Citas sobre silencio — 14 citas

Sobre silencio

Quien permanece en la soledad y el silencio ha escapado de tres guerras: la del oír, la del hablar y la del ver. Pero contra una sola cosa tendrá que luchar sin descanso: contra su propio corazón.

Antonio el Grande Apotegmas de los Padres del desierto

Aquel a quien le ruegan que hable y le obligan a anunciar la palabra, debe entristecerse, huir de ello como del fuego y rechazar el pensamiento a fin de escapar de él y no caer en la cenodoxia a causa de su palabra

Macario de Egipto Macario de Egipto, Homilías, colección II, LV, 2

Todo concepto que la mente forma para alcanzar y cercar la naturaleza divina no logra sino un ídolo de Dios, no darlo a conocer.

Gregorio de Nisa Vida de Moisés, II, 165

Esfuérzate por volver tu espíritu sordo y mudo en el momento de la oración, y podrás rezar

Evagrio Póntico Evagrio Póntico, Tratado de la oración, 11

Esta enfermedad [la lujuria], aparte de la mortificación del cuerpo y la contrición del corazón, exige también la soledad y la calma para poder hacer que decaiga la malvada fiebre de las pasiones y sanar por completo. Igual que a aquellos que padecen una determinada enfermedad les resulta útil que no les dejen ver siquiera los alimentos que les sentarían mal, para evitar que conciban un deseo que sería fatal, lo mismo la calma y la soledad son muy útiles para combatir esta particular enfermedad, a fin de que el espíritu enfermo deje de ser estorbado por múltiples imágenes y logre una mirada interior más pura, y desarraigar más fácilmente la hoguera pestilente de la concupiscencia

Juan Casiano Juan Casiano, Conferencias, V, 4; Instituciones cenobíticas, VI, 3

El amigo de la hesijía es aquel cuyo pensamiento [está] siempre alerta

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XXVII, 3; 39. Cf. Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 73

La salud y la curación del hombre cuya alma está entenebrecida, le llega de la hesiquía. Allí encuentra su consuelo. Nadie recibe jamás la luz del consuelo en el trato con los hombres, ni se cura nunca por las relaciones que mantiene con ellos. La acedia lo abandona un momento, solo para asaltarlo a continuación con más violencia. Dichoso aquel que soporta semejantes tentaciones quedándose en su celda

Isaac de Nínive Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 57

Los impasibles conocen en la oración un gran silencio y un vacío extremo de representaciones y de pensamientos

Elías el Écdico Elías el Ecdico, Capítulos gnósticos, 76

Si practicas como es debido la hesiquía a la espera de la unión con Dios, no dejes nunca que un objeto sensible o inteligible, exterior o interior, aunque sea la imagen de Cristo, o la forma pretendida de un ángel, o de santos, o una luz, se inscriba o se dibuje en tu mente

Gregorio el Sinaíta Gregorio el Sinaíta, Sobre la hesiquía y la oración; Cómo debe el hesicasta comportarse en la oración

El freno de la parte irascible es el silencio oportuno

Calixto e Ignacio Xanthopoulos Calixto e Ignacio Xanthopouloi, Centuria, 78

A veces, como dice san Basilio el Grande, se necesita entrar en contacto y en diálogo con un hombre experimentado y edificante, pues una visita en un tiempo apropiado y con una buena intención, una conversación moderada con semejante hombre, sin frivolidad ni charlatanería, pueden no solo expulsar del alma la acedia oculta en ella, sino también procurarle algún reposo y volver a darle fuerzas y celo para el combate siguiente. Sin embargo, los Padres, tras pensar en ello, a la luz de su propia experiencia, dicen que en el momento de la tentación es mejor permanecer en la propia celda, sin perder la hesiquía

Nil Sorsky Nil Sorsky, Regla, V

El comienzo de la victoria sobre la ira es el silencio de los labios cuando el corazón está agitado

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, VIII, 4; XXVII, 6. Cf. Basilio de Cesarea, Homilías, X, Sobre la ira

El que difícilmente se entrega a hablar, difícilmente se da a la ira

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, VIII, 4; XXVII, 6. Cf. Basilio de Cesarea, Homilías, X, Sobre la ira

El comienzo de la victoria contra la cenodoxia es la vigilancia de los labios

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, IV, 91; XXI, 36 y 39