Quotes on patología — 303 quotes

On patología

Se extraviaron en sus pensamientos, y su corazón sin inteligencia se sumió en las tinieblas. Jactándose de ser sabios se volvieron locos, y cambiaron la gloria del Dios incorruptible por imágenes que representaban al hombre corruptible, a pájaros, cuadrúpedos y reptiles

Pablo Apóstol Rom 1, 21-23

En tal hipótesis... la comunión con Dios no tendría valor, y no habría nada deseable en el bien, que ellos adquirirían sin movimiento ni preocupación ni diligencia por su parte, sino que habría surgido automáticamente y sin esfuerzo

Ireneo de Lyon Ireneo de Lyon, Contra las herejías, IV, 37, 6

Por haber cometido una falta contra el Logos, el hombre es considerado naturalmente como privado de logos [es decir, de razón] y similar a los animales

Clemente de Alejandría Clemente de Alejandría, El pedagogo, I, XIII, 101,3-102, 1

Hay dos clases de ojos: unos se abrieron por el pecado, los otros les servían a Adán y a Eva para ver antes de que aquellos se abrieran

Orígenes Orígenes, Homilías sobre los Números, XVII

La responsabilidad de los males recae sobre nuestra imprudencia, que escogió lo peor en lugar de lo mejor

Antonio el Grande Antonio el Grande, Cartas, 5 bis

[El alma humana] ha sido hecha para ver a Dios y para ser iluminada por Él

Atanasio de Alejandría Atanasio de Alejandría, Contra los paganos, 7

Si queréis creer lo que es más claro -añade, con la intención de reconducir a los pecadores a quienes se dirige al camino del conocimiento verdadero-, debéis creer más a las cosas invisibles que a aquellas que veis con vuestros ojos. Esto parece una paradoja y, sin embargo, es una verdad

Macario de Egipto Macario de Egipto, Homilías, colección II, XLV, 5; cf. 1

[Dios] ha honrado al hombre confiriéndole la libertad

Gregorio Nacianceno Gregorio Nacianceno, Discursos, XLV, en PG 36, 632C

El colmo de lo deseable es llegar a ser Dios

Basilio de Cesarea Basilio de Cesarea, Sobre el Espíritu Santo, IX, 29

El único beneficio del gozo concedido [al hombre era] el verdadero Bien mismo

Gregorio de Nisa Gregorio de Nisa, Tratado de la virginidad, XII, 4, 8 y La creación del hombre, XIX, en PG 44, 197B; cf. también Discurso catequético, 8; La creación del hombre, XIX, en PG 44, 197B; XX, en PG 44, 200C

La ignorancia (de Dios) es la enfermedad del alma

Evagrio Póntico Evagrio Póntico, Capítulos gnósticos, II, 8

Igual que aquellos que están en las tinieblas ignoran la naturaleza de las cosas, del mismo modo aquellos que viven en el pecado no distinguen las cosas y corren hacia las sombras como si fueran la realidad

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Homilías sobre los

Los Ancianos decían: Las potencias de Satán, que preceden a todos los pecados, son triples: el olvido, la negligencia y el deseo. En efecto, cada vez que llega el olvido, engendra la negligencia; y de la negligencia procede el deseo; y el deseo hace caer al hombre

Padres del desierto Apotegmas, N 273

No hay más que una libertad verdadera: la de los bienaventurados y los que se adhieren a la ley divina

Agustín de Hipona Agustín de Hipona, Sobre el libre albedrío, I, 15

[En el recuerdo de Dios el hombre] fija su atención en un único objetivo hacia el que hace converger activamente todos los pensamientos que surgen... en su espíritu

Juan Casiano Juan Casiano, Conferencias, XXIV, 6

(La ignorancia es) la causa de todos los vicios

Marcos el Monje Marcos el Monje, A Nicolás, 3, 10; 13

En aquel que se alimenta del amor divino, ¿qué deseo de los bienes de este mundo quedará?

Diádoco de Fótice Diádoco de Fótice, Cien capítulos gnósticos, 90

En el espíritu se halla el deseo conforme a la naturaleza, fuente de caridad y a causa del cual Daniel es llamado ‘hombre de deseos’ (Dn 9, 23). Este deseo lo ha trasformado el enemigo en un deseo vergonzoso, que nos lleva a codiciar todo lo que es impuro

Isaías de Escete Isaías de Escete, Asceticón, II, 5

[El] espíritu vaga de fantasmas en fantasmas, que se desvanecen unos en los otros

Juan el Solitario Juan el Solitario, Diálogo sobre el alma y las pasiones de los hombres, ed. de Hausherr, 38

En lugar del odio según Dios, que odia el mal, ¿acaso [el diablo] no sembró en nosotros el odio perverso, que odia el bien y a Dios mismo?

Barsanufio de Gaza Barsanufio, Cartas, 97

Como hemos dicho, ninguna imaginación tiene lugar de ser ante Dios. Pues Dios está sencillamente, de una vez para siempre, más arriba que todo y más allá de todo pensamiento

Dionisio Areopagita Dionisio Areopagita, Escolios sobre los nombres divinos, en PG 4, 201C

[La ira tiene por causa] especialmente el amor al placer (φιληδονία)

Doroteo de Gaza Doroteo de Gaza, Instrucciones espirituales, XII, 131

A la belleza inteligible, Adán prefirió lo que había aparecido como delectable a sus ojos carnales

Cirilo de Escitópolis Cirilo de Escitópolis, Vida de san Sabas, 3

La naturaleza ha impreso en nosotros los movimientos de la ira para que nos sirvamos de ella contra la serpiente infernal, nuestro enemigo, pero nosotros la usamos contra nuestros hermanos

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XXVI, 141

[La enfermedad de Adán] consistió en ignorar a Aquel que es la causa del hombre

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Cuestiones a Talasio, prólogo; Ibid., 52: «Estábamos enfermos de ignorancia, como no debía ser»; Centurias sobre la caridad, VI, 46

el conocimiento es la salud del alma

Talasio el Libio Talasio, Centurias, II, 2. Cf. Evagrio Póntico, Capítulos gnósticos, II, 8

Igual que el sentido corporal, cuando está dañado por una u otra razón, está privado de la visión, así también, si la inteligencia que hay en la naturaleza no está sana, el co- Marcos el Monje, A Nicolás, 3, 10; 13. Cf. Juan Damasceno, Discurso útil al illuni. Cf. Atanasio de Alejandría, Contra los paganos, 8; Juan Damasceno, Exposición exacta de la fe ortodoxa, II, 10; Máximo el Confesor, Cuestiones a Talasio, prólogo. Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 85. Cf. Marcos el Monje, A Nicolás, 3; 10; cf. Hesiquio de Batos, Capítulos sobre la vigilancia, 57. Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 85. Cf. Antonio, Cartas, V, 1; Juan Crisóstomo, Homilías sobre la Epístola a los efesios, XIII, 1; Marcos el Monje, A Nicolás, 10; 12. La afirmación de que, por el pecado, el hombre ha entrado en las tinieblas es constante en las Sagradas Escrituras: Is 9, l; Mt 4, 16; Le 1, 79; 1 1, 34-36; tu 1,5; 3, 19; 8, 12; 12, 35; Hch 26,18; Rom 1,21; 2, 19; 13, 12; Ef4, 18; 5, 8; 5, 11; Col 1, 13; 1 Tes 5,4; 1 Pe 2, 9. Cf. Gregorio de Nisa, Tratado de la virginidad, IV, 5; XI, 2, 2; Discurso catequético, 8; Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 26; Evagrio Póntico, Tratado de la oración, 50; Orígenes, Comentario a san Juan, II, VII, 57; Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, III, 56; Juan Casiano, Conferencias, IX, 5; 6. Cf. Juan Crisóstomo, Comentario a san Juan, V, 4; Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 26; Calisto e Ignacio Xanthopouloi, Centuria, 41. Cf. Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, III, 20; IV, 65; Juan Ginnico, Escala, XV, 83; Doroteo de Gaza, Cartas, 2; Juan Crisóstomo, Homilías sobre los Calendas, 3; Comentario al salmo 142, 3; Homilías sobre I Corintios, XI, 4; Homilías sobra la Epístola a los efesios, XIII, 1; Comentario a san Juan, V, 4; Nicolás Cabasilas, La vida en Cristo, VII, 46. nocimiento no actúa en ella

Isaac de Nínive Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 26;

(La ignorancia, el olvido y la desatención de Dios son) las tres potencias gigantescas del diablo

Juan Damasceno Juan Damasceno, Exposición exacta de la fe ortodoxa, II, 10

Dios nos ha otorgado esta facultad [la potencia irascible] como una armadura y un arco

Hesiquio de Batos Hesiquio de Batos, Capítulos sobre la vigilancia, 31 y 126

En lugar del conocimiento divino y espiritual, (el hombre) recibió el conocimiento carnal. En efecto, cegados los ojos de su alma, caído de la vida imperecedera, se puso a mirar con los ojos del cuerpo

Simeón el Nuevo Teólogo Simeón el Nuevo Teólogo. Catequesis, XV, 14-15; Tratados éticos, XIII, 54-56

(El hombre caído) se ha comportado de modo antinatural y no razonablemente (ούλογικώς), vive de forma contraria a la razón, se somete a las sensaciones violentando así su dignidad... Ha perdido la actividad natural de la inteligencia, se ha asimilado a los seres sin razón por esta conducta, porque la razón ha muerto en él y la parte menos razonable del alma lo ha arrastrado por culpa de esta conducta

Nicetas Stéthatos Nicetas Stéthatos, Del alma, 34

El principio y la causa de los pensamientos es, como secuencia de la transgresión, el estallido de la memoria simple y homogénea. Al dejar de ser simple y homogénea y hacerse compuesta, pierde el recuerdo de Dios y corrompe sus potencias

Gregorio el Sinaíta Gregorio el Sinaíta, Capítulos, 60

¿Cómo va a tener salud el alma racional, cuando está enferma en su facultad de conocer?

