Citas sobre humildad + vanagloria — 30 citas

Sobre humildad + vanagloria

Nosotros nos gloriamos en Jesucristo y no ponemos nuestra confianza en la carne

Pablo Apóstol Flp 3, 3

Despreciad toda gloria procedente de los hombres, para no buscar más que aquella que merece verdaderamente ese nombre, gloria que solo Dios dispensa a quienes son dignos de ella

Orígenes Orígenes, Tratado de la oración, 19

Aquel a quien le ruegan que hable y le obligan a anunciar la palabra, debe entristecerse, huir de ello como del fuego y rechazar el pensamiento a fin de escapar de él y no caer en la cenodoxia a causa de su palabra

Macario de Egipto Macario de Egipto, Homilías, colección II, LV, 2

Tras censurar la vanidad..., proporciona el remedio para un alma afectada de este mal [ordenando]...: ‘Que tu mano izquierda no sepa lo que hace tu mano derecha’ (Mt 6, 3)

Juan Crisóstomo Cf. Juan Crisóstomo, Comentario a san Mateo, XIX, 2

[Si el diablo] viene a extraviarte en la cenodoxia, realiza una acción o toma ante los hombres una actitud tal que ellos te desprecien. Pues, sábelo bien, Satán nada siente tanto como que el hombre desee la humillación y el desprecio

Padres del desierto Apotegmas, N 592/54

Mientras ellos exponen las ilusiones de todas las pasiones, las propias de los principiantes y las de los fervorosos, los jóvenes aprenden los secretos de sus combates, que ven como en un espejo, enterándose de las causas y los remedios de los vicios que los sacuden, y saben también, antes de que se produzcan, cómo tienen que precaverse contra los combates por venir y cómo hacerles frente luchando contra ellos

Juan Casiano Juan Casiano, Instituciones cenobíticas, XI, 17, 1-2

El médico de nuestras almas es Cristo, que lo sabe todo y da a cada pasión el remedio apropiado, quiero decir, sus mandamientos: contra la cenodoxia, la humildad

Doroteo de Gaza Doroteo de Gaza, Instrucciones espirituales, XI, 113 (cf. II, 29)

Afánate en tu alma sin manifestarlo para nada en tu cuerpo, ni por tu apariencia externa, ni por una palabra, ni por un sobreentendido

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, IV, 91; XXI, 36 y 39

La cenodoxia se suprime mediante la acción oculta

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, III, 62; IV, 43

Bienaventurado el siervo que, cuando habla, no manifiesta todas sus cosas con miras a la recompensa, y no es precipitado en hablar.

Francisco de Asís Admoniciones, 21

Si no perdemos de vista nuestros pecados, los bienes externos no podrán nunca hinchar nuestras almas. Las riquezas, el poder, el rango supremo, las dignidades y los honores no tendrán ninguna influencia sobre nosotros

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Homilías sobre la Epístola a los hebreos, IX, 5; Juan Climaco, Escala, XXI, 42 (cf. 41)

Si alguno conserva el recuerdo del hermano que lo ha afligido, herido o insultado, debe acordarse de él como de un bienhechor. Pues si en estas circunstancias te entristeces, es que tu alma está enferma. En efecto, si no estuvieras enfermo, no sufrirías. Debes, pues, dar gracias a este hermano, puesto que gracias a él conoces tu enfermedad, rezar por él y recibir lo que procede de él como remedios que el Señor te envía. Si, por el contrario, te enfadas con él, es como si dijeras a Jesús: ‘No quiero recibir tus remedios; prefiero que la gangrena se introduzca en mis heridas’

Padres del desierto Apotegmas, XVI, 17-19

Si la peste infecciosa infecta la parte racional, engendra en ella la cenodoxia, el encumbramiento, el orgullo, la presunción... Aplicad, pues, al miembro o a la parte de vuestra alma que hemos dicho que está especialmente herida, el remedio de la verdadera humildad

Juan Casiano Juan Casiano, Conferencias, XXIV, 15-16

Doquiera que vayas, esconde tu manera de vivir

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, IV, 91; XXI, 36 y 39

Es un duro combate el de la cenodoxia. Se libra uno de ella mediante la práctica oculta de las virtudes...

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, III, 62; IV, 43

Si quieres curarte de estas terribles heridas del alma, debes soportar lo que el médico te impone. En efecto, el que tiene el cuerpo enfermo no sufre una amputación o toma una purga por gusto, e incluso conserva un mal recuerdo de ello; y, sin embargo, convencido de que sin estos tratamientos no podría verse libre de su enfermedad, soporta lo que le impone el médico. Sabe que con una pequeña molestia se librará de una larga enfermedad. El cauterio de Jesús es aquel que, insultándote o perjudicándote, te libera de la vanagloria

Padres del desierto Apotegmas, XVI, 17-19

El comienzo de la victoria contra la cenodoxia es la vigilancia de los labios

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, IV, 91; XXI, 36 y 39

El amor al prójimo... vuelve indiferente la gloria

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, IV, 75 (cf. 43). Cf. Juan Clímaco. Escala, XXI, 39

Yo no acuso a los que me hacen reproches, sino que los nombro mis bienhechores, y no rechazo al médico de las almas, que proporciona un remedio humillante a mi alma impura y orgullosa

Padres del desierto Apotegmas, XVI, 17-19

No escondas una falta humillante con el pretexto de evitar el escándalo; pero quizá no es apropiado usar este remedio en todos los casos; depende de la naturaleza de la falta

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XXI, 39-38; XXV, 42; IV, 36; Apotegmas, N 592/ 54

La humildad libera al espíritu... de la cenodoxia

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, I, 80

Si quieres que Dios te conozca, permanece ignorado por los hombres

Padres del desierto Apotegmas, Arm II, 250

El comienzo de la victoria sobre la cenodoxia es... el amor a las humillaciones

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XXI, 39-38; XXV, 42; IV, 36

Dios se regocija cuando nos ve correr al encuentro de las humillaciones, para reprimir, golpear y aniquilar nuestra vana autoestima

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XXI, 39-38; XXV, 42; IV, 36; Apotegmas, N 592/ 54

Habiendo observado que a algunos les gustaba exhibirse cuando los seglares acudían al monasterio, el médico les infligía ante los visitantes las más graves injurias y les encargaba las tareas más humillantes

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XXI, 39-38; XXV, 42; IV, 36

El Señor conduce a menudo a los vanidosos a la ausencia de vanagloria por medio de alguna humillación que les ocurre

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XXI, 39-38; XXV, 42; IV, 36; Apotegmas, N 592/ 54

Cuando nuestros aduladores... comienzan a alabarnos, traigamos brevemente a nuestra memoria la multitud de nuestros pecados, y nos reconoceremos indignos de lo que se dice o se hace en nuestro honor

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XXI, 42 (cf. 41)

Como el fuego no engendra la nieve, así los que buscan la gloria aquí abajo no gozarán de ella allá arriba

Juan Clímaco

Esforcémonos por no gozar sino de la gloria de arriba. En efecto, quien ha gustado de ella despreciará cualquier gloria terrena

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XXI, 29

Desde el momento en que... la santa humildad empieza a florecer en nosotros, nos ponemos de inmediato... a odiar toda gloria y toda alabanza humana

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XXI, 4