Eremita egipcio de los siglos III-IV, llamado 'padre de los monjes', cuya Vida escrita por san Atanasio difundió el ideal monástico en todo el Imperio. Sus Cartas y sus dichos en los Apotegmas de los Padres inauguran el discernimiento de los pensamientos y el combate contra los demonios y las pasiones que estructura toda la terapéutica ascética posterior.
En su amor incansable el Creador deseaba visitarnos en nuestras enfermedades y nuestro extravío y suscitó a Moisés el legislador
Este Moisés, que puso los fundamentos de la Casa de la verdad, quiso curar esta llaga profunda de los miembros de la familia humana; ellos reconocieron su impotencia
Al ver esta herida incurable y extremadamente grave, Dios, en su clemencia, visitó a sus criaturas
Cada uno de ellos [los profetas], revestido del Espíritu, constató que la llaga era incurable y que ninguna criatura podía sanarla
La asamblea de los santos se reunió a su vez y su plegaria se elevó hacia el Creador: ‘¿No hay bálsamo en Galaad? ¿No hay médicos? ¿Por qué no alcanzan a curar a la hija de mi pueblo?’ (Jr 8, 22). ‘En cuanto a nosotros, hemos intentado curar a Babilonia, pero ella no ha sanado. Dejémosla y vayámonos de aquí’ (Jr 51, 9)
La llaga era incurable y ninguna criatura podía sanarla sino el Hijo único, impronta fiel del Padre; Él, el Salvador, es un médico sagaz y ellos [Los profetas] lo sabían. Por eso se reunieron y presentaron a Dios, por los miembros de esta familia de la que nosotros formamos parte, una plegaria unánime... Entonces Dios, desbordante de amor, vino a nosotros
Al Padre le conmovió esta súplica que los santos dirigían a la bondad del Padre y con respecto a su Hijo único, pues ninguna criatura es capaz de curar la profunda herida del hombre y solo El podía hacerlo viniendo a nosotros, y dijo: ‘Hijo del hombre..., ten a bien tomar sobre ti esta misión
Toda la asamblea de los santos se ha reunido y reclama de la bondad del Padre un Salvador que venga a salvamos, pues Él es ‘el único médico que puede curar nuestra herida profunda’. Por la voluntad del Padre, se privó de su gloria: Dios tomó el aspecto de un siervo y se entregó por nuestros pecados
Al ver que los santos o, más bien, que ninguna de sus criaturas conseguían curar la profunda herida de sus propios miembros y conociendo la debilidad de su espíritu, Él, el Padre de todas las criaturas, les manifestó su misericordia y, con su gran amor, no perdonó a su Hijo único, al que entregó a causa de nuestros pecados para la salvación de todos
Las entrañas [de nuestro Creador] se conmovieron por nosotros. En su bondad, quiso devolvemos a nuestro estado original, que’ nunca hubiera debido desaparecer. No ahorró ningún esfuerzo, sino que visitó a sus criaturas para salvarlas a todas
Quienes estaban revestidos del Espíritu comprendieron que ninguna criatura podía curar esta profunda herida, a no ser la bondad del Padre que es el Hijo único, enviado para salvar al mundo. El es el gran médico que puede salvamos de esta profunda herida. Por eso suplicaron a Dios y a su bondad
El Creador constató que la llaga se infectaba y que era necesario un médico: Jesús, que era ya el creador de los hombres, vino además a curarlos
A causa de nuestra locura, tomó el aspecto de un loco; a causa de nuestra debilidad, tomó el aspecto de la debilidad; a causa de nuestra indigencia, tomó el aspecto de un indigente; a causa de la muerte que ya era nuestra, tomó el aspecto de un mortal
Sus llagas nos curaron