Gregorio Palamas Gregorio Palamas, Triadas, ll, 3, 17. Hablan también de «inteligencia enferma» Isaac de Ninive, Discursos ascéticos, 30

El ojo ha sido creado para la luz; el oído, para los sonidos; todas las cosas, para su fin; y el deseo del alma, para elevarse hacia Cristo

Nicolás Cabasilas Nicolás Cabasilas, La vida en Cristo, II, 90

[El recuerdo de Dios] hace que lo reflejen en el espíritu purificado los rayos divinos

Calixto e Ignacio Xanthopoulos Calixto II, Capítulos sobre la oración, 3

La carne tiene deseos contrarios a los del Espíritu, y el Espíritu tiene deseos contrarios a los de la carne; son opuestos entre ellos, para que no hagáis lo que queréis

Pablo Apóstol Gal 5, 17

[Al poseer] el bien automáticamente y no por libre elección..., ni siquiera comprenderían la excelencia del bien y no podrían gozar de él

Ireneo de Lyon Ireneo de Lyon, Contra las herejías, IV, 37, 6

Los pecadores no ven con los ojos buenos, sino con aquellos que se denominan ‘inteligencia de la carne’ (Col 2, 8)

Orígenes Orígenes, Homilía sobre los Números, XVII

Todo lo que estaba fuera de nuestra naturaleza provenía, pues, de nuestro libre albedrío

Antonio el Grande Antonio el Grande, Cartas, 5 bis

Se dieron cuenta [Adán y Eva] de que estaban desnudos porque habían sido despojados de la contemplación de Dios y habían vuelto su pensamiento en dirección opuesta

Atanasio de Alejandría Atanasio, Contra los paganos,3

A causa de la transgresión del mandamiento, el alma se ha vuelto un juguete de todas las potencias adversas. En efecto, estas le han hecho abandonar su sensatez, han embotado su inteligencia de las cosas celestiales hasta el punto... de que cree que esto ha sido así desde el principio

Macario de Egipto Macario de Egipto, Homilías, colección II, XLV, 5; cf. 1

Debemos acordarnos de Dios más a menudo de lo que respiramos, y podríamos decir que no debemos hacer otra cosa

Gregorio Nacianceno Gregorio Nacianceno, Discursos, XXVII, 4

El deseo es la enfermedad del alma

Basilio de Cesarea Basilio de Cesarea, Cartas, 366

Un placer introducido por engaño fue el comienzo de la caída

Gregorio de Nisa Gregorio de Nisa, Tratado de la virginidad, XII, 4

La inteligencia vaga de acá para allá cuando está apasionada, y es incoercible cuando realiza las materias que constituyen sus deseos

Evagrio Póntico Evagrio Póntico, Capítulos gnósticos, I, 85

(La acción del diablo) perturba de un modo tan desgraciado nuestro Espíritu y hace que nuestro juicio yerre sobre la acertada apreciación de las cosas

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Consolación a Eslagiro, II, 2

[Con los sueños malsanos ocurre lo mismo] que con las enfermedades del cuerpo, que no se contraen en el momento en que parecen nacer, sino mucho antes

Juan Casiano Juan Casiano, Instituciones cenobíticas, VI, 11

(La ignorancia de Dios es) la madre y nodriza de todos los males

Marcos el Monje Marcos el Monje, A Nicolás, 10

A medida que el hombre se apresura a concebir el bien, se acuerda inmediatamente del mal, pues, como consecuencia de la desobediencia de Adán, su recuerdo se halla escindido como en un pensamiento doble

Diádoco de Fótice Diádoco de Fótice, Cien Capítulos gnósticos, 88

En el espíritu hay una ira conforme a la naturaleza y sin ira no habría ninguna pureza en el hombre, si no se enfadara contra todo lo que el enemigo siembra en él

Isaías de Escete Isaías de Escete, Asceticón, II, 7

[El hombre ha hecho de su imaginación] un puente por el que pasan los demonios

Barsanufio de Gaza Barsanufio, Cartas, 102. Cf. también Nicetas Stéthatos, Centurias, I, 5

[En el Paraíso Adán] vivía en oración

Doroteo de Gaza Doroteo de Gaza, Instrucciones espirituales, I, 1. Cf. Juan Damasceno, Exposición exacta de la fe ortodoxa, II, 11

Una imaginación es una alienación del espíritu

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, III, 37

Lo que la salud y la enfermedad son en relación al cuerpo vivo..., el conocimiento y la ignorancia lo son en relación al espíritu

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Cuestiones a Talasio, prólogo; Ibid., 52: «Estábamos enfermos de ignorancia, como no debía ser»; Centurias sobre la caridad, VI, 46

Hay tres vías por las que recibes los pensamientos apasionados: los sentidos, la memoria y la constitución del cuerpo. Los más nefastos son los que proceden de la memoria

Talasio el Libio Talasio, Centurias, 1,46

(Por haberse) dejado atar al conocimiento mundano, (el hombre no puede) escapar de las trampas del error, (y produce) pensamientos enfermos

Isaac de Nínive Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 69

(El mal es una) invención del diablo, de su libertad

Juan Damasceno Cf. Juan Damasceno, Exposición exacta de la fe ortodoxa, II, 30;

Del olvido caemos en la negligencia; y de la negligencia, en... los deseos fuera de lugar

Hesiquio de Batos Hesiquio de Batos, Capítulos sobre la vigilancia, 32

Si el hombre no hubiera caído del conocimiento y de la contemplación de Dios, no habría descendido hasta este otro conocimiento

Simeón el Nuevo Teólogo Simeón el Nuevo Teólogo, Catequesis, XV, 22-24

La ignorancia (de Dios) es una calamidad, y más que una calamidad. Es verdaderamente las tinieblas palpables (cf. Ex 10, 21). Oscurece las almas en las que se encuentra. Divide profundamente el pensamiento e impide al alma unirse a Dios. Todo lo que se junta con ella es desorden y sinrazón. Pues ella vuelve al hombre entero irracional e insensible... Cuando se expande y se espesa, se convierte para el alma que se le somete en un abismo infernal en el que están todos los tormentos, todos los dolores, todas las tristezas, todos los gemidos

Nicetas Stéthatos Nicetas Stéthatos, Centurias, III, 19

La desobediencia ha falseado las relaciones de la memoria simple con el bien, ha corrompido sus potencias y debilitado su atracción natural hacia la virtud

Gregorio el Sinaíta Gregorio el Sinaíta, Capítulos, 61

[El hombre que no ama a Dios con toda su alma] revolotea a través de este mundo y agota a favor de éste todo o casi todo el amor del que su alma es capaz

Gregorio Palamas Gregorio Palamas, Triadas, II, 1, 18

Ni el amor ni la alegría pueden ser excitados por los bienes de este mundo, que no son sino falsas imitaciones; lo que parece bueno no es más que un simulacro de bien

Nicolás Cabasilas Nicolás Cabasilas, La vida en Cristo, II, 91

[El recuerdo de Dios] hace nacer en el alma una indecible felicidad

Calixto e Ignacio Xanthopoulos Calixto II, Capítulos sobre la oración, 3

Caminad según el Espíritu y no cumpláis los deseos de la carne

Pablo Apóstol Gal 5, 16

Uno de los movimientos del alma es el amor. Lo usamos para amar bien cuando amamos la sabiduría y la verdad; pero cuando nuestro amor se rebaja a cosas menos buenas, lo que amamos es la carne y la sangre

Orígenes Orígenes, Homilías sobre el Cantar de los cantares, II, 1. Cf. también Homilías sobre el Génesis, I, 17

El mal no viene de Dios, no está en Dios, no existía al principio

Atanasio de Alejandría Atanasio de Alejandría, Discurso Contra los paganos, 7

Es como si ella [la bondad del Verbo encarnado] ordenara al alma vivir en su dignidad, alcanzar la vida inmortal, gozar del placer incorruptible y de la gloria inefable

