden ponerse en marcha e intensificarse... A la ira, la paciencia y la mansedumbre la inmovilizan, le impiden desplegar su fuerza

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, II, 7

La salud del alma es una fuerza que proviene de una larga paciencia

Isaac de Nínive Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 38

Soportaos unos a otros en la caridad

Pablo Apóstol Ef 4, 2

El hombre paciente es como un puerto en el que se disfruta de una calma profunda: el daño que le causéis no podrá conmover esta roca; vuestros ultrajes no podrán quebrantar esta torre

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Homilías sobre los Hechos de los apóstoles, VI, 4; Homilías sobre 1 Corintios, XXXIII, 1

(La mansedumbre es) el sostén de la paciencia

Juan Casiano Juan Casiano, Conferencias, XII, 6

Consiste en permanecer constante en la adversidad, en soportar los males, en resistir la tentación hasta el final, en no ceder por sorpresa a la ira, en no dejar escapar una palabra bajo el impulso de la emoción, en no sospechar ni pensar nada que sea indigno de un hombre temeroso de Dios

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, II, 47

La caridad es paciente, está llena de bondad; la caridad no es envidiosa; la caridad no se jacta, no se hincha de orgullo, no hace nada deshonesto, no busca su interés, no se irrita, no lleva cuentas del mal, no se alegra de la injusticia, se alegra de la verdad; disculpa todo, cree todo, soporta todo

Pablo Apóstol 1 Cor 13,4-6

[La paciencia] libra al alma de los espíritus malignos

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Comentario a san Juan, LXXXIV, 1; cf. Homilías sobre 1 Corintios, XXXIII, 1

Parece evidente que el remedio más eficaz para el corazón humano es la paciencia, tal como dice Salomón: ‘El hombre manso es el médico del corazón’ (Prov 14, 30)

Juan Casiano Juan Casiano, Conferencias, XII, 6

[Cristo,] ante la ingratitud y la blasfemia, conservó la paciencia; ultrajado y condenado a muerte, se mantuvo paciente y no achacó el mal a nadie

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Discurso ascético, 21

(La paciencia es para el hombre) la fuente de todo bien

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Comentario a san Juan, LXXXIV, 1; cf. Homilías sobre 1 Corintios, XXXIII, 1

El que siempre está manso y tranquilo no se inflama de ira... Verdaderamente el sabio tiene razón cuando dice: ‘El hombre paciente vale más que el soldado valeroso; el que domina su ira, más que quien conquista una ciudad’ (Prov 16, 32)

Juan Casiano Juan Casiano, Conferencias, XII, 6

A quien posee el amor a Dios no le cuesta trabajo seguir al Señor su Dios, como dice el divino Jeremías, sino que soporta con generosidad críticas y agresiones sin desearle mal a nadie

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Discurso ascético, 21

[La paciencia] proporciona una fuerza invencible

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Cartas a Olimpiada, VII, 4. Cf. Id., Homilías sobre los Hechos de los apóstoles, VI, 3; Cipriano de Cartago, Del beneficio de la paciencia, 17 (cf. 14)

Que los vicios cedan la victoria al pueblo de Israel, es decir, a las virtudes que les son contrarias..., la paciencia reivindica el lugar de la ira

Juan Casiano Juan Casiano, Conferencias, XII, 6; Instituciones cenobíticas, XII, 3, 2; Conferencias, V, 23

Porque le corresponde ser misericordiosa y hacer el bien al prójimo, ser paciente con él y soportar todo lo que nos hace sufrir... Con estos medios la caridad domeña a la ira en quien la ha adquirido

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Discurso ascético, 20; Cipriano de Cartago, Del beneficio de la paciencia, 15

La paciencia podría ser un camino hacia la venganza

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Homilías sobre 1 Corintios, XXXIII, 1

Nadie ignora que ‘paciencia’ viene de ‘padecer’ y ‘soportar’. Pero está claro que solo merece ser llamado paciente aquel que soporta sin protestar los malos tratos que se le infligen

Juan Casiano Juan Casiano, Conferencias, XVIII, 13

La caridad perfecta no admite entre todos los hombres... ninguna distinción basada en la diferencia de características... Ama igual a todos los hombres, los buenos a título de amigos, los malos a título de enemigos, para hacerles bien, soportarlos, aguantar con paciencia lo que recibe de ellos, negándose obstinadamente a ver en ello maldad, y llegando incluso a sufrir por ellos si se presenta la ocasión

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, IV, 82; Cartas, 2; Centurias sobre la caridad, I, 17; 61; 71

[La paciencia podría] atizar la llama de la ira en las almas irritadas

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Homilías sobre 1 Corintios, XXXIII, 1

[La paciencia] no viene de ninguna otra fuente [que la humildad]

Juan Casiano Juan Casiano, Instituciones cenobíticas, VII, 31 (cf. IV, 32, 9)

[La paciencia sin caridad podría] llevar al rencor

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Homilías sobre 1 Corintios, XXXIII, 1

Parece evidente que el remedio más eficaz para el corazón humano es la paciencia

Juan Casiano Juan Casiano, Conferencias, XII, 6

La paciencia sin la generosidad es un defecto

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Homilías sobre 1 Corintios, XXXIII, 1

Considerándonos inferiores a todos, soportaremos con paciencia cualquier trato de los hombres, por injustos, torturantes y penosos que sean, estimando que nos llegan de hombres que son superiores a nosotros

Juan Casiano Juan Casiano, Instituciones cenobíticas, XII, 33; IV, 39, 2

[Una de las señales de la humildad es que] uno no se aflige por las injurias que recibe

Juan Casiano Juan Casiano, Instituciones cenobíticas, XII, 33; IV, 39, 2