Si alguno conserva el recuerdo del hermano que lo ha afligido, herido o insultado, debe acordarse de él como de un bienhechor. Pues si en estas circunstancias te entristeces, es que tu alma está enferma. En efecto, si no estuvieras enfermo, no sufrirías. Debes, pues, dar gracias a este hermano, puesto que gracias a él conoces tu enfermedad, rezar por él y recibir lo que procede de él como remedios que el Señor te envía. Si, por el contrario, te enfadas con él, es como si dijeras a Jesús: ‘No quiero recibir tus remedios; prefiero que la gangrena se introduzca en mis heridas’
Traducido del griego