Macario de Egipto Macario de Egipto, Capítulos parafraseados, 67

Eso de alojar a Dios: tener a Dios, mediante el recuerdo, instalado dentro de nosotros mismos. De esta manera, cuando las preocupaciones terrenas no interrumpen la continuidad de este recuerdo, nos convertimos en el templo de Dios

Basilio de Cesarea Basilio de Cesarea, Cartas, II, 4

(Aquellos que) tras haber trastornado su potencia de desear y desviado el impulso de su pensamiento de las realidades divinas hacia los objetos bajos y materiales, abrieron de par en par el campo de su interior a las pasiones, hasta el punto de que llegaron a extinguir en sí todo movimiento hacia las realidades de arriba, y vieron secarse por completo el deseo [de Dios, de las realidades espirituales], cuyo curso, invertido, se dirigió a las pasiones

Gregorio de Nisa

La naturaleza de la potencia irascible del alma (θυµός) es combatir a los demonios

Evagrio Póntico Evagrio Póntico, Tratado práctico, 24; Tratado para el monje Eulogio, 10; Capítulos gnósticos. Pseudo-suplemento, 9 (ed. Frankenberg, 431)

(Los hombres pecadores) Son realmente insensatos..., pues no han aprendido nunca a conocer la verdadera naturaleza de las cosas

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Consolación a Eslagiro, II, 2

[Los sueños malsanos son] el síntoma de un mal que se incubaba interiormente..., que el reposo del sueño hace salir a la superficie, revelando la fiebre oculta de las pasiones que hemos contraído alimentando a lo largo de la jornada pensamientos malsanos

Juan Casiano Juan Casiano, Instituciones cenobíticas, VI, 11

(La ignorancia y el olvido de Dios) entenebrecen al alma con una terrible e inestable curiosidad

Marcos el Monje Marcos el Monje, A Nicolás, 10

La ira moderada es como un arma que nuestro Creador ha dado a nuestra naturaleza

Diádoco de Fótice Diádoco de Fótice, Cien Capítulos gnósticos, 62

En el espíritu hay un odio que es conforme a la naturaleza, y sin odio hacia la enemistad el alma no pone de manifiesto su honradez

Isaías de Escete Isaías de Escete, Asceticón, II, 8

El mal uso de la facultad racional es la ignorancia y la demencia (άφροσύνη)

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad. III, 3. Cf. Juan Damasceno, Discurso útil al alma

Cuando el conocimiento secunda al deseo de la carne, carga con la riqueza, la vanagloria, el adorno, el bienestar del cuerpo; se ata a la sabiduría racional que se adapta al gobierno del mundo y no cesa de inventar, de renovar las técnicas y las ciencias; produce todo lo que corona el cuerpo en este mundo visible

Isaac de Nínive Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 63

De los placeres, unos conciernen al alma; otros, al cuerpo. De los primeros, los hay que interesan solo al alma misma... Los placeres del cuerpo son llamados tales, pero en realidad no existen más que por la conjunción alma- cuerpo, como en el caso del alimento, la sexualidad, etc., y no se encuentra ningún placer que sea únicamente corporal

Juan Damasceno Juan Damasceno, Exposición exacta de la fe ortodoxa, II, 13

[El hombre caído está] cubierto por un abismo de olvido

Hesiquio de Batos Hesiquio de Batos, Capítulos sobre la vigilancia, 116

Al hacerse transgresor e ignorante de Dios, el hombre acopló toda su potencia intelectual a la sensación

Simeón el Nuevo Teólogo Simeón el Nuevo Teólogo, Catequesis, XV, 22-24. i

Como el alma es mudable por naturaleza, está sujeta al cambio: si descuida la asiduidad a las cosas divinas, cae entonces en las preocupaciones terrenas

Nicetas Stéthatos Nicetas Stéthatos, Del alma, 48; cf. 41

[En quienes han elevado su espíritu hacia Dios, la carne] no posee ya deseos contrarios al espíritu

Gregorio Palamas Gregorio Palamas, Triadas, I, 2, 9

Nuestra capacidad de desear ha sido adaptada y guarda proporción con la inmensidad de este objeto de nuestros deseos

Nicolás Cabasilas Nicolás Cabasilas, La vida en Cristo, II, 90; VII, 60-61

[La imaginación mala] se opone... a la obra simple y recta del espíritu

Calixto e Ignacio Xanthopoulos Calixto e Ignacio Xanthopouloi, Centuria espiritual, 64

Todo me está permitido, pero no todo me conviene

Pablo Apóstol 1 Cor 6, 12

Los hombres, al negarse a pensar en el bien, se han puesto a concebir y a imaginar cosas que no existen

Atanasio de Alejandría Atanasio de Alejandría, Discurso Contra los paganos, 7-8

Cuando las pasiones se levantan, las gentes sensatas no las escuchan, sino que se irritan contra los malos deseos y les declaran la guerra

Macario de Egipto Macario de Egipto, Homilías, (colección II), XV, 51

[La inteligencia,] como está siempre en movimiento, se forma a menudo imágenes vanas respecto a cosas que no existen

Basilio de Cesarea Basilio de Cesarea, Cartas, CCXXXIII, 1

[El hombre,] usurpando el amor que se debe sólo a Dios, lo malgasta en pasiones humanas

Gregorio de Nisa San Gregorio de Nisa, Tratado de la virginidad, IX, 1-2; XI, 3

Ese es el uso que debemos hacer de la parte irascible: combatir a la Serpiente con odio

Evagrio Póntico Evagrio Póntico, Tratado práctico, 24; Tratado para el monje Eulogio, 10; Capítulos gnósticos. Pseudo-suplemento, 9 (ed. Frankenberg, 431)

Un mismo corazón no puede albergar varias pasiones. Una pasión expulsa a la otra, y si es compartido, se debilita: la pasión dominante lo atrae todo hacia ella

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Comentario a san Juan, II, 5

Lo mismo que los médicos más experimentados no se contentan generalmente con curar las enfermedades presentes, sino que, con su sabia experiencia, toman la delantera a las enfermedades futuras y las previenen mediante prescripciones y remedios saludables, así también estos auténticos médicos de las almas, destruyendo de antemano en la conferencia espiritual, como por un antídoto celestial, las enfermedades del corazón antes de que aparezcan y no dejando que se desarrollen en el espíritu de los jóvenes, les desvelan tanto la causa de las pasiones que los amenazan como los remedios que procuran la salud

Juan Casiano Cf. Juan Casiano, Instituciones cenobíticas, XI, 4; 19

El alma se degüella por el fuego de los placeres del cuerpo

Marcos el Monje Marcos el Monje, A Nicolás, 7. Cf. Simeón el Nuevo Teólogo, Tratados éticos, XIII, 101-107

La libertad es la voluntad de un alma racional dispuesta a moverse hacia su objeto

Diádoco de Fótice Diádoco de Fótice, Cien Capítulos gnósticos, 5

La ira que para nosotros era conforme a la naturaleza... se ha transformado para todos los sujetos irracionales y vanos en ira contra el prójimo

Isaías de Escete Isaías de Escete, Asceticón, II, 7-8

[Adán estaba destinado a] un conocimiento y una información semejantes a las de Dios, pues gracias a la deificación de su inteligencia y a la mutación de sus sentidos, el hombre ya no habría sido un mero hombre, sino un dios

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Cuestiones a Talasio. prólogo, en PG 90, 257D-260A

[El conocimiento carnal] se denomina ‘conocimiento desnudo’, pues está despojado de toda preocupación por Dios y agota la inteligencia, privándola de la razón, ya que está dominada por el cuerpo. No se ocupa sino de este mundo

Isaac de Nínive Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 63

Allí donde hay necesidad no puede haber virtud

Juan Damasceno Juan Damasceno, Exposición exacta de la fe ortodoxa, II, 12

Por medio de la imaginación engañosa los demonios nos empujan siempre a pecar

Hesiquio de Batos Hesiquio de Batos, Capítulos sobre la vigilancia, 118; 14

Dios mío, yo no puedo decir lo que son las cosas visibles... todos hemos caído en la vanidad y somos incapaces de hacer un juicio verdadero sobre los seres

Simeón el Nuevo Teólogo Simeón el Nuevo Teólogo, Himnos, IV, 68-70

Si desea los dones estables de Dios, que permanecen para siempre..., entonces el hombre se mueve según la naturaleza

Nicetas Stéthatos Nicetas Stéthatos, Del alma, 33; 34

El hombre atrapado y dirigido por los malos deseos tiende hacia lo que le parece bello, y manifiesta con sus acciones que ignora lo que es lo Bello de verdad. El hombre, poseído por una ira mal empleada, lucha por lo que le parece que es el Bien. Todo hombre, sin excepción, se ha apegado a la mala vida, se dedica a lo que le parece lo Mejor, y no a lo que realmente lo es

Gregorio Palamas Gregorio Palamas, Triadas, II, 3, 73

[Dios] ha conjuntado con Él mismo nuestra alma, y también nuestra potencia de desear y todo nuestro ser

