A partir de ahora yo no temo a Dios, lo amo; pues el amor echa fuera el temor
[La tercera razón, el amor a Dios,] es propia de Dios y de aquellos que han adquirido su semejanza
Nadie puede amar a Dios de corazón, si no ha comenzado por temerlo con todo su corazón; en efecto, purificado por la acción del temor y como ablandada, llega el alma a practicar el amor. Pero no podría llegar completamente al temor de Dios de la forma antes mencionada, si no sale de todas sus preocupaciones temporales; pues, cuando el espíritu ha alcanzado una gran paz y un gran desapego, lo atormenta el temor de Dios, purificándolo con un sentimiento profundo de toda la espesura terrena, para conducirlo así a un gran amor de la bondad de Dios
[Los santos] ya no realizan la voluntad de Dios por miedo a un castigo..., sino por amor..., temiendo hacer algo contra la voluntad de Aquel a quien aman... Los santos no actúan ya por temor, sino que temen por amor
(En el amor de Dios, el hombre recibe) la fuerza de la confianza (que vence cualquier temor)