Monje e higúmeno del monasterio de la Zarza Ardiente en el Sinaí, heredero de la tradición hesicasta de san Juan Clímaco y de Hesiquio el Sinaíta. Sus «Cuarenta capítulos sobre la sobriedad» (nepsis), incluidos en la Filocalia, son un manual clásico de vigilancia del corazón y de guarda de los pensamientos.
Datación muy discutida: no se conserva ningún dato biográfico seguro y solo puede afirmarse que vivió antes de 1100; los estudiosos lo sitúan con más probabilidad en el siglo IX, aunque también se han propuesto los siglos VII, X y XI. Se desconocen su nacimiento y las circunstancias de su muerte.
Todos los mandamientos del evangelio divino parecen dar leyes y sanear las tres facultades del alma, es decir, la desiderativa, la irascible y la racional, en aquellos que se rigen por sus órdenes. O, más bien, no solo parecen sanearlas, sino que sanean realmente las tres facultades
Existe una guerra espiritual que llevan a cabo secretamente los espíritus del mal y que los enfrenta con el alma a través de los pensamientos. Como el alma misma es invisible, estas potencias malévolas, adaptándose a su naturaleza, lanzan contra ella esta guerra invisible. Y entre estas potencias y el alma podemos ver que hay armas, que se organiza una batalla, hay artimañas engañosas, una guerra terrible, combates arriesgados, y victorias y derrotas por las dos partes
La adhesión es conversar, de manera apasionada o no, con lo que ha aparecido
[Se trata de] vigilar rigurosamente las intrigas de las potencias malvadas y sus ataques surgidos de la imaginación
El que resiste desde el principio, es decir, desde la sugerencia... ha cortado por lo sano todas las infamias
Jesús, al que se ha invocado, [es quien] expulsa a los demonios y sus fantasías
El recuerdo... de Jesús... disipa de forma natural todos los sortilegios de los pensamientos, las reflexiones, los razonamientos, las imaginaciones, las formas tenebrosas, en una palabra, todo aquello mediante lo que el malhechor se prepara para luchar contra las almas y se enfrenta a ellas... Si lo invocamos, Jesús consume todo fácilmente
[La atención y la vigilancia son] los remedios que salvan al alma
[La vigilancia es] el lugar del espíritu
[El alma del hombre caído] se halla encadenada en la oscuridad y sus ojos espirituales están ciegos
Cuando [el alma] empiece a rezar a Dios y a velar gracias a la oración, entonces, gracias a la oración, se verá libre de las tinieblas. Es imposible liberarse de otro modo. Pues entonces el alma puede reconocer que dentro del corazón existe otra lucha, otra oposición escondida, otra guerra contra los pensamientos de los espíritus del mal
La vigilancia ilumina y purifica primero la conciencia. Después, cuando la conciencia ha sido purificada, como una gran luz escondida que de pronto estalla, expulsa las grandes tinieblas. Y cuando las tinieblas han sido expulsadas por medio de una continua y verdadera vigilancia, la conciencia revela de nuevo lo que estaba oculto
Hemos recibido la ley de la purificación del corazón solo por esta razón: cuando las nubes de la malicia hayan abandonado el espacio del corazón y hayan sido disipadas por una atención continuada, podremos con toda pureza, como en un cielo sereno, ver a Jesús, el Sol de Justicia
Si van juntas a lo largo de los días, la atención y la oración son semejantes al carro de fuego de Elías: elevan a lo alto del cielo a aquel a quien llevan... Si con un corazón dichoso él lleva a cabo o se esfuerza por llevar a cabo la vigilancia..., en el orden de la contemplación y de la elevación místicas, se convierte en el espacio de Dios que nada puede contener