Nicolás Cabasilas Nicolás Cabasilas, La vida en Cristo, II, 90; VII, 60-61

Quienes han progresado, con el tiempo rechazan toda imaginación, tanto la buena como la mala. Las alejan. Como se funde la cera en el fuego, las reducen a cenizas y las consumen mediante la oración pura, desatando y despojando el espíritu de toda figura, puesto que se dirigen simplemente hacia Dios, y... lo acogen y se unen a él en la unidad más allá de las formas

Calixto e Ignacio Xanthopoulos Calixto e Ignacio Xanthopouloi, Centuria espiritual, 65

Os exhorto, por la misericordia de Dios, a ofrecer vuestro cuerpo como un sacrificio vivo, santo y agradable a Dios

Pablo Apóstol Rom 12, 1

Apartada del bien, y olvidando que ella es a imagen del Dios bueno, la potencia que está [en el alma] deja de ver al Dios Verbo, a semejanza del cual ha sido hecha; saliendo de ella misma, no piensa ni imagina más que la nada

Atanasio de Alejandría Atanasio de Alejandría, Discurso Contra los paganos, 7-8

Si no le atribuyes una naturaleza dotada de libertad, vuelves al hombre absolutamente indigno de alabanza. En efecto, lo que es por naturaleza bueno y excelente no merece ser alabado... Pues no es digno de alabanza... el bien que no procede de una opción libre

Macario de Egipto Macario de Egipto, Homilías (colección II), XXVII, 21

Debemos superar como bajos y efímeros los objetos que atraen los deseos de los hombres, que son tenidos por bellos y, por tanto, juzgados dignos de celo y favor, y no malgastar nuestra potencia de desear en ninguno de ellos

Gregorio de Nisa San Gregorio de Nisa, Tratado de la virginidad, IX, 1-2; XI, 3

La agresividad (θυµός) buena es una facultad del alma destinada a destruir los malos pensamientos

Evagrio Póntico Evagrio Póntico, Tratado práctico, 24; Tratado para el monje Eulogio, 10; Capítulos gnósticos. Pseudo-suplemento, 9 (ed. Frankenberg, 431)

¿De dónde se deriva que nuestro amor a Jesucristo sea tan débil, sino de que agotamos las fuerzas de nuestra alma en las vanas pasiones?

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Comentario a san Mateo, IV, 9

Aprenderemos cómo evitar el veneno tan peligroso de esta enfermedad buscando su causa y su origen. En efecto, las enfermedades no podrán curarse nunca, ni se podrán encontrar los remedios para los problemas de salud, si antes no se buscan mediante una investigación minuciosa sus orígenes y sus causas

Juan Casiano Juan Casiano, Instituciones cenobíticas, XII, 4, 2 (cf. XI)

[El hombre] era capaz de ceder a la acechanza de Satán o de no ceder, y tenía la facultad para ello

Marcos el Monje Marcos el Monje, Sobre el bautismo, 22. Cf. Ireneo de Lyon, Contra las herejías, IV, 37

[El espíritu] exige de nosotros una obra que satisfaga su necesidad de actividad

Diádoco de Fótice Diádoco de Fótice, Cien Capítulos gnósticos, 59; 61

El odio natural... se ha vuelto antinatural, y nos hace odiar y despreciar al prójimo

Isaías de Escete Isaías de Escete, Asceticón, II, 7-8

[La creación] contemplada espiritualmente, es el árbol del conocimiento del bien; considerada bajo su aspecto material, el del conocimiento del mal. En efecto, se vuelve un maestro que enseña las pasiones y conduce al olvido de Dios a quienes no mantienen con ella más que relaciones corporales

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Cuestiones a Talasio, prólogo, en PG 90, 257D-260A

Nadie puede poseer a la vez el amor de Dios y el deseo del mundo

Isaac de Nínive Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 4; cf. 44

Es necesario saber que en Dios podemos hablar de intención, mas no propiamente de elección. Dios no delibera; la deliberación se debe a la ignorancia, pero no se delibera cuando se sabe

Juan Damasceno Juan Damasceno, Exposición exacta de la fe ortodoxa, II, 22

Sin la imaginación, Satán no puede suscitar pensamientos ni exponerlos al espíritu para engañarlo

Hesiquio de Batos Hesiquio de Batos, Capítulos sobre la vigilancia, 118; 14

Esta forma de conocer es en realidad ignorancia de todo lo bueno

Simeón el Nuevo Teólogo Simeón el Nuevo Teólogo, Catequesis, XV, 20-21

Si [el hombre] alimenta deseos dirigidos hacia la materia, vueltos hacia lo fugaz, sin permanencia..., entonces se mueve de modo antinatural e irracional

Nicetas Stéthatos Nicetas Stéthatos, Del alma, 33; 34

Quienes se entregan a los placeres sensibles y corruptibles, agotan todo el deseo de su alma en la carne y, por consiguiente, se vuelven por entero carne

Gregorio Palamas Gregorio Palamas, Triadas, I, 2, 9. Cf. Máximo el Confesor, Ambigua a Juan, 10, en PG 91, 1112C

El corazón humano ha sido creado en función de Cristo, como un inmenso joyero, lo suficientemente amplio como para contener a Dios mismo

Nicolás Cabasilas Nicolás Cabasilas, La vida en Cristo, II, 90; VII, 60-61

Por eso los Padres divinos hablan de ella [la imaginación] y contra ella de muchas maneras. Como el Dédalo del mito, esta imaginación posee numerosas formas, y como la hidra, tiene muchas cabezas... Por ella atraviesan y pasan los asesinos infames que vienen a unirse y a mezclarse con el alma, que hacen de ella una colmena de abejorros, una morada de pensamientos estériles y apasionados

Calixto e Ignacio Xanthopoulos Calixto e Ignacio Xanthopouloi, Centuria espiritual, 64

Cuando el sol brilla e ilumina toda la tierra con su luz, si un hombre se tapara los ojos y se imaginara que está en la Oscuridad, cuando la oscuridad no existe, y luego caminara al azar como si vagara en la oscuridad, cayendo sin cesar y rodando por precipicios, pensaría que no es de día, sino que él está en la oscuridad; creería mirar, pero no vería nada en absoluto. Lo mismo del alma humana, tapándose los ojos que le permitían ver a Dios, ha concebido el mal y, al moverse por él; cree que hace algo cuando no hace nada, pues es la nada lo que imagina. No ha permanecido tal como fue hecha, sino que se muestra como ella misma se ha moldeado. Pues ha sido hecha para ved a Dios y para ser iluminada por él; pero, en lugar de a Dios, lo que ha buscado son las cosas corruptibles y las tinieblas

Atanasio de Alejandría Atanasio de Alejandría, Discurso Contra los paganos, 7-8. Hallaremos una comparación análoga en Gregorio de Nisa, Tratado de la virginidad, XII, 2

Desde la caída y la expulsión del paraíso terrenal, el hombre está encadenado por una doble serie de ataduras. Unas proceden de la vida misma, de los asuntos que comportan, del amor a las cosas visibles. En su interior, el alma está envuelta, embaucada, encarcelada por los espíritus maléficos que la mantienen en las tinieblas

Macario de Egipto Macario de Egipto, Homilías, colección II, XXI, 2

Por naturaleza, nuestra potencia de desear no es capaz de servir al mismo tiempo a las voluptuosidades corporales y al matrimonio espiritual

Gregorio de Nisa Gregorio de Nisa, Tratado de la virginidad, XX, 2-3

Cuando seas tentado, no reces sin antes haber dirigido con ira algunas palabras a aquel que te atenaza. Pues si dices algo con ira a los pensamientos, confundes y haces que desaparezcan las representaciones sugeridas por los adversarios

Evagrio Póntico Evagrio Póntico, Tratado práctico, 42

El placer no es más que un gozo efímero. Sí, el placer se esfuma rápidamente, y no podríamos retenerlo ni siquiera unos instantes. Pues tal es el destino de las cosas humanas y sensibles. Apenas las poseemos, se nos escapan... No nos ofrecen nada sólido ni seguro, nada fijo ni permanente. Corren más deprisa que el agua de los ríos y dejan vacíos e indigentes a cuantos las buscan con vivo empeño. Por el contrario, los bienes espirituales presentan un carácter absolutamente distinto. Son firmes, seguros, constantes y eternos. Así pues, ¿no es una extraña locura el cambiar unos bienes inmutables por un disfrute pasajero, una dicha inmortal por unos placeres momentáneos, y una felicidad verdadera y eterna por unas voluptuosidades frívolas y fugaces?

