La salud y la curación del hombre cuya alma está entenebrecida, le llega de la hesiquía. Allí encuentra su consuelo. Nadie recibe jamás la luz del consuelo en el trato con los hombres, ni se cura nunca por las relaciones que mantiene con ellos. La acedia lo abandona un momento, solo para asaltarlo a continuación con más violencia. Dichoso aquel que soporta semejantes tentaciones quedándose en su celda
A veces, como dice san Basilio el Grande, se necesita entrar en contacto y en diálogo con un hombre experimentado y edificante, pues una visita en un tiempo apropiado y con una buena intención, una conversación moderada con semejante hombre, sin frivolidad ni charlatanería, pueden no solo expulsar del alma la acedia oculta en ella, sino también procurarle algún reposo y volver a darle fuerzas y celo para el combate siguiente. Sin embargo, los Padres, tras pensar en ello, a la luz de su propia experiencia, dicen que en el momento de la tentación es mejor permanecer en la propia celda, sin perder la hesiquía