Citas sobre caridad + temor — 12 citas

Sobre caridad + temor

En el amor no hay temor, sino que el amor perfecto destierra el temor, pues el temor supone un castigo, y el que teme no es perfecto en el amor

Juan el Evangelista 1 Jn 4, 18

Por tanto, si alguno quiere tender a la perfección, tras partir del primer grado, que es el del miedo, y propiamente es servil..., se elevará por un progreso continuo hasta las vías superiores de la esperanza y luego al tercer grado, que es el del amor... Esforcémonos, pues, con todo ardor, para progresar del miedo a la esperanza, y de la esperanza a la caridad de Dios y al amor de las virtudes

Juan Casiano Juan Casiano, Conferencias, XI, 6-7. Cf. Basilio de Cesarea, Grandes reglas, prólogo

El temor es cosa de aquellos que todavía se purifican y va acompañado de una caridad mediocre; el amor perfecto pertenece a aquellos que ya se han purificado, en los que ya no hay temor. Pues ‘la caridad perfecta destierra el amor’ (1 Jn 4, 18). La Escritura dice tanto: ‘Temed al Señor, todos vosotros que estáis consagrados a Él’ (Sal 33, 10), como: ‘Amad al Señor, todos vosotros que sois santos’ (Sal 30, 24), para que aprendamos que a los justos que aún se purifican les corresponde el temor, como se ha dicho, junto con un amor mediocre; mientras que a los que están purificados, les corresponde el amor perfecto; en ellos ya no se da el pensamiento de ningún temor, sino un ardor incesante y un apego continuo del alma a Dios por la acción del Espíritu Santo

Diádoco de Fótice Diádoco de Fótice, Cien Capítulos gnósticos, 16

A quien posee el amor verdadero, ‘el amor perfecto’, como dice san Juan, este amor le conduce al temor perfecto. Pues teme y guarda la voluntad de Dios... porque, habiendo gozado de la dulzura de estar con Dios, como hemos dicho, teme perderla, teme verse privado de ella

Doroteo de Gaza Doroteo de Gaza, Instrucciones espirituales, IV, 47

En la medida en que desaparece la caridad, aparece el miedo

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XXX, 10

El primer tipo de temor lo expulsa del alma la caridad perfecta que, si se posee, ya no teme el castigo

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, I, 82

Igual que no es posible cruzar el gran mar sin un barco, así tampoco puede nadie llegar al amor sin el temor. El mar nauseabundo que nos separa del paraíso espiritual no podemos atravesarlo más que en la nave del arrepentimiento, dirigido por los remeros del temor. Pero si estos remeros del temor no gobiernan la nave del arrepentimiento, con la que cruzamos el mar de este mundo para ir a Dios, somos engullidos en las aguas nauseabundas. El arrepentimiento es la nave. El temor es su piloto. Y el amor es el puerto divino

Isaac de Nínive Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 72

Basados en la perfección de esta caridad, nos elevaremos necesariamente a un grado todavía más excelente y más sublime, que es el temor de amor. Este no nace del miedo al castigo y del deseo de la recompensa, sino de la grandeza misma del amor. Es esta mezcla de respeto y de cariño atento que un hijo tiene por un padre lleno de indulgencia, el hermano por su hermano, el amigo por su amigo, la esposa por su esposo. No teme los golpes ni los reproches; lo que teme es herir al amor, ni aun con la herida más ligera. En todos los actos, hasta en todas las palabras, la vemos constantemente tenida a raya por la ternura, por miedo a que el fervor del amor se entibie respecto a él por poco que sea

Juan Casiano Juan Casiano, Conferencias, XI, 13

Tengamos, pues, por suprema y perpetua alegría primero el temor de Dios; y luego la caridad, que cumple la ley de la perfección en Cristo

Diádoco de Fótice Diádoco de Fótice, Cien Capítulos gnósticos, 16 (cf. 17)

[Quien está] lleno de caridad... no siente temor

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XXX, 10

Este temor (de Dios) engendra... la impasibilidad, madre de la caridad

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, I, 81

Los oráculos proféticos invitan a este temor no a los pecadores, sino a los santos: ‘Temed al Señor, todos vosotros, sus santos, pues nada les falta a aquellos que lo temen’ (Sal 33, 10). Tan cierto es que nada le falta a la perfección de quien teme al Señor con este temor... También habla el profeta del temor de amor cuando describe al Espíritu septiforme que sin duda descendió sobre el hombre-Dios, según la economía de la Encarnación: ‘Sobre él descansará el Espíritu del Señor: Espíritu de sabiduría y de inteligencia, Espíritu de consejo y de fuerza, Espíritu de ciencia y de piedad’ (Is 11,2), y luego al final, como la coronación de todos estos dones: ‘Y el Espíritu de temor del Señor lo llenará’ (Is 11, 3). Sobre esto hay que considerar ante todo que no dice: ‘El Espíritu de temor del Señor descansará sobre él’, como había hecho acerca de los otros dones, sino: ‘El Espíritu de temor del Señor lo llenará’. En efecto, este Espíritu se derrama con tal abundancia que, cuando se apodera de un alma, no la posee solo en parte, sino entera. Es lógico. Al ser uno con la caridad que no pasará jamás, no solo llena, sino que posee inseparablemente y para siempre a aquel de quien se ha apoderado... Así es el temor de los perfectos, del que se ha dicho que se llenó el hombre-Dios, que no había venido solo para rescatarnos, sino que debía también darnos en su persona el prototipo de la perfección y el ejemplar de las virtudes

Juan Casiano Juan Casiano, Conferencias, XI, 13