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Homilías sobre el Génesis, I, 4

El creador del universo y su médico, Dios, sabiendo que el orgullo es la causa de las enfermedades más graves, se preocupa de curar los contrarios mediante los contrarios, de modo que lo que había caído por el orgullo vuelva a levantarse por la humildad

Juan Casiano Juan Casiano, Instituciones cenobíticas, XII, 8; Conferencias, XXIV, 15-16

Este debe ser el punto de partida de una conducta provechosa según Dios: debes repasar siempre en tu memoria y conservar en una meditación incesante el recuerdo de la bondad de Dios, que ha trazado el curso de tu vida según su designio, orientando sus favores a la salud de tu alma. No permitas que tu memoria se oscurezca por el vicio, que es fuente de indiferencia, ni pierdas el recuerdo de la multitud y la importancia de sus gracias y pases como consecuencia el resto del tiempo sin provecho, en la ingratitud. Pues este recuerdo incesante estimula el corazón a la manera de un aguijón, lo empuja en todo tiempo a la confesión, a la humildad, a la acción de gracias con un alma destrozada, a un gran celo por el bien, para ofrecer a cambio un modo de vida, unas costumbres provechosas y todas las virtudes según Dios

Marcos el Monje Marcos el Monje, A Nicolás

[La oración continua es para el espíritu] la única ocupación que responde plenamente a su objetivo

Diádoco de Fótice Diádoco de Fótice, Cien Capítulos gnósticos, 59; 61

El mal consiste en ignorar al benéfico Autor de las criaturas. Esta ignorancia, por una parte, encogió el espíritu; por otra, abrió ampliamente el camino a los sentidos, alejando al hombre por completo del conocimiento divino, para no llenar su existencia más que del conocimiento apasionado de las cosas sensibles

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Cuestiones a Talasio, prólogo, en PG 90, 257D-260A

El fin de esta libertad aparente es una dura esclavitud

Isaac de Nínive Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 42

[Adán tenía la posibilidad] de permanecer en el bien y progresar en él, sostenido por la gracia divina

Juan Damasceno Juan Damasceno, Exposición exacta de la fe ortodoxa, II, 22

Así es como [Satán] separó a Adán de Dios, haciéndole imaginar que poseía la dignidad divina. Y así es como el enemigo mentiroso y astuto sigue engañando a los pecadores

Hesiquio de Batos Hesiquio de Batos, Capítulos sobre la vigilancia, 119

Cristo, nuestro Dios, es la meta de todo deseo

Simeón el Nuevo Teólogo Simeón el Nuevo Teólogo, Catequesis, XX, 24-26

Si el deseo y la razón tienden por naturaleza hacia lo divino, la ira es para ellos un arma de justicia contra la serpiente, que solo murmura en la conciencia y le sugiere tomar parte en los placeres de la carne

Nicetas Stéthatos Nicetas Stéthatos, Del alma, 57. Cf. 33

[Algunos carismas del Espíritu] actúan por medio del cuerpo

Gregorio Palamas Gregorio Palamas, Triadas, II, 2, 13; Homilías, 12, en PG 150, 153C

Constatamos que nuestra calidad de desear... no la colma nada de la naturaleza, sino que todo se muestra deficiente con relación a ella

Nicolás Cabasilas Nicolás Cabasilas, La vida en Cristo, II, 90; VII, 60-61

[La imaginación] se opone con todas sus fuerzas a la oración pura

Calixto e Ignacio Xanthopoulos Calixto e Ignacio Xanthopouloi, Centuria espiritual, 64

Los hombres, en su locura, despreciaron el don que se les había hecho, se apartaron de Dios y ensuciaron de tal manera su alma que no solo olvidaron la idea de Dios, sino que se forjaron otros dioses en su lugar. Se hicieron ídolos en vez de la verdad, y prefirieron la nada al verdadero Dios, adorando a la criatura en lugar de al Creador

Atanasio de Alejandría Atanasio de Alejandría, Sobre la encarnación del Verbo, 11

El cristiano tiene que acordarse siempre de Dios

Macario de Egipto Macario de Egipto, Homilías, colección II, XLIII, 3

En efecto, el ojo no tiene la capacidad de ver simultáneamente dos cosas, a menos que se dirija por turno y por separado a cada uno de los objetos visibles; la lengua tampoco puede estar al servicio de idiomas diferentes, pronunciando en el mismo instante palabras hebreas y griegas; el oído no escucha simultáneamente el relato de unos acontecimientos y una enseñanza didáctica

Gregorio de Nisa Gregorio de Nisa, Tratado de la virginidad, XX, 2-3

El alma racional actúa según la naturaleza cuando su parte irascible lucha por la virtud

Evagrio Póntico Evagrio Póntico, Tratado práctico, 86

Nuestros juicios no se forman según la naturaleza de las cosas que nos impresionan, sino según el sentimiento del alma que las ve con los ojos

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Catequesis, II, 4

Si la peste infecciosa infecta la parte racional, engendra en ella la cenodoxia, el encumbramiento, el orgullo, la presunción... Aplicad, pues, al miembro o a la parte de vuestra alma que hemos dicho que está especialmente herida, el remedio de la verdadera humildad

Juan Casiano Juan Casiano, Conferencias, XXIV, 15-16

[Aquel que] no deja caer en el olvido tales favores... se orienta hacia toda la buena ascesis de la virtud y hacia todas las obras justas con un ardor siempre mantenido y siempre dispuesto a ejecutar la voluntad de Dios

Marcos el Monje Marcos el Monje, A Nicolás

[Los santos que] se aproximan a la perfección, tienen continuamente en el corazón el recuerdo del Señor Jesús

Diádoco de Fótice Diádoco de Fótice, Cien capítulos gnósticos, 88

Toda inteligencia humana extraviada y que se aparta de su movimiento natural, ya no se mueve más que hacia las pasiones, los sentidos y las cosas sensibles, puesto que tampoco tiene otro lugar adonde dirigirse, una vez que le falta el movimiento que le encamina por naturaleza hacia Dios

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Ambigua a Juan, 10, en PG 91,1112A

Quien no somete a Dios su propia voluntad, se somete a su adversario

Isaac de Nínive Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 42

[Adán tenía la posibilidad] de abandonar el bien e ir al mal, separándose de Dios por una opción deliberada

Juan Damasceno Juan Damasceno, Exposición exacta de la fe ortodoxa, II, 22

El alma unida a Dios por el amor no puede ser arrastrada por los placeres y los apetitos del cuerpo, ni incluso hacia ningún otro deseo a nada visible ni incluso invisible, sea un objeto, sea una pasión, pues el dulce amor de Dios tiene atado el impulso de su corazón, o mejor dicho, toda la inclinación de su voluntad. Y ¿cómo podría ésta, una vez ligada a su propio Creador, arder de fiebre por causa del cuerpo, o realizar, aun en pequeña medida, sus propios deseos? De ningún modo

Simeón el Nuevo Teólogo Simeón el Nuevo Teólogo, Catequesis, XXV

Si el hombre dirige su ira solo contra la antigua serpiente, entonces se mueve según la naturaleza

Nicetas Stéthatos Nicetas Stéthatos, Del alma, 33-34

[El cuerpo] participa también en la santificación

Gregorio Palamas Gregorio Palamas, Triadas, II, 2, 13; Homilías, 12, en PG 150, 153C

Nada de aquí nos sacia, nada satisface nuestros deseos, estamos siempre alterados, como si nunca alcanzáramos el objeto de nuestras aspiraciones. Pues el alma humana tiene sed de infinito, y ¿cómo le satisfaría el mundo pasajero? Eso es lo que el Salvador enseñó a la Samaritana: ‘El que beba de esta agua volverá a tener sed’ (Jn 4, 13)

Nicolás Cabasilas Nicolás Cabasilas, La vida en Cristo, II, 90; VII, 60-61

Los santos dicen que [la imaginación] es como un puente por el que pasan los demonios

Calixto e Ignacio Xanthopoulos Calixto e Ignacio Xanthopouloi, Centuria espiritual, 64

Los hombres, habiendo aprendido a imaginar el mal que no existe, se han formado asimismo unos dioses que no existen... En su locura..., al olvidar el pensamiento y el conocimiento de Dios y no tener sino una razón cegada o, más bien, una sinrazón, se han representado las cosas aparentes como si fueran dioses, glorificando a la criatura en vez de al Creador (cf. Rom 1, 25) y divinizando a las obras en lugar de a Aquel que es la causa y el demiurgo y el Amo, Dios

Atanasio de Alejandría Atanasio de Alejandría, Sobre la encarnación del Verbo, 11; 15; Discurso Contra los paganos, 8

El espíritu que rechaza el recuerdo de Dios sucumbe a la ira o a la concupiscencia

Macario de Egipto Macario de Egipto, Homilías, colección II, LIV, 10

El cuidado de uno acarrea necesariamente la separación del otro

Gregorio de Nisa Gregorio de Nisa, Tratado de la virginidad, XX, 2

La naturaleza de la potencia irascible es luchar por el placer

Evagrio Póntico Evagrio Póntico, Tratado práctico, 24

Se os han dado los ojos para que, a la vista de la creación, deis gloria al Señor

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Homilías sobre los demonios, II, 3; Homilías sobre el Génesis, XXII, 3

