Padre capadocio del siglo IV, obispo de Sasima y brevemente arzobispo de Constantinopla, llamado «el Teólogo» por sus cinco Discursos teológicos en defensa de la fe nicena. Su elaboración de la doctrina trinitaria y su antropología de la imagen de Dios son fuente constante de la teología ascética bizantina.
La fecha de su muerte oscila entre 389 y 390 según las fuentes; el año de nacimiento se sitúa entre 325 y 330.
Cuando el Hijo inmortal... fue creado hombre, le concedió por fin ser dios él mismo
el alma poseerá el objeto de su esperanza como precio de su virtud
Por medio de Cristo es restaurada la integridad de nuestra naturaleza
Él (Cristo) es nuestra perfección
Una vez probada, el alma poseerá el objeto de su esperanza como precio de su virtud, y no solo como un don de Dios
[Dios] ha honrado al hombre confiriéndole la libertad
Debemos acordarnos de Dios más a menudo de lo que respiramos, y podríamos decir que no debemos hacer otra cosa
A pesar de toda su precariedad, nos agarramos a la prosperidad de aquí abajo con tal frenesí, y nos dejamos embaucar por estas alegrías engañosas hasta tal punto, que ya no podemos imaginar nada más fuerte ni más grande que los bienes temporales
Nuestros bienes de aquí son fugaces y pasajeros; pasan de mano en mano como en un juego de dados y no hay nada que poseamos realmente
¿Quién huirá de esos bienes fútiles? ¿Quién mirará los bienes presentes como bienes caducos? ¿Quién discernirá la realidad de la apariencia? ¿Quién sabrá distinguir la engañifa de la verdad?
Reprendido primero de muchas maneras por sus numerosos pecados, que crecieron como retoños de una mala raíz, corregido por diversos motivos y en distintas circunstancias por medio de la palabra, la ley, los profetas, los beneficios, las amenazas, los castigos, los signos..., el hombre tuvo... necesidad de un remedio más eficaz para curarse de unos males que no hacían más que empeorar
Festejamos nuestra curación de la enfermedad
Vemos [en esta fiesta] las obras de la curación
Lo que no es asumido no es curado
[Cristo se vuelve] para todos, todo lo que somos: cuerpo, alma y espíritu
¡Cuántas fiestas se han instituido para celebrar los misterios cristianos! Sin embargo, de todas ellas la más importante es precisamente la que estamos celebrando en este día: estamos festejando mi consumación, mi vuelta al estado primero, al antiguo Adán
Está exento de falta y de corrupción, pues cura los defectos, las pasiones y las manchas que nos vienen del pecado. Pero, si ha tomado sobre Él nuestras faltas y ha llevado nuestras enfermedades, Él mismo no ha sufrido el ataque de lo que necesita el remedio; pues, aunque ha sido tentado en todo para ser semejante a nosotros, Él no ha cometido pecado
Todo esto [la pasión, muerte y resurrección de Cristo] era para Dios un medio de... sanar nuestra debilidad restableciendo al viejo Adán en el estado del que había caído y conduciéndolo junto al árbol de la vida
[El misterio de la redención debe] venerarse con respeto en silencio
¿Acaso no es evidente que el Padre acepta el sacrificio, no porque lo exija o porque sienta alguna necesidad de él, sino por economía? Era preciso que la humanidad fuera santificada por un Dios que hubiera asumido la naturaleza humana; era preciso que Él mismo nos liberara triunfando por su propia fuerza del tirano, y que nos volviera a llamar a Él por medio de su Hijo, que es el Mediador y lo realiza todo según la voluntad del Padre, a quien obedece en todo
Cristo salió del sepulcro; sed libres de las cadenas del pecado; se han abierto las puertas del infierno y se ha destruido el poder de la muerte; ha sido relegado el viejo Adán y se ha realizado el nuevo...; ha nacido en Cristo una nueva criatura
¿Por qué pides remedios que no te ayudarán en nada?... Cúrate a ti mismo antes de que la necesidad te apremie; ten piedad de ti; tú eres el único médico de tu debilidad, procúrate el remedio que te salvará verdaderamente
La esperanza es un remedio de las enfermedades
La inteligencia y el egoísmo, así como nuestra incapacidad y nuestro rechazo a dejarnos vencer fácilmente, constituyen el mayor obstáculo a la virtud. Una especie de movilización se desencadena contra los que acuden en nuestra ayuda. Todo el celo que había que poner para desvelar la enfermedad a los ojos de quien la cura, lo empleamos para zafarnos del tratamiento. Empleamos nuestro valor en perjudicarnos, y nuestra ciencia en luchar contra nuestra salud
Nos empeñamos... en no dejarnos tratar por los remedios de sabiduría que curan la debilidad del alma. O bien... manifestamos una abierta impudicia respecto al pecado y a quienes se encargan de curarlo
[Los sacerdotes que ejercen de padres espirituales son] aquellos a quienes ha sido confiado el ejercicio de la medicina
[Nosotros, los sacerdotes] somos los sirvientes y los colaboradores de esta medicina [espiritual]
Verdaderamente, me parece que guiar al ser humano, que es el más diferente y más complejo de los seres, es el arte de las artes y la ciencia de las ciencias. Esto es fácil de captar si establecemos un paralelo entre la medicina de las almas y la terapéutica de los cuerpos. Cuanto más nos damos cuenta de lo que esta última tiene de laborioso, más hace aparecer la comparación que la medicina que nosotros practicamos requiere mucho más trabajo, y más preciosa parece en razón de la naturaleza del objeto a que concierne, de los recursos de la ciencia que implica y del objetivo al que apunta la energía desplegada. En el primer caso, uno se preocupa por el cuerpo, es decir, por una materia perecedera cuyo flujo se derrama, y que está llamada de todas formas a deshacerse y a sufrir su condición... En el otro caso, la solicitud se dirige a esta alma que viene de Dios, que es divina, que participa de la nobleza del cielo y que se apresura por recuperarla
Añadamos este otro motivo: la medicina del cuerpo practica poco el análisis de las profundidades, ya que la mayor parte de su actividad concierne a las apariencias, mientras que nosotros ponemos todos nuestros cuidados y todo nuestro celo en el estudio del hombre que está oculto en el fondo del corazón, y nos batimos contra un enemigo que lleva a cabo una lucha y una guerra interiores contra nosotros
Estas son las razones por las que juzgamos que la medicina que nosotros practicamos es más laboriosa, y de lejos, que aquella que se ejerce sobre los cuerpos, y que esto mismo le confiere un valor más grande
En los tratamientos que practicamos, un único y mismo remedio no es siempre y para los mismos muy saludable o muy arriesgado... Depende, me parece, de las circunstancias, de los acontecimientos y de lo que el carácter de los pacientes permite. Es imposible abarcar todos estos elementos con la mayor exactitud para lograr que esta medicina entre en un tratado, cualesquiera que sean los cuidados y la inteligencia que en ello se ponga; son los acontecimientos y la misma experiencia los que los dan a conocer a la medicina y al médico
En este ámbito [de la guía espiritual], si uno se inclina en un sentido o en otro por error o por ignorancia, el peligro de caer en el pecado, para el interesado y para aquellos a quienes guía, no es cualquier cosa