No hagamos depender nuestro progreso en la paz interior de la voluntad de los otros, que no está en nuestras manos. Más bien tiene que depender de nosotros mismos. De modo que el no enfadarnos no tiene que venir de la perfección del prójimo, sino de nuestra propia virtud, y esta virtud no se adquiere mediante la paciencia de los demás sino mediante nuestra propia longanimidad
Translated from Latin
Not yet translated; shown in Spanish.