La Escritura dice: ‘El infierno y la perdición son patentes para el Señor’ (Prov 15, 11). Habla de la ignorancia del corazón y del olvido. La ignorancia es el infierno, y el olvido la perdición

Marcos el Monje Marcos el Monje, La ley espiritual, 61-62

La primera Eva nos enseña que la vista, el gusto y los demás sentidos, cuando los usamos sobrepasando la medida, disipan la memoria del corazón. En efecto, mientras no miró con placer el árbol de la prohibición, ella se acordaba concienzudamente del precepto divino. Por eso seguía todavía como cobijada bajo las alas del divino amor... Pero cuando empezó a contemplar la madera con delectación, a tocarla con un deseo ardiente y después probó su fruto con un intenso placer..., entregó todo su deseo al gozo del presente, mezclando a Adán con su propio pecado por la dulce apariencia del fruto. Desde entonces, el espíritu humano ya no puede acordarse de Dios y de sus mandamientos más que con esfuerzo

Diádoco de Fótice Diádoco de Fótice, Cien capítulos gnósticos, 56

El velo es la ilusión producida por los sentidos, que lija la atención del alma en las apariencias superficiales de los objetos sensibles y cierra el paso a los inteligibles

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Ambigua a Juan, 10, en PG 91, II12B

La unión espiritual es la memoria en estado puro

Isaac de Nínive Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 33; cf. 1

Era preciso que el hombre fuera primero probado. Sin haber sido probado ni tentado, el hombre no es en absoluto digno. Llevado por la tentación a la perfección en la observancia del mandamiento, hubiera conocido la incorruptibilidad como pago de su virtud

Juan Damasceno Juan Damasceno, Exposición exacta de la fe ortodoxa, II, 30

Aquel que es iluminado por el Espíritu Santo... en realidad ve en espíritu, vele o duerma, esos bienes que el ojo no ha visto, que el oído no ha oído, que no han entrado en el corazón del hombre y que los mismos ángeles desean vislumbrar

Simeón el Nuevo Teólogo Simeón el Nuevo Teólogo, Capítulos teológicos, gnósticos y prácticos, III, 61; cf. 62

Si [el hombre] dirige su ira contra sus semejantes..., entonces se mueve de modo no racional (ού λογικώς) y vive de forma contraria a la razón (άλόγως)

Nicetas Stéthatos Nicetas Stéthatos, Del alma, 33-34

¿Qué alegría y qué movimiento del cuerpo hay que no sean una actividad común al alma y al cuerpo?... Existen, en efecto, pasiones bienaventuradas, actividades comunes que no encadenan el Espíritu a la carne, sino que atraen a la carne hasta una dignidad cercana a la del Espíritu y la obligan a volverse ella también hacia lo alto. ¿Cuáles son? son las actividades espirituales, que no van del cuerpo a la inteligencia...y sino que descienden de la inteligencia al cuerpo, para transformarlo en algo mejor y deificarlo por sus acciones y sus pasiones... En los hombres espirituales, la gracia del Espíritu, transmitida al cuerpo por medio del alma, le proporciona a éste también la experiencia de las cosas divinas, y le permite sentir la misma pasión del alma que tiene la experiencia divina; esta alma, puesto que experimenta la pasión de las cosas divinas, posee sin duda una parte apasionada, digna de elogio y divina... Cuando ella prosigue esta actividad bienaventurada, deifica también al cuerpo; entonces el cuerpo ya no se mueve empujado por las pasiones corporales y materiales, [...] sino que se vuelve sobre sí mismo, rechaza cualquier relación con las cosas malas e inspira él mismo su propia deificación, una deificación inalienable

Gregorio Palamas Gregorio Palamas, Triadas, II, 12

Sean cuales sean los bienes con los que somos favorecidos, incluso aunque poseyéramos la totalidad de los bienes, lanzamos nuestra mirada más lejos y, más allá de los bienes presentes, perseguimos los bienes ausentes; nada sacia nuestro deseo, nada aplaca nuestra sed de dicha, nada satisface plenamente nuestra capacidad de gozar

Nicolás Cabasilas Nicolás Cabasilas, La vida en Cristo, VII, 60

Mientras que nada subsiste fuera del Verbo, sino que el cielo y la tierra y todos los seres que contienen dependen de Él, los hombres, sin embargo, en su locura, han rechazado el conocimiento y la piedad para con Él, y han honrado a lo que no es en vez de a lo que es, y en lugar de a Dios, que es verdaderamente, han divinizado a la nada, adorando a la criatura en lugar de al Creador, lo cual es una locura

Atanasio de Alejandría Atanasio de Alejandría, Sobre la encarnación del Verbo, 11; 15; Discurso Contra los paganos, 8. Clemente de Alejandría escribe en el mismo sentido: «Me parece que es sólo la locura (pavía) la que llena una vida consagrada con tanto afán al culto de la materia», Protréptico, X, 99. Cf. Juan Crisostomo, Homilías sobre los demonios, I, 6: «Dejando de lado al Creador, han adorado al cielo mismo, a causa de su imbecilidad y su demencia». Los Padres consideran muy corrientemente las formas idolátricas del paganismo como formas de locura. Cf., entre otros. Constituciones apostólicas, V, 15, 3

Lo mismo que Dios creó el cielo y la tierra para que el hombre habitara allí, también creó el cuerpo y el alma del hombre para que sean su morada, para que él habite y descanse en el cuerpo como en su casa, teniendo por esposa llena de belleza al alma amada

Macario de Egipto Macario de Egipto, Homilías, colección II, XLIX, 4

[El ‘conocimiento del bien y del mal’ designa] una disposición interior frente a lo que [les] resulta agradable

Gregorio de Nisa Gregorio de Nisa, La creación del hombre, XX, en PG 44, 197CD

Los ángeles nos sugieren el placer espiritual y la beatitud que le sigue, para exhortarnos a dirigir nuestra irascibilidad contra los demonios

Evagrio Póntico Evagrio Póntico, Tratado práctico, 24

El ojo está hecho para celebrar al Creador al ver las criaturas de Dios

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Homilías sobre los demonios, II, 3; Homilías sobre el Génesis, XXII, 3

Son tres gigantes extranjeros, poderosos y fuertes que tú tienes que considerar; sobre ellos se apoya toda la fuerza de nuestro temible enemigo espiritual... Aquellos que consideramos como los poderosos gigantes del Mal son la ignorancia, madre de todos los males; el olvido, su hermano, su socio y su auxiliar; y la negligencia, que teje en el alma un vestido y un velo tenebrosos de nubes negras. Esta última consolida y fortalece a las otras dos, les proporciona consistencia introduciendo el mal de modo endémico y arraigándolo en el alma especialmente despreocupada. El resto de las pasiones crece y se fortifica gracias a la negligencia, el olvido y la ignorancia. Ellas se apoyan mutuamente y no pueden mantenerse las unas sin las otras. El poder de las fuerzas enemigas se manifiesta en ellas, así como el vigor de los príncipes del mal; por medio de ellas todo el ejército de los espíritus malvados se insinúa, se consolida y puede realizar sus designios

Marcos el Monje Marcos el Monje, A Nicolás, 12. Cf. 13

A partir del momento en que una mala inclinación lo ha puesto en un estado de doble ciencia, nuestro espíritu no puede por menos, aunque no quiera, que tener al mismo tiempo pensamientos buenos y malos... En efecto, a medida que se apresura a concebir el bien, recuerda inmediatamente el mal, ya que, a consecuencia de la desobediencia de Adán, el recuerdo del hombre se encuentra escindido en un doble pensamiento

Diádoco de Fótice Diádoco de Fótice, Cien Capítulos gnósticos, 88

Al organizar la naturaleza humana, Dios dotó a su espíritu con una potencia de placer que le hacía capaz de gozar inefablemente de Él

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Cuestiones a Talasio, 61

[La oración] halla en él [el recuerdo de Dios] la materia sobre la que se le ha concedido basarse

Isaac de Nínive Marcos el Monje, A Nicolás, 6

[A las visiones divinas] no hay que llamarlas ensueños, sino sencillamente visiones y contemplaciones

Simeón el Nuevo Teólogo Simeón el Nuevo Teólogo, Capítulos teológicos, gnósticos y prácticos, III, 64

La potencia agresiva ocupa un lugar intermedio entre el deseo y la razón del alma. Es como un arma que posee cada uno de ellos en su movimiento antinatural o conforme a la naturaleza. Cuando el deseo y la razón se mueven, según la naturaleza, hacia lo divino, la potencia agresiva es en cada uno de ellos un arma justa que actúa solo contra la Serpiente que les tienta y les propone deleitarse con los placeres de la carne y gozar de la gloria de los hombres. Pero cuando se apartan de su movimiento natural, cuando desnaturalizan su potencia, cuando se vuelven de la consideración de las cosas divinas hacia las cosas humanas, la potencia agresiva es un arma de la injusticia que sirve al pecado. Entonces, mediante ella, el deseo y la razón combaten y atacan a aquellos que intentan contrariar sus impulsos y sus codicias

