Por tanto, si alguno quiere tender a la perfección, tras partir del primer grado, que es el del miedo, y propiamente es servil..., se elevará por un progreso continuo hasta las vías superiores de la esperanza y luego al tercer grado, que es el del amor... Esforcémonos, pues, con todo ardor, para progresar del miedo a la esperanza, y de la esperanza a la caridad de Dios y al amor de las virtudes
Nuestro Señor Jesucristo, mostrando el amor que nos tiene, sufrió por toda la humanidad y dio la esperanza de la resurrección a todos por igual, aunque cada uno, por sus obras, atraiga sobre él la gloria o el castigo