Monje egipcio del siglo IV, fundador de la colonia monástica de Escete y uno de los grandes Padres del desierto, llamado 'el Grande' o 'el portador del Espíritu'. Bajo su nombre circulan las célebres Homilías espirituales (macarianas), fuente capital de la doctrina sobre el corazón, la gracia y la lucha contra las pasiones.
La atribución de las Homilías espirituales a Macario es discutida (corpus pseudo-macariano, quizá siro del siglo IV-V); su aldea natal, Shabsheer, procede de una tradición tardía.
Con ocasión de la transgresión de Adán, el enemigo se había dedicado a herir y entenebrecer al hombre interior... A partir de entonces, sus ojos estaban fijos en el mal y en las pasiones, y permanecían cerrados a los bienes celestiales. Estaba tan malherido que nadie era capaz de curarlo... Ninguno de los justos, ni de los padres, ni de los profetas, ni de los patriarcas pudo curar al alma que había recibido en el origen la herida incurable de las malas pasiones. Vino Moisés, mas no logró otorgar la sanación completa. Sacerdotes, ofrendas, diezmos, sábados, neomenias, purificaciones, sacrificios, holocaustos y todos los demás medios de justificación existían en tiempos de la Ley; sin embargo... ni toda la justicia [del alma] podía curarla
Lo mismo que la sombra no cura el sufrimiento ni cumple esa misión, lo mismo la Ley antigua era incapaz de curar las heridas y las enfermedades del alma, porque ella no tenía la vida
La herida incurable que padecíamos... solo podía curarla el Señor. Por eso vino en persona, pues ninguno de los ancianos, ni la Ley, ni los profetas, eran capaces de ponerle remedio. Solo Él, viniendo, curó esta herida incurable del alma
[El hombre] estaba tan gravemente herido que nadie era capaz de curarlo, a no ser el Señor. Solo Él tenía esa capacidad. Vino Él mismo y ‘quitó el pecado del mundo’ (Jn 1, 29)
Hizo falta que viniera el Salvador, Él, que es el verdadero médico, que cura gratuitamente... Solo Él consumó la gran y saludable redención y la curación del alma. Él la salvó de la esclavitud, la sacó de las tinieblas y la glorificó por medio de su propia luz
Cuando Adán violó el mandamiento y se convirtió en transgresor, los hijos de la noche, es decir, los espíritus del mal, rompieron los miembros... del alma y la dejaron sin fuerza ni vigor para poder oscurecerla y triturarla sin remedio. Ninguno de los profetas y patriarcas pudo curarla; solo podía hacerlo el Señor, que la había creado. Y por eso, en su infinita bondad, vino en tal abyección y humildad para enderezar al alma, que había caído en la perversidad
Lavó Él mismo las heridas de los hombres, los curó y los introdujo en su celestial cámara nupcial
El Señor bajó aquí para curar... las almas de los fieles de las incurables pasiones, y purificarlas de la lepra de la malicia, Él, el único verdadero médico y sanador
Si Cristo, venido entre nosotros, trataba y curaba a los ciegos, los paralíticos y los sordos..., cuánto más tratará al alma inmortal, enferma de malicia y de ignorancia
El alma que es pobre de espíritu busca al único buen médico y no se confía más que a sus cuidados... El señor acude a tratarla y curarla, y la restablece en una belleza impasible e incorruptible
Lo mismo que durante su estancia en la tierra, con su suave bondad, Él, como buen y único médico, concedía generosamente lo que deseaban a todos los que se acercaban a Él y le pedían socorro y curación, así actúa igualmente en el ámbito espiritual
Ha venido a causa de los pecadores, para... que se curen y crean en Él... Es misericordioso, vivificador, sanador de las pasiones incurables
Cristo se acerca al hombre enfermo [y] lo cura
Él, a quien llamamos médico, porque da el remedio celestial y divino y cura las pasiones del alma
El mismo Señor, mostrando la incapacidad de los médicos de entonces, dijo: ‘Ciertamente, me citaréis este proverbio: médico, cúrate a ti mismo’ (Lc 4, 23). Quería decir: ‘Yo no soy como ellos, que no pueden curarse a sí mismos. Yo soy el médico verdadero... Puedo curar cualquier enfermedad y cualquier debilidad del alma (cf. Mt 10, 1). Yo soy el Cordero inmaculado que ha sido inmolado de una vez para siempre, y puedo curar a todos aquellos que vienen a mí’. En efecto, la verdadera curación del alma sólo puede obrarla el Señor
Si uno padece una enfermedad o tiene fiebre, su cuerpo está tendido en el lecho, sin poder realizar ninguna de las tareas de esta tierra; pero, al mismo tiempo, la lengua habla de estas tareas, y la mente no permanece en reposo, sino que... se pone en busca del médico y envía a sus amigos a buscarlo. De la misma manera, el alma ha caído, después de la transgresión del mandamiento, en la enfermedad de las pasiones y se ha quedado sin ningún vigor. Pero, si se acerca al Señor, cree obtener su auxilio y reniega de su primera y detestable vida, incluso yaciendo en la enfermedad del pecado sin poder realizar las obras de la vida de verdad, el alma sigue conservando el poder de preocuparse por conservar la vida, de suplicar al Señor, de buscar al verdadero médico