Nicetas Stéthatos Nicetas Stéthatos, Centurias, I, 16

Hemos recibido la memoria para llevar a Cristo en nosotros

Nicolás Cabasilas Nicolás Cabasilas, La vida en Cristo, VI, 91

Los hombres, despreciando las realidades superiores y lentos para captarlas, buscaron en su lugar las que estaban más cerca de ellos. Ahora bien, lo que está más cerca es el cuerpo y los sentidos; por eso apartaron su espíritu de los inteligibles y se pusieron a considerarse a ellos mismos. Al considerarse a ellos mismos, se apegaron a su cuerpo y a las demás cosas sensibles, y equivocándose -por decirlo así- en su propia causa, llegaron a desearse a ellos mismos, prefiriendo su propio bien a la contemplación de las cosas divinas

Atanasio de Alejandría Atanasio de Alejandría, Discurso contra los paganos, 3

[Cuando el apóstol habla del ‘hombre viejo’] entiende por tal un hombre entero que tiene otros ojos además de nuestros ojos, una cabeza además de nuestra cabeza, unos oídos además de nuestros oídos, unas manos además de nuestras manos y unos pies además de nuestros pies. Pues el Maligno ha manchado y trastocado al hombre entero, alma y cuerpo; y ha revestido al hombre con un ‘hombre viejo’... que no se somete a la ley de Dios..., de modo que el hombre ya no ve como quiere, sino que ve y oye de forma perversa, sus pies se apresuran a hacer el mal, sus manos cometen la iniquidad y su corazón alberga malas intenciones

Macario de Egipto Macario de Egipto, Homilías (colección II), II, 2

Dado que la mayoría considera el bien aquello que cautiva los sentidos, y ya que la misma palabra designa el bien real y el bien aparente, el deseo que se dirige hacia el mal como si fuera un bien lo llama la Escritura ‘conocimiento del bien y del mal’, queriendo expresar con la palabra ‘conocimiento’ esta disposición interior y esta mezcla

Gregorio de Nisa Gregorio de Nisa, La creación del hombre, XX, en PG 44, 200B

La facultad agresiva (θυµός) impura es una potencia del alma enferma

Evagrio Póntico Evagrio Póntico, Capítulos gnósticos. Pseudo-suplemento, 9 (ed. Frankenberg, III)

Contemplemos nuestros miembros: encontraremos que ellos también son causa de nuestra ruina si no tenemos cuidado; no lo serán por su naturaleza, sino debido a nuestra negligencia

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Homilías sobre el Génesis, XXII, 3

Todos los que olvidan a Dios se vuelven voluptuosos

Marcos el Monje Marcos el Monje, De quienes piensan que están justificados por sus obras, 122

Desde entonces [desde el pecado de Adán], el espíritu humano ya no puede acordarse de Dios y de los mandamientos más que con esfuerzo

Diádoco de Fótice Diádoco de Fótice, Cien Capítulos gnósticos, 56

Solo hay una felicidad: la vida común del alma con el Verbo... El único placer es acceder a las cosas divinas

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Comentario al Padrenuestro, en PG 90, 849CD y 901A. Cf. también Evagrio Póntico, Capítulos gnósticos, III, 64; IV, 49; Tratado práctico, 32

[En su memoria el hombre] es arrebatado por encima de la naturaleza

Isaac de Nínive Cf. Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 33; 65

Lo que ocupa el alma y entra en ella en el estado de vigilia cautiva también su imaginación y su pensamiento durante el sueño

Simeón el Nuevo Teólogo Simeón el Nuevo Teólogo, Capítulos teológicos, gnósticos y prácticos, III, 62

[En los sueños] las imaginaciones del espíritu se corresponden con la disposición del hombre interior y con sus preocupaciones

Nicetas Stéthatos Nicetas Stéthatos, Centurias, II, 60

El alma es mudable por naturaleza, y aunque se ha apartado del bien no por eso deja de estar en movimiento. Por tanto, se mueve, pero ya no lo hace hacia la virtud para ver a Dios: al dirigir su pensamiento a lo que no es, transforma la potencia que tiene y se sirve de ella para volverse hacia los deseos que ha imaginado, ya que ha sido hecha independiente. Puede inclinarse al bien, pero también apartarse del bien. En este caso, piensa en cosas totalmente opuestas, pues no puede dejar de estar en movimiento, siendo por naturaleza, como acabo de decir, muy voluble

Atanasio de Alejandría Atanasio de Alejandría, Discurso Contra los paganos, 4

[Las cosas que nos dan ocasión de mal] en principio parecen deseables y son buscadas como un bien a consecuencia de un engaño

Gregorio de Nisa Gregorio de Nisa, La creación del hombre, XX, en PG 44, 200A-B

[La naturaleza de la potencia agresiva] es luchar con vistas al placer, cualquiera que sea este

Evagrio Póntico Evagrio Póntico, Tratado práctico, 24

Los ensueños que aparecen ante el alma en el amor de Dios son con seguridad indicios de un alma sana

Diádoco de Fótice Diádoco de Fótice, Cien capítulos gnósticos, 37

[Adán] orientaba hacia Él [Dios] toda su capacidad de amar

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Ambigua a Juan, 45, en PG 91, 1353C

[El hombre espiritual] se olvida de sí mismo. Olvida su naturaleza. Ya no se acuerda en absoluto de este siglo. Y no deja de meditar y de concebir todo lo que revela la grandeza de Dios

Isaac de Nínive Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 85; 73

Cuando la parte concupiscible del alma (έπιθυµετικόν) es empujada hacia las pasiones, las asechanzas, las voluptuosidades y los disfrutes de la vida, el alma percibe las mismas cosas en sus sueños. Si la parte irascible (θυµικόν) la hace encolerizarse contra sus semejantes, no sueña sino con irrupciones de fieras, batallas y peleas de serpientes, y discute con sus adversarios como ante un tribunal. Si es la parte racional (λογιστικόν) la que es exaltada por la cenodoxia o por el orgullo, el alma se figura que tiene alas y vuela por los aires, que reina sobre un trono elevado o marcha a la cabeza del pueblo ante un cortejo de carruajes

Simeón el Nuevo Teólogo Simeón el Nuevo Teólogo, Capítulos teológicos, gnósticos y prácticos, III, 63

El que mantiene su alma en el amor a la materia y al placer, busca en la imaginación la posesión de las cosas, el bienestar y el dinero, las formas de la mujer y los besos apasionados; se mancha la túnica y se ensucia la carne. El que tiene el alma codiciosa y avara, ve oro por doquier, lo exige, cobra intereses abusivos, lo atesora, pero carece de compasión y se condena. El que tiene el alma colérica y envidiosa, es perseguido por fieras y serpientes venenosas, y es presa de espanto y miedo. El que tiene el alma inflada por la vanagloria, se ve aclamado y rodeado por la gente; imagina los tronos del poder y la autoridad; considera que tiene lo que aún no tiene, o al menos piensa que lo tendrá, y vive siempre en vilo. El que tiene el alma soberbia y presuntuosa se ve llevado por los vehículos más ostentosos, e incluso imagina que tiene alas y vuela por los aires. Y todos tiemblan ante este elevado poder

Nicetas Stéthatos Nicetas Stéthatos, Centurias, II, 60

Viendo que el placer era un bien para ella, el alma, en su error, abusó del nombre de bien, y pensó que el placer era el bien absoluto y verdadero: igual que un hombre que, preso de demencia, pidiera una espada para herir a aquellos que se encuentra y creyera que eso es la sabiduría

Atanasio de Alejandría Atanasio de Alejandría, Discurso contra los paganos, 4

El mal esconde en sus profundidades, como una trampa, la muerte, pero mediante una apariencia engañosa hace que tenga la imagen del bien

Gregorio de Nisa Gregorio de Nisa, La creación del hombre, XX, en PG 44, 200A-B

[Los demonios] nos arrastran hacia los deseos del mundo y constriñen a la parte irascible a combatir a los hombres en contra de su naturaleza

Evagrio Póntico Evagrio Póntico, Capítulos gnósticos. Pseudo-suplemento, 9 (ed. Frankenberg, 431)

Dios, el Verbo, que creó la naturaleza de los hombres, no estableció con ella el placer sensible

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Cuestiones a Talasio, 61

[El hombre espiritual tiene una] memoria ligada al género de vida que lleva...; no piensa en las cosas de este mundo, no se acuerda de ellas

Isaac de Nínive Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 85; 73

Cuando el espíritu alcanza las cosas sobrenaturales, los sentidos permanecen según la naturaleza y se abren a las causas libres de toda pasión. No buscan más que sus razones (λόγοι) y sus naturalezas. Disciernen sin error sus energías y sus cualidades. No se ven afectados ni son arrastrados hacia ellas de forma antinatural

Nicetas Stéthatos Nicetas Stéthatos, Centurias, I, 22

Al apartarse de la consideración del deseo del Uno y del Ser, es decir, de Dios, los hombres se adentraron en la diversidad y la multiplicidad de los deseos corporales

Atanasio de Alejandría Atanasio de Alejandría, Discurso Contra los paganos, 3-4

Sucede que la inteligencia, inducida a error en su deseo del verdadero bien, fue desviada hacia lo que no es; engañada por el promotor y el consejero del vicio, se dejó persuadir de que el bien era todo lo contrario del bien

Gregorio de Nisa Gregorio de Nisa, Discurso catequético, XXI

No vayas a desviar el uso que haces de la potencia irascible hasta usarla de modo antinatural enfadándote contra tu hermano

Evagrio Póntico Evagrio Póntico, Tratado para el monje Eulogio, 10

El diablo, mediante un engaño persuadió al hombre para que trasladara el deseo de su alma de lo que estaba permitido a lo que estaba prohibido, y para que se volviera hacia la transgresión del mandamiento divino

Máximo el Confesor Cf. Atanasio de Alejandría, Discurso Contra los paganos, 3

Desde el momento en que la memoria de Dios se aposenta en el alma, borra cualquier otro recuerdo

Isaac de Nínive Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 85; 73

Todas las acciones ramificadas en los sentidos, la vista, el oído, el olfato, el gusto y el tacto, se mueven de acuerdo con la naturaleza si predomina lo mejor

Nicetas Stéthatos Nicetas Stéthatos, Del alma, 31

Presa del placer, el alma se pone a procurarlo de muchas maneras

Atanasio de Alejandría Atanasio de Alejandría, Discurso Contra los paganos, 3-4

[El Maligno es un encantador] que hace brillar la gracia externa de las apariencias y, como un charlatán, induce nuestro gusto por algún placer de los sentidos

Gregorio de Nisa Gregorio de Nisa, La creación del hombre, XX, en PG 44, 200B-200C

La naturaleza del elemento irascible... es luchar por el placer, sea cual sea

Evagrio Póntico Evagrio Póntico, Tratado práctico, 24

[Dios creó a Adán como] la criatura última, como una especie de laboratorio donde se concentra todo

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Comentario al Padrenuestro, en PG 90, 904C

Lo que le pasa al pez cuando sale del agua, le pasa al espíritu cuando sale del recuerdo de Dios y se dispersa en el recuerdo del mundo

Isaac de Nínive Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 43

Dotados como estamos de sentidos, tenemos que percibir bien las cosas sensibles, elevarnos por su belleza al Creador y volver a llevar a Él el conocimiento irreprochable de estas cosas

Nicetas Stéthatos Nicetas Stéthatos, Centurias, 111, 72; I, 22

Como [Dios] sabía que la voluntad del hombre podía inclinarse en los dos sentidos, tomó la delantera y le impuso una ley; fortificó la gracia que le había dado

Atanasio de Alejandría Atanasio de Alejandría, Sobre la encarnación del Verbo, III

El impulso que arrastra al mal a los seres vivos es una enfermedad de nuestra naturaleza

Gregorio de Nisa Gregorio de Nisa, Discurso catequético, XVI

La oración hace que la inteligencia ejerza la actividad que le es propia

Evagrio Póntico Evagrio Póntico, Tratado de la oración, 83-84

[Dios introdujo a Adán] providencialmente en medio de los seres como un vínculo natural entre los extremos [de la creación]

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Comentario al Padrenuestro, en PG 90, 904C

[El alma] no sabe que no ha sido creada simplemente para moverse, sino para moverse hacia el término debido

Atanasio de Alejandría Atanasio de Alejandría, Contra los paganos, 4

El alma se inclina sobre los placeres del cuerpo como las bestias sobre el forraje

Gregorio de Nisa Gregorio de Nisa, Vida de Moisés, II, 302; Tratado de la virginidad, IV, 5

La oración es la actividad que conviene a la inteligencia, es decir, el empleo mejor y más adecuado de ésta

Evagrio Póntico Evagrio Póntico, Tratado de la oración, 83-84

[Adán poseía] por naturaleza, en su situación intermedia, toda facultad de unificación por la relación de sus partes con todos los extremos

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Comentario al Padrenuestro, en PG 90, 904C

[El alma] se ha puesto en movimiento, pero no hacia la virtud ni para ver a Dios: al llevar su pensamiento a lo que no es, transforma el poder que hay en ella y lo utiliza para volverse hacia los deseos que ha imaginado

Atanasio de Alejandría Atanasio de Alejandría, Discurso Contra los paganos, 4; 7

En cuanto a la agresividad (θυµός), a la ira (όργή) y al odio (µίσος), es necesario que estas potencias vigilen a la puerta como perros guardianes con el único objetivo de resistir al pecado, que utilicen su fuerza natural contra el ladrón, contra el enemigo que se desliza dentro para procurar la pérdida del tesoro divino y viene a robar, matar y destruir

Gregorio de Nisa Gregorio de Nisa, Tratado de la virginidad, XVIII, 3

Si tenemos recuerdos apasionados de una cosa, es que antes hemos recibido los objetos con pasión; e inversamente, de todos los objetos que recibimos con pasión, tendremos también recuerdos apasionados

Evagrio Póntico Evagrio Póntico, Tratado práctico, 34

[Dios encargó al hombre como tarea] manifestar el gran misterio del plan divino, conduciendo armoniosamente a buen fin la unificación recíproca de los extremos entre los seres, de los más próximos a los más lejanos, y de los menores a los más excelentes, mediante una tensión cuyo resultado culminaría en Dios

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Comentario al Padrenuestro, en PG 90, 904C

El mal no viene de Dios, no está en Dios, no ha existido el principio, no tiene sustancia. Son los hombres quienes, negándose a pensar en el bien, se han puesto a concebir y a imaginar a su antojo lo que no existe...; el alma humana, tapándose los ojos que le permiten ver a Dios, ha concebido el mal y, moviéndose hacia él, cree hacer algo cuando en realidad no hace nada, ya que lo que imagina es la nada. No ha permanecido tal como fue hecha, sino que se muestra tal como ella misma se ha moldeado. Pues ha sido hecha para ver a Dios y para ser iluminada por él; sin embargo, en lugar de Dios, lo que ha buscado son las tinieblas y las cosas corruptibles

Atanasio de Alejandría Atanasio de Alejandría, Discurso Contra los paganos, 4; 7

La naturaleza humana, en cualquier caso, opta entre dos direcciones opuestas

Gregorio de Nisa Gregorio de Nisa, Homilías sobre las bienaventuranzas, II, 3

El demonio es terriblemente celoso del hombre que reza, y emplea todos los medios para hacer que no alcance su objetivo. Por eso no cesa de reavivar por medio de la memoria el pensamiento de los objetos

Evagrio Póntico Evagrio Póntico, Tratado de la oración, 46

[Adán] se movió en contra de su naturaleza, de su propia iniciativa y locamente (άνοήτως), haciendo mal uso de la facultad natural que se le había confiado en su constitución, con vistas a la unificación de los que estaban separados, para obrar, en cambio, la separación de los que estaban unidos

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Ambigua a Juan, 41, en PG 91, 1305B (cf. 1305C-1308A); 1308C; Ambigua a Juan, 10, 1156C. Cf. Máximo el Confesor, Cuestiones a Talasio, 61

El cuerpo tiene ojos para ver la creación y conocer a su Creador por el orden armonioso de ésta

Atanasio de Alejandría Atanasio de Alejandría, Discurso Contra los paganos, 4

Si la vida humana estuviera dirigida por alguna necesidad, la imagen en este punto sería falsa, pues estaría alterada por una diferencia respecto a su modelo. ¿Cómo se podría llamar ‘imagen de la naturaleza soberana’ a algo que estuviera esclavizada bajo el yugo de las necesidades? Lo que ha sido creado por completo a imagen de la divinidad debía poseer en su naturaleza una voluntad libre e independiente

Gregorio de Nisa Gregorio de Nisa, Discurso catequético, 5

Cuando los demonios te ven lleno de ardor por la verdadera oración, te sugieren el pensamiento de algunos objetos que te representan como necesarios. Y luego, en seguida, excitan el recuerdo ligado a ellos, impulsando a la inteligencia a buscarlos. Luego, como esta no los encuentra, se entristece mucho y se apena. Entonces, en el tiempo de la oración, le hacen rememorar los objetos de sus búsquedas y de sus recuerdos, para que la inteligencia, ablandada por estas conexiones, no obtenga la oración fructuosa

Evagrio Póntico Evagrio Póntico, Tratado de la oración, 10

[Adán quiso] apoderarse de las cosas de Dios sin Dios, y contra Dios y no según Dios

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Ambigua a Juan, 41, en PG 91, 1305B (cf. 1305C-1308A); 1308C; Ambigua a Juan, 10, 1156C. Cf. Máximo el Confesor, Cuestiones a Talasio, 61
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